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Criptomonedas

¿Puede convertirse Bitcoin en un dinero universal? 

Por ahora, Bitcoin como potencial dinero universal es una fantasía que está lejísimo de ser una posibilidad real

¿Puede convertirse Bitcoin en un dinero universal? 
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Esta semana, la mujer de un amigo explicó en un almuerzo que Bitcoin (o alguna otra cripto) se convertiría en la moneda universal y que el resto de las monedas irían desapareciendo de a poco. 

Imaginen eso. ¿No sería genial? No pensar nunca más en tipos de cambio, en devaluaciones o en tener que vender dólares cada vez que viajamos al exterior. Imaginen un mundo con una sola moneda que, además, fuera digital, tuviera una emisión no controlada por ningún gobierno y cuyas transacciones no pudieran ser censuradas por nadie. Ahora que tenemos Bitcoin ya no tenemos que soñarlo: aquel futuro ya está entre nosotros y es sólo cuestión de que pase un poco de tiempo para que muestre toda su potencialidad.

Lo que describí es lo que muchos bitcoiners sueñan y creen que puede suceder. Es lo que le venden a la gente cuando se acercan al criptomundo pero, lamentablemente, es sólo una fantasía, un cuento de hadas. 

Es una ficción que está basada en el mito de que el dinero fue creado con commodities para reemplazar las incomodidades del trueque, un supuesto trueque que surge de un relato de la historia repetido por economistas pero que ningún antropólogo se toma en serio.

La realidad es que el dinero es y siempre fue un tipo de deuda. Una deuda que en la mayoría de los casos era una obligación de la autoridad: es decir, del gobierno. No es casualidad que en la historia haya una correlación casi unívoca entre estados y monedas. No es casualidad que los ingleses le negaran a las colonias norteamericanas la emisión de monedas y que en el curso de su independencia una de las primeras medidas que tomaron estas fuera la creación del dólar que, a propósito, deriva su nombre del dólar español.

Probablemente el lector esté pensando en el euro. Ese experimento pareciera ser la excepción a la regla, ¿no es cierto? Pues no. Si uno ve la evolución de esa unión monetaria notará que, con el tiempo, el Banco Central Europeo se ha ido convirtiendo en la autoridad fiscal de Europa y los países que conforman aquella unión cada vez se parecen más, en términos económicos, a los estados de Estados Unidos. 

Es el BCE quien dicta las limitaciones fiscales de los países miembros y quien tuvo que salir en rescate de sus deudas como si fuera la Fed tratando de salvar a la economía norteamericana. ¿Estamos camino a ver un Estados Unidos de Europa? Posiblemente, si bien seguramente sólo sea en los hechos y no de manera oficial.

Es tan poco cierto que el Bitcoin está camino a convertirse en la moneda universal que la Comisión Europea propondría en 2023 una norma que siente las bases para un hipotético euro digital. Por su parte, como comenté en la última columna semanal, Estados Unidos y China avanzan rápidamente en el estudio del lanzamiento de sus monedas digitales y esta semana el Congressional Research Service emitió un paper explicando las implicancias que tendría un dólar digital en el país norteamericano. 

Los ingleses, que no se quieren quedar atrás, también están sobre el tema. La autoridad monetaria que maneja la libra esterlina publicó hace unos días sus propias conclusiones al respecto.

Estoy hablando hasta ahora de países (y uniones monetarias) con economías muy relevantes y cuyas monedas suelen tener buena aceptación internacional. ¿Qué ocurre con los países más chicos? ¿No es verdad que van camino a darle curso legal a Bitcoin, como hizo El Salvador o al menos a utilizar el dólar, el euro o el yuan digital?

Para nada. El Banco Central de Nueva Zelanda empezó su “prueba de concepto” para el lanzamiento del dólar neozelandés digital. Recientemente, Zimbabwe, a pesar de tener una de las inflaciones más altas del mundo, Zambia y Nepal anunciaron que están explorando tener sus propias monedas digitales también. Otros, como Filipinas y Polonia, por ahora son más escépticos y seguirán utilizando sus sistemas actuales pero ello no implica que dejarán sus signos monetarios y mucho menos que adopten Bitcoin como moneda.

Es más: lo más probable es que las CBDC ni siquiera se emitan sobre Blockchains, que es la plataforma que sostiene las criptos como Bitcoin. Algunos dicen que habrá acuerdos entre algunas de esas redes y las autoridades monetarias para utilizar sus tecnologías cuando se lancen monedas digitales. Tal vez sea por eso que Algorand, que asegura estar en contacto con varios gobiernos, haya elegido a Staci Warden para dirigir su fundación. Staci es una exDirectora Ejecutiva del JP Morgan que manejaba las relaciones con los bancos centrales y la entidades multilaterales.

Pero no sólo es cierto que los países no van en la dirección de reemplazar sus monedas con Bitcoin sino que además pareciera que están empezando a controlarlo. La semana pasada, de hecho, nos enteramos que el Departamento de Justicia de Estados Unidos arrestó a una pareja que estaban tratando de lavar US$ 3.600 millones en Bitcoin que habrían sido robados en el famoso hackeo que sufrió Bitfinex en 2016. 

En realidad, al momento del robo esas criptos valían US$ 71 millones y muchos se preguntan si el empresario Ilya Lichtenstein y la rapera Heather Morgan pueden haber sido quienes instrumentaron aquel delito.

Cualquiera sea el caso, lo cierto es que el hecho muestra que Bitcoin no es tan anticensura como se creía. 

Por otra parte, como expliqué, está muy lejos de convertirse en una alternativa universal para las monedas nacionales. Todo indica que seguiremos viendo una enorme correlación entre países y signos monetarios. La razón es simple: el dinero no es una cosa que reemplazó al trueque. Eso es un mito. El dinero es una deuda generalmente emitida por la autoridad. No debemos inventarnos mundos de fantasías: el que tenemos ya es suficientemente complejo.

Y aquellos jóvenes que quieren eliminar el peso y adoptar el dólar o el Bitcoin en Argentina, deberían revisar nuestra experiencia con la Convertibilidad. La explosión de desempleo que tuvimos por aquellos años no fue casualidad: estaba inmersa en el diseño de aquel sistema monetario.

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