Tarde de domingo, los motores de los autos que corrieron Franco Colapinto y Pierre Gasly en el Gran Premio de Canadá de Fórmula 1 aún están calientes cuando llega el rumor inmediatamente después confirmado: Luca de Meo, CEO del Grupo Renault presentó la renuncia. Es una bomba y la onda expansiva no se sabe hasta dónde llegará.
El diario Le Figaró tuvo la información que luego el propio grupo empresario galo oficializó; el breve comunicado, fechado en Boulogne-Billancourt lleva como título "Anuncio sobre la gobernanza del Grupo Renault".
"Tras 5 años al frente del Grupo Renault, Luca de Meo ha anunciado su decisión de dimitir y emprender nuevos retos fuera del sector de la automoción. El Consejo de Administración, convocado por su presidente, Jean-Dominique Senard, expresó su agradecimiento a Luca de Meo por la transformación del Grupo Renault y aceptó que su salida se haga efectiva a partir del 15 de julio de 2025. Luca de Meo continuará desempeñando sus funciones hasta esa fecha", dice en su primer párrafo.
"El Consejo de Administración ha iniciado el proceso de nombramiento de un nuevo Director General, basándose en el plan de sucesión ya definido. El Consejo de Administración ha expresado su confianza en la calidad y la experiencia del equipo directivo para continuar y acelerar la estrategia de transformación del Grupo Renault en esta nueva etapa" agrega.
¿Qué dijo Luca de Meo sobre su salida?
Una decisión de este tipo no se toma de un día para otro, mucho menos cuando hay muchos proyectos en camino y un "revolución" en proceso. Sin embargo, Luca de Meo optó por declarar todo lo contrario, dejando más dudas que certezas en torno a los motivos y al momento en el cual tomó la decisión.
"Llega un momento en la vida en que uno sabe que el trabajo está hecho. En Renault Group, ¡nos hemos enfrentado a enormes desafíos en menos de cinco años! Hemos logrado lo que muchos creían imposible. Hoy, los resultados hablan por sí solos: son los mejores de nuestra historia. Contamos con un equipo sólido y una organización ágil. También contamos con un plan estratégico listo para la próxima generación de productos. Por eso he decidido que es hora de ceder el testigo. Dejo una empresa transformada, preparada para el futuro, para aplicar mi experiencia a otros sectores y embarcarme en nuevas aventuras", compartió el ejecutivo italiano en el comunicado oficial.
Pero, se puede aseverar que ¿"el trabajo está hecho"? De ninguna manera. La industria automotriz atraviesa un momento bisagra como nunca antes en su historia, y el propio De Meo es (o era) un actor protagonista. La electrificación, para muchos de nosotros forzada por varias marcas y gobiernos, viene causando estragos económicos y zanjando las diferencias entre los que pusieron el freno a tiempo y los que siguen a como dé lugar.
El ahora ex CEO de Renault estaba quizá en un punto intermedio, planteando distintas realidades y pivoteando de manera incómoda en una compañía que tiene como accionista al propio gobierno francés.

De Meo advirtió en el último año la necesidad de bajar los costos, de hacer autos más accesibles y de que los gobiernos debían subsidiar las nuevas tecnologías para garantizar el porvenir de la industria automotriz europea ante el avance de China.
Sin ir más lejos, en julio del año pasado hizo un pedido enérgico en el que como Presidente de la Asociación de Fabricantes Europeos de Automóviles (ACEA) reclamó ante la Unión Europea más tiempo para poder alcanzar el objetivo de la electrificación en el Viejo Continente, fijado para 2035, donde se dejará de vender autos nuevos con motores a combustión.
"Necesitamos un poco más de flexibilidad en el calendario. Pero no hay que instrumentalizar la ralentización actual del mercado para abandonar pura y simplemente el objetivo", declaró, a la vez que añadió que "sería un grave error estratégico abandonar pura y simplemente el objetivo debido a la actual ralentización del mercado", ya que los fabricantes llevan invertidos "decenas de miles de millones de euros" en esta transición y que cambiar la dirección significaría "tirarlos por la ventana".
Hace pocas semanas, De Meo fue noticia porque en el marco de la 40 Reunió Cercle d'Economia, en Barcelona, dijo que "nuestra industria vive de la clase media" pero que "hoy uno de mis obreros no se puede comprar un auto nuevo, ni un Dacia"; la mención es para la marca low cost del Grupo Renault, la cual lidera las ventas en distintos mercados de Europa de la mano del Nuevo Sandero.
"En 1914, un obrero de Ford se podía permitir un Ford T. Hoy, uno de mis obreros no se puede comprar un auto nuevo, ni un Dacia. Deberíamos tener la posibilidad de pagar más a nuestra gente, para que puedan comprar más", declaró y sus dichos dieron la vuelta al mundo.
Pero hay más: en las últimas semanas, Luca de Meo presentó un libro que narra su propia historia y visión ligada al mundo de las cuatro ruedas, con paso por Renault, Toyota, Fiat, Chrysler, Volkswagen, Seat y su reciente paso por Renault Group.
Lo tituló "Diccionario sentimental del automóvil" e incluye la palabra de varios de sus colegas al frente de compañías como Ford, Google o Michelin.
¿Acaso se estaba despidiendo de la industria automotriz y no nos dimos cuenta de su "movida"? Porque si bien uno pensaría que una figura de su talla y con su know how seguiría ligado al mundo de la movilidad, trascendió que su futuro profesional estará dentro del Grupo Kering, que controla marcas de lujo como Balenciaga, Yves Saint Laurent y Gucci, entre otras.

¿Qué puede pasar con la salida de De Meo?
La respuesta es incierta, pero que habrá coletazos es un hecho. Una personalidad tan fuerte no se reemplaza fácilmente y muchos de sus planes y equipos podrían correr riesgo si su sucesor así lo decide. Sin embargo, el margen es acotado porque cualquier corrección del rumbo puede acabar en pérdidas millonarias que pongan en riesgo la sustentabilidad de la compañía.
De Meo fue quien, entre muchas otras decisiones, aprobó que la pick-up compacta Niágara se produzca en la Argentina; tras visitar Fábrica Santa Isabel se convenció de que lo correcto para la legendaria planta era convertirse en un polo de vehículos utilitarios livianos.
La inversión está en marcha, y el año que viene deberían salir de la línea las primeras unidades de este producto que será exclusivo de nuestro país y sobre el cual hay sobradas expectativas.

Otra arista sobre la que se posa un gran signo de pregunta es el motorsport: el equipo Alpine de Fórmula 1 anunció hace un tiempo que declinó seguir usando motores Renault para usar impulsores Mercedes-Benz a partir de 2026, año de cambios reglamentarios varios.
A su vez, De Meo fue quien contrató los servicios del experimentado Flavio Briatore, quien hoy comanda la escudería y quien decidió la llegada de Franco Colapinto. El "vamos nene" fue una expresión genuina que el directivo impulsó en sus redes para alentar al argentino, a sabiendas del efecto que tendría.
Hoy tanto Briatore como Colapinto se quedan sin el respaldo del máximo jefe. ¿Y si quien sucede al ejecutivo italiano dispone un recorte vinculado a lo deportivo? Todo puede pasar.

"Se están produciendo importantes transformaciones en la industria automotriz, que abarcan la tecnología, la fabricación y los servicios. Al mismo tiempo, nos enfrentamos a diversos desafíos relacionados con la competitividad, la empleabilidad, la gestión de recursos y la transición energética. El Grupo ha iniciado una revolución que le permite aprovechar las oportunidades de crecimiento derivadas de estas transformaciones. Con una sola ambición: convertirse en el grupo automotriz de nueva generación capaz de destacar tanto en el ámbito histórico como en el emergente". La frase es del propio Luca de Meo y aún está en la home del sitio web de Grupo Renault.


