El CEO de OpenAI y creador de ChatGPT, Sam Altman, expresó su preocupación por las consecuencias que la inteligencia artificial podría tener sobre la salud mental de los usuarios, sobre todo en grupos vulnerables como los jóvenes.
Altman advirtió que muchas personas desarrollan una dependencia afectiva hacia los asistentes de IA interactuando diariamente con ellos como si fueran un compañero o pareja. Para algunos analistas esto encierra riesgos profundos relacionados con la autopercepción y la estabilidad emocional, especialmente en quienes mantienen una relación intensa y prolongada con estos sistemas.
El directivo vinculó esta adicción emergente a patrones similares a los observados en el consumo excesivo de redes sociales, fenómenos que ya se asocian con trastornos emocionales y dificultades psicológicas en la población.
Investigaciones recientes alertaron sobre un aumento en cuadros psicológicos vinculados al uso inadecuado de tecnologías conversacionales basadas en IA. Algunos usuarios desarrollaron delirios, falsas percepciones de conciencia en las máquinas o vínculos emocionales no saludables con los bots. Para la comunidad científica, estos efectos pueden generar nuevas formas de problemas mentales, desde ansiedad y depresión hasta psicosis.
En respuesta a estos desafíos, OpenAI viene trabajando en mejorar la capacidad de GPT-5 para detectar con mayor precisión señales de angustia, riesgos suicidas y dependencia emocional entre los usuarios. La compañía aseguró que, en colaboración con más de 170 expertos clínicos de todo el mundo, consiguió reducir significativamente las respuestas inadecuadas en situaciones sensibles.
Sobre estos casos, Altman también señaló un problema legal que aún no fue resuelto: la confidencialidad de las conversaciones. Actualmente, estos diálogos no tienen la protección jurídica equivalente a la confidencialidad médico-paciente o el secreto profesional, lo que podría poner en riesgo la privacidad de los usuarios si los datos fueran solicitados en juicios.

