En los años setenta Hollywood vivió su segunda época dorada, con historias más audaces de lo que el público conocía. Una de ellas, estrenada en Nueva York el 14 de marzo de 1972, cambió el rumbo del cine: El Padrino.
Borges decía que los clásicos no tienen que ver con ciertos méritos, sino con la devoción con la que generaciones de hombres vuelven a ellos. El Padrino es un gran ejemplo que prueba la reflexión del escritor: 53 años después de su estreno sigue maravillando a las nuevas y antiguas generaciones.
Un breve repaso de sus hazañas: fue la película más taquillera de su año, ganó el Oscar, y no importa cuál sea el ranking cinéfilo (IMDb, Sight & Sound, Letterboxd, etc), suele figurar como una de las mejores obras del séptimo arte.
El evento iba a ser dirigido por Ángel Mahler, el célebre compositor que supo cautivar a varias generaciones con espectáculos musicales como Drácula. Lamentablemente, el genio del musical falleció el 25 de mayo de 2025.
Quien encarna ahora ese sueño es Damián Mahler, músico y heredero de una tradición familiar que respira ópera italiana y melodías de Rota. Será quien dirija la orquesta. Con él conversamos sobre arte, cine, música y hasta videojuegos. Cuando la orquesta ataque las primeras notas, quizá el público sienta lo que Borges sabía: que un clásico no envejece, simplemente espera a que volvamos a él.

-Damián, ¿por qué hacer una orquesta en vivo de El Padrino?
El Padrino había sido un proyecto iniciado y perseguido por mi papá, que era muy fanático de la peli y de Nino Rota. Nosotros tenemos por parte de mis abuelos paternos ascendencia italiana, entonces la música italiana siempre estuvo en nuestro ADN, mi abuelo era fanático de la ópera. Papá tenía mucho aprecio por compositores como Morricone o Rota, especialmente por El Padrino.
El proyecto estaba planeado para este año y, bueno, cuando sucedió lo de papá, desde la productora que lo estaba llevando adelante, me preguntaron si me podía hacer cargo. Papá también me lo había pedido. Entonces es como una forma de homenaje: no solo para él, sino para todo nuestro linaje familiar. Incluso mi abuelo era de Sicilia.
-Esta película va pasando de generación en generación. Actualmente, cualquier ranking votado por el público o por expertos la ubica como una de las tres mejores de la historia. Genera pasión. ¿Qué es lo que vos ves en la película?
Lo lindo de hacer algo así es que te permite ver la partitura y estudiarla. Uno tiene que hacer una reproducción exacta de todo lo que fue grabado para la película, entonces a través de la partitura te metés en la cocina de las decisiones del compositor: cómo va generando fuerza con el correr del film, cómo evoca distintas emociones y cuál es el rol de la música en una película así. A diferencia de Jurassic Park o E.T., que son otras obras que hice en vivo, la música acá está más espaciada pero cada aparición es super contundente. Cada momento musical es profundamente necesario.
Obviamente, hay actuaciones memorables como las de Pacino o Marlon Brando, cientos elementos dramáticos y narrativos que hacen que sea una obra maestra, pero el rol de la música tiene que ver con imprimir esa emotividad que perdura. Cuando uno escucha esa melodía te remite instantáneamente a la película y volvés a viajar.
-¿Cuál es tu favorita de la trilogía?
Todo el mundo te va a decir que es la segunda, casi nadie va a elegir la tercera, pero a mí la que más me gusta es la primera.
-Coincidimos.
Hay algo de ese recorrido que hace Michael... y esa mirada final de ella. El inicio de la película... él comienza bajo el ala del padre y cuando termina ella le hace esa pregunta... empieza a sonar la música de El Padrino y ella se queda mirando desde le puerta, dándose cuenta de todo. Decís: "¡joder, esto es cine!".
-Vos tenés experiencia acompañando películas con música en vivo. ¿Cómo responde el público?
La primera que hice fue E.T., que encima es mi favorita. Lo que me alegra de este tipo de presentaciones es que el público se acerca. No hay nadie que no haya visto esta película varias veces antes, de los que vamos a estar viendo El Padrino. Nadie que no sepa los diálogos de memoria, o que no reconozca la música. Es más que una función de cine, es una celebración. En Jurassic Park, cuando escapaban del T-Rex la gente aplaudía. En E.T., cuando sale volando la bicicleta, el público enloquece. Esto habla de la emoción del público que necesita manifestar su alegría a través del aplauso.
-Es cierto que muchos espectadores ya la vieron, pero te aseguro que siempre alguno la va a ver por primera vez. ¿Cómo hacés para manejar la tensión de hacer la música en vivo?
Estoy muy atento porque tenés que ir leyendo la partitura y mirando de reojo la imagen, prestando atención a todos los símbolos para ir en sincronía con la película. Si te distraés un microsegundo, puede fallar.
-Esta charla me hace pensar en Tár, la película con Cate Blanchett. ¿Pensaste en hacer música de videojuegos?
Con mi hermano jugamos Tunic, a modo terapéutico, en la Playstation 5. Nos volvió locos, es un juego indie. Dentro de lo que va a ser Back To The Orchestra, que este año se hace el 8 y 9 de noviembre, voy a hacer una suite de videojuegos retro. SEGA, Nintendo, fueron parte de nuestro ADN también.
-¿Viste Tár?
No la vi, porque las películas sobre músicos, como Claroscuro o Whiplash, suelen ser interesantes, pero para eso ya tengo suficiente con mi vida personal. Yo tuve una maestra de piano mega exigente, a la cual estoy eternamente agradecido, pero esa exigencia se puede volver traumática si uno no la sabe manejar.
-Todas grandes películas las que mencionaste.
Si vos estudiás con grandes maestros, como yo tuve la suerte, ven un potencial en vos que quieren desarrollarlo al máximo, entonces te exigen y te desafían con límites lo más lejos posible. Yo lo comparo con el entrenamiento de los deportistas: es muy exigente. Yo quería ser pianista del Colón cuando tenía 15 años. Un maestro me dijo: estos son los pasos si querés hacer eso. Después me di cuenta que ese camino no era para mí y me gustaba otra cosa. Ahí empezó el quiebre en mi relación con mi profesora, pero ella no estuvo equivocada: me decía que si yo quería hacer el gol del sábado tenía que hacer tal entrenamiento.
-En definitiva, también son películas sobre procesos de aprendizaje.
Toda esa emoción, esa exigencia, te puede afectar si sos un chico de 15 años, como pasa en Claroscuro, que lo lleva a la locura. Entonces, al tener cierta cercanía con mi vida, digo "no, gracias" con esas películas, ya las viví en carne propia. Hoy la educación pasa por ser excesivamente correcta y cuidadosa, pero creo que no había antes animosidad en los maestros. Uno no puede juzgar con los ojos de hoy cosas de otras épocas, en ese sentido.
-Se nota que te apasiona, ¿cuáles son tus próximos proyectos?
Desde que descubrí que las orquestas pueden tocar con bandas de rock me apasiona. Desde que vi Sinfonía Metallica dije: "qué lindo esto, que se encuentren dos mundos que parecen antagónicos". Hice The Beatles Symphonic Fantasy, un espectáculo en vivo en Chile, México, Colombia, Ecuador y España. El 24 de octubre lo hacemos en el Teatro Coliseo, después en Rosario y Córdoba. Y termino mi año con Mi Pobre Angelito, el 19 de diciembre.
-¿Cómo decidiste hacer Mi Pobre Angelito?
Con mi hija vemos la película año tras año cuando llega Navidad. Es un gran ejemplo del impacto de la música en el cine: es una comedia de bajo presupuesto, una película que rechazó Warner, que nadie esperaba que tuviera tanto impacto. Estuvo semanas entre las más vistas en el cine. Pero lo más sorprendente es que convocaron a John Williams porque al director, Chris Columbus, se le ocurrió: "¿por qué no llamamos a John Williams?", casi en joda. Le mandaron un corte de la película a Williams y aceptó. Vamos a tener a 120 artistas en escena.
-En una entrevista con The Washington Post, Hideo Kojima dijo que es cierto que el cine, los libros, la música, los videojuegos y el arte ya no son considerados especiales, como lo eran en otra época. Que estas experiencias del siglo XX ahora se consideran productos para consumir. Sin embargo, dice Kojima, necesitamos educarnos para encontrar nuevos caminos en el modo de sentir y percibir las cosas en esta época sobrecargada de estímulos. Se me ocurre que este evento es eso, sentir de una manera nueva algo que conocemos de memoria. ¿Qué pensás sobre esto?
Concuerdo con eso que dice. Creo que hay una mirada mucho menos romántica de cualquier aspecto de la vida. Ya no hay canciones de amor: una balada de un tipo que le cantaba a una mujer, con una emoción y profundidad - "love of my life" - eso murió. No existe más. No sé por qué se perdió esa visión romántica de la vida, pero creo que eso penetra en muchísimas capas de la vida. En el arte también. La globalización, la evolución tecnológica y la democratización del acceso... creo que todo por un lado nivela y amplía la competencia, pero por otro lado hay una sensación de "ya lo tengo". Mi casa está llena de libros, películas, vinilos: yo sigo comprando esas cosas.
-Se perdió la posesión y el valor de las cosas tangibles, físicas. Es interesante lo que señalás sobre la pérdida de lo romántico.
Hay una estandarización mala de todos los aspectos del arte, en general. En particular, de la música. Nosotros lo charlamos cuando se estrenó Superman. No tengo nada en contra de la película, pero creo que la música de esta nueva versión no se distingue de cualquier otra película, y no debería ser así. Pero, por otro lado, volviendo a Tunic, el juego del que hablaba antes, tiene un desarrollo visual, temático, que es espectacular. Es independiente. Lo terminé y pensé: no todo está perdido. Creo que esto de haber perdido la cuestión romántica... no me refiero al romance de pareja, sino a la visión romántica sobre la vida, al tener eso como más apagado como sociedad tendemos a cosas más chatas.
-Coincido. También me llama la atención el debate sobre filmar o no en conciertos. Ahora mucha gente saca fotos o filma en el cine. ¿Qué opinás sobre esta tendencia?
La respuesta creo que vos la imaginás. Pero hace poco me escribió una chica en Instagram. Me dijo que volvió a ver un video de Back To The Orchestra, y se volvió a emocionar porque recordó algo. Entonces pensé que cada persona tendrá su motivo para filmar dentro de un espectáculo, pero esa persona decidió inmortalizar ese momento porque significó algo que no quería olvidar. Me conmovió.
-Es una manera de querer transmitir la alegría, es cierto.
A mí me pasa: yo voy a ver a Paul McCartney y filmo dos canciones. Después me arrepiento y pienso: "qué tarado, ¿que hago filmando? Tengo que vivir el momento". Fui con mi mejor amigo y él ni sacó el teléfono. Pero me conmovió mucho que una persona se haya acordado de un recital de hace dos años y escribirle a alguien por eso que reviviste. Es una manera de, en un mundo tan sobrecargado de información, no querer olvidarse algo. Yo le diría a todos que vivan el momento, pero no sabemos el motivo por el que una persona elige capturarlo.
