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Un corazón trasplantado, los Kennedy y un papa corrupto: qué ver en Netflix, Disney Plus y Mercado Play

De un trasplante que oculta secretos a la tragedia de los Kennedy, pasando por crímenes reales y conspiraciones papales: cinco historias intensas para ver en streaming.
Oscar Mainieri 05-03-2026
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Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, Disney Plus y Mercado Play.

1. Miniserie para ver en Netflix: El cuco de cristal

La trama sigue a Carla, una residente de 26 años interpretada con nervio contenido por Catalina Sopelana, que sobrevive a un infarto devastador gracias a un trasplante. La gratitud se convierte en obsesión y decide investigar quién fue su donante. Ese rastro la conduce desde Madrid hasta Yesques, donde conoce a Marta y Juan, madre y hermano del joven fallecido, encarnados por Itziar Ituño y Alfons Nieto, en un duelo familiar atravesado por pérdidas previas y silencios que pesan más que cualquier diálogo.

El elenco sostiene la tensión emocional con potencia. Sopelana transmite la inquietud de quien vive con un corazón ajeno, Ituño aporta una tristeza seca, casi de piedra, y el policía Rafael, interpretado por Iván Massagué, suma una ansiedad nerviosa que acompaña las desapariciones inexplicables en el pueblo. También destaca la presencia de Álex García, el guardia civil padre del muchacho fallecido, cuya figura habita el pasado del relato.

La serie adapta la novela de Javier Castillo, autor de "La chica de nieve", y el "cuco" del título ha referencia a un pájaro que invade los nidos de otros pájaros y deja morir a sus crías. El relato se cuece a fuego lento, con una atmósfera de sospecha constante donde las relaciones familiares esconden más de un secreto antiguo.

Narrativamente, el relato funciona como un rompecabezas armado en tres tiempos: presente, años 2000 y década del 80. Los directores alternan estas capas sin apuro, dejando que el espectador descubra las conexiones como quien camina por un pueblo donde cada puerta guarda un eco del pasado. Carla, sin embargo, queda algo limitada como personaje, más guía que motor dramático, confinada al presente mientras el pasado revela la verdadera anatomía del misterio.

El resultado es un thriller sólido y absorbente en 6 episodios, con un entorno rural inquietante y actuaciones que sostienen el interés incluso cuando el ritmo se vuelve deliberadamente pausado. La resolución llega antes del final y deja un golpe emocional convincente. No deslumbra con artificios, pero su clima turbio y su trabajo actoral la convierten en una propuesta que late con intensidad, como si cada escena escuchara el pulso de un corazón que no sabemos de quién fue. 

Recomendada.

2. Miniserie para ver en Disney Plus: Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette

El 16 de julio de 1999, el avión que piloteaba John F. Kennedy Jr. cae frente a la isla Martha's Vineyard y sella el destino de él y de Carolyn Bessette. Desde ese final anunciado, esta serie producida por Ryan Murphy (en modo elegante y respetuoso), creada por Connor Hines a partir de la biografía de Elizabeth Beller, retrocede siete años para narrar su encuentro en 1992 y la imposible tentativa de construir una intimidad bajo el reflector perpetuo de la fama.

Los protagonistas, interpretados por Paul Anthony Kelly y Sarah Pidgeon, logran recrear la química de una pareja que oscilaba entre la fascinación mutua y el desgaste. Kelly encarna a un heredero atrapado en el molde de la celebridad, alguien que entra en una habitación y altera la gravedad del aire, un muchacho atractivo ante el que cualquier mujer cae rendida. Pidgeon (de un gran parecido físico a la joven Meryl Streep), con gestos mínimos y silencios cargados, compone a Carolyn como una mujer que conoce su propio estilo, ve cómo su identidad puede evaporarse bajo el apellido ajeno y el temor de convertirse una mujer trofeo. Su relación late con deseo y resentimiento, ternura y asfixia, como un vals bailado en un salón lleno de fotógrafos.

El elenco secundario -como suele suceder en las producciones de Murphy- posee un gran encanto. Naomi Watts se transforma en Jacqueline Kennedy Onassis con precisión física y melancolía digna, mientras Grace Gummer encarna a Caroline Kennedy como una hermana que observa el desastre venir sin poder evitarlo. Incluso apariciones breves como la de Alessandro Nivola como Calvin Klein subrayan el talento profesional de Carolyn y lo que pierde al entrar en la órbita de los Kennedy, clan dominado por la abuela Ethel (una gran caracterización de la veterana Jessica Harper). 

El guion posee ese componente temático del amor que funciona como ironía dramática. Sabemos el final y vemos el comienzo, lo que vuelve cada gesto de los personajes más quebradizo. El relato explora cómo el matrimonio entre una figura pública y una mujer perteneciente al mundo de la moda se convierte en una pantalla de gran exposición, donde la privacidad se evapora y la identidad se negocia como mercancía. En esa lógica corrosiva, la pareja intenta amarse mientras la maquinaria cultural reclama su historia como propiedad colectiva.

La puesta en escena recrea el Nueva York de los años noventa con humo de cigarrillos, flashes y música y colores ambarinos. La serie interroga la mitología de los Kennedy, esa dinastía tratada como realeza sin corona, y deja una pregunta suspendida: si el público devora estas vidas con devoción y crueldad, ¿qué queda de las personas reales detrás del mito? El resultado es un melodrama elegante y triste, sostenido por actuaciones comprometidas, donde el amor une pero no logra salvar a quienes viven bajo la luz incandescente del espectáculo. (De los 9 episodios la plataforma ha emitido hasta el momento 5)

Muy recomendada

3. Miniserie para ver en Disney Plus: Mujer en fuga: La más buscada

El caso de Sarah Jo Pender sacudió a Indiana en octubre de 2000: junto a su novio Richard Edward Hull fue condenada por el asesinato de sus compañeros de piso, Andrew Cataldi y Tricia Nordman. La tragedia se gestó en un clima de tensiones, deudas y negocios de drogas, y culminó cuando Hull disparó contra ambos tras una discusión en la casa que compartían. Aunque Pender no accionó el arma, compró la escopeta horas antes y luego ayudó a ocultar los cuerpos, un gesto que selló su destino judicial.

La fuga llegó años después como un giro casi novelesco. En agosto de 2008, Pender escapó del Rockville Correctional Facility, burlando la vigilancia y entrando en la lista del programa televisivo America's Most Wanted. Durante meses, su rostro recorrió noticieros y pantallas como un espectro en libertad, hasta que fue recapturada en diciembre de ese mismo año, cerrando el paréntesis de su breve desaparición.

El crimen mismo había sido brutal y desordenado. Tras comprar el arma en un Walmart, Hull y Pender regresaron a casa, donde una discusión por dinero derivó en el doble asesinato. Los cuerpos fueron arrojados a un contenedor y la pareja intentó limpiar la escena. Hull confesó rápidamente, mientras que la participación de Pender quedó envuelta en una zona gris de amor, miedo y lealtad, según sus propias palabras.

En el juicio de 2002 en el Tribunal Superior de Marion, la fiscalía sostuvo que Pender había manipulado a Hull para cometer el crimen, apoyándose en la compra del arma, cartas incriminatorias y testimonios carcelarios. La defensa alegó que no existían pruebas físicas que la vincularan directamente con los disparos. Aun así, Pender fue condenada a 110 años y Hull a 130, cerrando un caso donde la violencia doméstica, el delito y la dependencia emocional se entrelazaron como una tragedia sin redención. 

Los 3 episodios del documental, dirigido con destreza por Sebastian Smith, abundan en testimonios de Sarah desde la cárcel, lo que permite advertir a través de sus relatos su formidable capacidad para persuadir a los otros para que obren en su beneficio, lo que le valió el mote de la "Charles Mason de las asesinas". Muy interesante para los que deseen ver a una psicópata en acción.

Recomendada.

4. Película para ver en Netflix: Spotlight

Desde el argumento, En primera plana -como se la conoció en nuestro país- se presenta como un thriller sin persecuciones ni pistolas, donde la tensión nace del papel impreso y de las puertas cerradas. El equipo de investigación del diario The Boston Globe destapa un sistema de encubrimiento de abusos sexuales cometidos por sacerdotes en Boston. Lo que comienza como un caso aislado se revela como una red protegida por silencio institucional, burocracia e indiferencia social. La película avanza con la precisión de una autopsia moral: cada documento, cada entrevista, cada negativa suma peso a una verdad que duele.

La dirección de Tom McCarthy apuesta por la sobriedad como forma de respeto. No hay melodrama ni música manipuladora, sino una puesta en escena austera, casi invisible, que convierte oficinas, archivos y salas de redacción en campos de batalla éticos. McCarthy filma como quien ilumina un cuarto oscuro con una lámpara tenue: la luz alcanza lo necesario y deja que el espectador complete el horror. Su estilo evita el espectáculo para preservar la gravedad del tema, recordando que el periodismo de investigación, en su forma más noble, es una disciplina de paciencia.

El elenco funciona como una maquinaria ajustada. Michael Keaton aporta una autoridad cansada y humana; Mark Ruffalo encarna la indignación que hierve bajo la superficie; Rachel McAdams ofrece una delicadeza empática en sus entrevistas con víctimas; Liev Schreiber dota al nuevo editor de una firmeza ética silenciosa. No hay estrellas compitiendo por brillo: todos respiran al ritmo del equipo, como periodistas reales que saben que la historia importa más que el nombre en la firma.

Más allá de la investigación, la película retrata una comunidad que prefirió no ver. La Iglesia, la justicia, la prensa misma aparecen como engranajes de una maquinaria de negación. El guion sugiere que el verdadero antagonista no es un individuo sino la cultura del silencio. La redacción se vuelve un microcosmos donde la verdad se reconstruye con método, dudas y coraje, en contraste con la institución religiosa que protegió su imagen antes que a las víctimas.

Ganadora del Oscar a la mejor película en 2016, Spotlight no deslumbra con artificios, pero deja una marca persistente. Es cine de conciencia, de discurso claro, que recuerda a films como Todos los hombres del presidente, demostrando cómo las actitudes éticas pueden ser tan dramáticas como cualquier épica. Cuando terminan los créditos, queda la sensación de haber asistido no a un espectáculo sino a una lección de memoria, donde la verdad emerge lenta, como tinta que atraviesa el papel hasta hacerse imborrable.

Muy recomendada.

5. Serie para ver en Mercado Play: Los Borgia

En sus 3 temporadas Los Borgia despliega su argumento como un fresco renacentista donde la fe, el poder y el deseo se entrelazan con la ponzoña. La serie narra el ascenso de Rodrigo Borgia al papado y la consolidación de su dinastía en una Roma donde la política se negocia entre cardenales corruptos, matrimonios estratégicos y guerras privadas. El relato convierte la historia en tragedia familiar: el Vaticano no es solo un trono espiritual, sino un tablero de ajedrez donde cada hijo se vuelve pieza y arma.

La interpretación de Jeremy Irons como Rodrigo es el corazón palpitante del espectáculo. Su papa es sensual, calculador, paternal y despiadado, capaz de bendecir con una mano mientras firma una traición con la otra. A su alrededor, François Arnaud compone a Cesare Borgia como un príncipe oscuro dividido entre la vocación militar y la obediencia filial, mientras Holliday Grainger encarna a Lucrezia Borgia con una mezcla de inocencia estratégica y dolor contenido. Cada actor entiende que la serie es un drama de miradas antes que de espadas.

Creada por Neil Jordan (El juego de las lágrimasMona Lisa), la serie abraza un tono operático, donde el guion no pretende exactitud histórica sino la intensidad emocional. Jordan, con su sensibilidad de cineasta gótico, filma el poder como un teatro de máscaras: los pasillos del palacio resuenan con secretos, y los diálogos suenan como confesiones dichas en voz baja ante un altar manchado.

La puesta en escena es suntuosa, casi táctil. Vestuarios bordados como tapices, banquetes que parecen naturalezas muertas, y una iluminación que convierte cada conspiración en cuadro de Caravaggio. Roma emerge como un organismo vivo, sensual y corrupto, donde la religión se mezcla con la carne y la diplomacia con la sangre. El guion da a entender que el Renacimiento no era un museo sino un volcán.

Muy recomendada.

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