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Netflix, MUBI y Apple TV: 5 historias atrapantes para maratonear el fin de semana

Del documental más comentado en Netflix al clásico adolescente de los 90: cinco opciones imperdibles para ver este fin de semana en streaming.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , MUBI, Apple TV y Mercado Play.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , MUBI, Apple TV y Mercado Play.
Oscar Mainieri 12 septiembre de 2025

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , MUBI, Apple TV y Mercado Play.

1. Película para ver en Netflix: Número desconocido: un escándalo de ciberacoso escolar



Este documental narra el ciberacoso sufrido por la adolescente Lauryn Licari y su novio Owen McKenny, quienes recibieron durante más de un año cientos de mensajes anónimos cargados de hostigamiento. Lo que podría parecer un caso doméstico adquiere la lógica de una investigación, con registros policiales, interrogatorios y la intervención de proveedores de internet, lo que expande el relato hacia una dimensión judicial poco habitual en casos de bullying digital.

La estructura narrativa se vincula de manera deliberada a la búsqueda del responsable de tamaño hecho delictivo.  El guion invita a la especulación, abriendo hipótesis que se derrumban de forma sucesiva, con el fin de mantener el suspenso. Esta estrategia, heredera tanto del policial clásico como de las series televisivas, otorga al caso un ritmo frenético, aunque también lo distancia de un abordaje reflexivo: el foco se concentra en el enigma de la autoría más que en las dinámicas sociales y emocionales que sostienen el ciberacoso.

El documental, dirigido por Skye Borgman, se inscribe asimismo en una estética del sensacionalismo característica de parte del catálogo de Netflix: música enfática, pausas dramáticas, uso reiterado de testimonios emotivos y un montaje que privilegia la espectacular por sobre el análisis. Lo que puede resultar eficaz en términos de entretenimiento, refuerza una vertiente "voyeurista", donde lo íntimo se convierte en material de consumo narrativo más que en objeto de comprensión crítica.



En este sentido, Número desconocido revela tanto las potencialidades como las limitaciones del género al que adscribe. Su mayor atractivo reside en el juego de sospechas y giros que lo emparentan con el thriller criminal; su mayor debilidad, en cambio, es la incapacidad de profundizar en los motivos del acosador, a pesar de darle voz en pantalla. La explicación se reduce a excusas y lágrimas, un vacío que expone el equilibrio inestable entre lo narrativo y la búsqueda de verdad.

Sin embargo, no se le puede negar la cualidad de ser un producto sumamente entretenido. Y la revelación del responsable del ciberacoso no sólo roza lo inverosímil, también es chocante, constituyendo el caso narrado es uno de esos en donde la realidad supera con creces a la ficción.

Muy recomendada.



2. Película para ver en MUBI:  Acaba con ellos

Michael (Christopher Abbott) es un pastor irlandés que cuida a su padre enfermo (Colm Meaney) y a su rebaño. Todo se complica cuando descubre que sus dos carneros reproductores han muerto supuestamente por enfermedad. La noticia se la da su vecino Gary (Paul Ready), esposo de Caroline (Nora-Jane Noone), antigua pareja de Michael. Sin embargo, en un mercado de ganado, Michael reconoce a sus animales, puestos a la venta por Jack (Barry Keoghan), hijo de Gary. El hallazgo detona una cadena de enfrentamientos, persecuciones y violencia, donde viejas tensiones y secretos del pasado salen a la superficie. El film explora el enfrentamiento entre vecinos cercanos, la fragilidad de las relaciones rurales y el peso de las culpas heredadas, hasta desembocar en un clímax de brutalidad inevitable.

La puesta en escena aprovecha la geografía de la Irlanda rural no solo como contexto, sino como catalizador de la atmósfera: campos áridos, cielos plomizos y un paisaje en el que la violencia late bajo la rutina del trabajo campesino. El director Christopher Andrews -en su ópera prima- construye un relato de tensiones acumuladas que estallan en gestos mínimos: un animal robado, una amenaza velada, una lealtad quebrada. En este sentido, la película funciona como un estudio de la violencia comunitaria y de los ciclos de trauma generacional, donde las heridas del pasado se transmiten de padres a hijos.



Narrativamente, Andrews alterna los puntos de vista de Michael y Jack, lo que complica la percepción del espectador. A medida que uno comienza a empatizar con Michael como víctima de la hostilidad vecinal, el relato gira y expone la perspectiva de Jack, revelando motivos aparentemente triviales, pero cargados de rencor acumulado. Ese vaivén entre versiones impide una lectura maniquea y convierte el conflicto en un espejo de resentimientos, orgullo y secretos ocultos.

Las interpretaciones sostienen la densidad dramática: Abbott ofrece un trabajo contenido y vulnerable, atravesado por el peso de la culpa, mientras Keoghan confirma por qué se ha convertido en uno de los actores más solicitados de su generación, encarnando a un joven dividido entre la influencia de una madre fuerte y la debilidad emocional de un padre inestable. Destaca también la autenticidad de Abbott al utilizar el gaélico en varios diálogos, lo que añade verosimilitud y textura cultural al relato.

Si bien el film tiene varios parecidos con As Bestas, -el mejor thriller de los últimos años, dirigido por Rodrigo Soroyen-, no solo por la coincidencia de un entorno rural marcado por la hostilidad vecinal, sino también por la forma en que ambas películas indagan en los ciclos de violencia, las tensiones comunitarias y la fragilidad de la convivencia en espacios donde las disputas personales se transforman rápidamente en tragedias colectivas, Acaba con ellos brinda un espectáculo para estómagos resistentes ya que produce fuertes emociones en el espectador.



Muy recomendada.

3. Miniserie para ver en Netflix: Los ríos del destino

El impacto es inmediato para Janalice (Domithila Cattete) cuando descubre que un video comprometedor con un joven fue publicado en internet y se viralizó rápidamente. La vergüenza es devastadora para ella y su familia, pero su calvario recién comienza: poco después es secuestrada por piratas fluviales que comercian con personas como si fueran simple mercancía. Entre ellos está Preá (Lucas Galvino), que, si bien participa en esas prácticas, comienza a sentirse atraído por la joven. En paralelo, Mariangel (Marleyda Soto), una mujer cuya familia fue asesinada por la misma banda, emprende un camino de venganza y justicia personal contra quienes le arrebataron todo.



Esta miniserie de 4 episodios, basada en la novela Pssica de Edyr Augusto, está producida y dirigida en algunos de sus segmentos por Fernando Meirelles, responsable de Ciudad de DiosEl jardinero fiel, e incluye abundante violencia y erotismo: en una de las primeras escenas, los vecinos observan con morbo el video íntimo de Janalice, incluido su propio padre, hasta que este se da cuenta de quién aparece en pantalla. Lo que podría haberse presentado como un drama juvenil sobre los riesgos de la exposición digital y la misoginia de la sociedad, rápidamente escala hacia territorios más brutales. La serie no se priva de mostrar tráfico de personas, esclavitud sexual y abusos sistemáticos, situando al espectador frente a un torrente de horrores que parecen no tener límite.

El relato también incorpora la figura de la justiciera: en lugar del héroe musculoso y paternalista que suele poblar los thrillers de venganza, aquí es una madre indígena la que toma las armas. Esta decisión ofrece un ángulo inusual y una posibilidad de identificación más amplia, al mismo tiempo que plantea, aunque de forma lateral, el dilema moral de la autodefensa y la justicia por mano propia. Mariangel actúa movida por la pérdida de su familia, y aunque el espectador entiende su motivación, la serie no se detiene a discutir si su violencia está justificada o no.

Con vistas de la ciudad de Belén y la Guayana Francesa, un montaje a veces enloquecido, con intrusiones del narrador en la forma de pancartas que comentan o se burlan de algunas situaciones, pensada sólo en función de brindar un rato de esparcimiento, la serie gana en atmósfera: entre el barro, el sudor y la violencia, compone un retrato áspero, incómodo y visceral, que se sostiene más en la intensidad del shock que en la elaboración reflexiva de su contenido.



Recomendada.

4. Película para ver en Apple Tv: El cielo y el infierno

Tomando prestado el guion de un film de Akira Kurosawa realizado en 1963, tenemos la oportunidad de ver a dos miembros conspicuos de la comunidad afroamericana estadounidense nuevamente juntos, el director Spike Lee y el actor Denzel Washington. No es la mejor de sus colaboraciones; algo huele a rancio.



El punto de partida sigue siendo el dilema ideado por el novelista Ed McBain: un magnate recibe la noticia de que su hijo fue secuestrado, pero en realidad el niño raptado es el hijo de su chofer y amigo más íntimo, aunque las exigencias económicas permanecen. En Kurosawa era un fabricante de zapatos; en Lee, un productor discográfico de renombre que intenta recomprar el control de su sello para preservar un legado cultural —Aretha Franklin, Coltrane, James Brown— hoy amenazado por la IA y la comercialización. La traslación al terreno de la música afroamericana le da al relato un matiz político y de identidad racial, pero no elimina la comparación inevitable con el original japonés: el espectador sigue midiendo cada escena frente a Kurosawa, y ese eco, en ocasiones, resulta más poderoso que el propio film de Lee.

La primera mitad de El cielo y el infierno es deliberadamente pesada: planos amplios, ritmo pausado, personajes que parecen distantes, música incidental como fondo de escenas intimistas a la manera de los melodramas de los años 50. La intención es clara: mostrar a David King (Washington) aislado en una torre de privilegio, rodeado de reliquias culturales que subrayan tanto su riqueza como su desconexión con el presente. Esa construcción visual -siempre elegante- replica la estética kurosawiana pero también expone las inseguridades de Lee, que pone en boca de su protagonista sus propias inquietudes: la obsolescencia, el dominio de la viralidad, el impacto de la tecnología sobre el arte. Este tramo puede resultar tedioso, pero funciona como un terreno de gestación para lo que vendrá.

Porque la segunda mitad adquiere un ritmo más vital aun con acciones que rozan la incredulidad. Un viaje en tren con un bolso repleto de dinero, un festival puertorriqueño donde la música reemplaza a la partitura orquestal, una batalla rapera entre King y el secuestrador Yung Felony (ASAP Rocky). Aquí Lee se reconcilia con su faceta más libre y barroca, apoyado en la fotografía vibrante de Matthew Libatique y en la química renovada con Washington y Jeffrey Wright. El thriller criminal se enciende con las creaciones de James Brown y otros intérpretes, primeros planos intensos y un pulso que oscila entre la épica callejera y la sátira política, recordando que Lee siempre ha sido un cineasta que piensa con imágenes y ritmos, más que con argumentos cerrados.



El resultado final no alcanza la hondura moral de Kurosawa, pero sí construye un fresco con picos altisonantes de energía, orgullosamente negro e interesado en meter su cuña en los debates contemporáneos. Con sus excesos, sus desvíos y su final sentimental, la película confirma que Lee ya no compite con los clásicos: los usa como trampolín para hablar de sí mismo, de su generación y de la herencia cultural que busca proteger. Washington, más delgado y con un rostro enjuto en donde sobresale una dentadura como las teclas de un piano para conciertos, se ve impelido a correr a jóvenes que tienen 40 años menos que él, entre vagones de trenes y pasadizos oscuros. Es un gran actor, pero ésta tampoco es una de sus mejores interpretaciones. Eso sí, las vistas de Nueva York son asombrosas.

Recomendada.

5. Película para ver en Mercado Play: Ni idea



Dirigida por Amy Heckerling, es mucho más que una comedia ligera de adolescentes: se convirtió en una película definitoria del cine juvenil de los noventa y en un auténtico hito cultural. Inspirada libremente en la novela Emma de Jane Austen, el film traslada los enredos sentimentales y sociales a un Beverly Hills superficial, consumista y obsesionado con las apariencias. Pero en lugar de quedarse en la parodia fácil, construye un retrato irónico y, al mismo tiempo, entrañable de la adolescencia, con un guion afilado, diálogos veloces y una mirada que equilibra sátira con ternura.

La película catapultó a Alicia Silverstone a la categoría de estrella. Hasta ese momento conocida por sus apariciones en videoclips de Aerosmith, su interpretación de Cher Horowitz la consagró como la "reina adolescente" de la época. Su mezcla de ingenuidad, seguridad y torpeza social convirtió a Cher en un personaje complejo, mucho más humano que la caricatura superficial que podría haber sido. Aunque la carrera de Silverstone no mantuvo después la misma intensidad —con tropiezos como Batman & Robin—, su papel en Ni idea sigue siendo una referencia ineludible y la mantiene en la memoria cinéfila como un símbolo de la década.



Heckerling, que ya había explorado la cultura adolescente en Fast Times at Ridgemont High (1982), encuentra aquí un equilibrio perfecto entre crítica y celebración. Su dirección imprime dinamismo sin caer en excesos, y construye un universo que parece artificial en su perfección pero que revela grietas a través de las inseguridades y contradicciones de los personajes. La puesta en escena, con sus colores saturados, mansiones brillantes y patios de secundaria convertidos en pasarelas, funciona como un espejo deformante de los rituales adolescentes, pero también como un espacio de identificación para el público joven de los años noventa.

Uno de los elementos más perdurables de Ni idea es su vestuario. La diseñadora Mona May convirtió los conjuntos de cuadros amarillos, las minifaldas, los accesorios llamativos y las combinaciones arriesgadas en auténticos objetos de culto. El look de Cher no solo marcó tendencias de moda adolescente, sino que definió la estética de toda una generación y todavía hoy es homenajeado en pasarelas y videoclips. El vestuario funciona narrativamente como un marcador de identidad y estatus, pero también como una herramienta cómica que exagera la obsesión de los personajes por la apariencia.



Finalmente, la música completa el retrato generacional. Con una banda de sonido que incluye a artistas como No Doubt, Radiohead y Coolio, la película captura el espíritu de mediados de los noventa, entre el grunge tardío y el pop juvenil. La banda sonora no es solo decorativa: potencia la energía de las escenas y acompaña los cambios de tono. En conjunto, Ni idea es una obra clave para entender la evolución del cine adolescente posterior, desde Chicas pesadas (2004) y Se dice de mí (2010) hasta las comedias teen de la actualidad, y sigue siendo un ejemplo brillante de cómo el entretenimiento puede convertirse, casi sin proponérselo, en la radiografía de una década en algunos aspectos de la cultura estadounidense. 

Muy recomendada.

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