Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , Max, Flow y Prime Video.
1. Serie para ver en Flow: Sherwood
Esta serie, creada por James Graham, en su primera temporada y a lo largo de 6 episodios, se presenta como una magistral mezcla de thriller y comentario social, explorando las cicatrices dejadas por la huelga de mineros de 1984-85 en Ashfield, un ex-pueblo minero de Nottinghamshire. El asesinato de Gary Jackson, un sindicalista de la National Union of Mineworkers (NUM), desata una investigación que revela viejas rencillas y secretos enterrados. A lo largo de seis episodios, la serie desentraña la tensión entre las familias locales, los chisporroteos políticos y sociales, y la historia de una comunidad dividida.
El guion de Graham, más allá de las alusiones al mito de Robin Hood y el bosque de Sherwood, sobresale al capturar la complejidad emocional de sus personajes y la historia del pueblo, incorporando elementos de suspenso sin sacrificar el contenido social. Graham, quien se basa en hechos reales sucedidos en la región, logra crear un producto que no solo atrae por su trama criminal, sino también por su capacidad de reflexionar sobre las cicatrices históricas de la comunidad minera. La labor de los directores Lewis Arnold y Ben A. Williams se complementa perfectamente con el guion, pues logran dar vida a una atmósfera cruda y realista, mientras capturan la esencia de las emociones humanas atrapadas en las tensiones del pasado.
El elenco, con un despliegue impresionante de actores como Lesley Manville (El hilo fantasma), David Morrissey, Alun Armstrong y Claire Rushbrook, otorgan a la serie una intensidad emocional única. Manville, en el papel de Julie Jackson, da una de sus mejores actuaciones, mostrando la complejidad de una mujer marcada por la tragedia y el distanciamiento familiar. Morrissey, por su parte, retrata a Ian St Clair, un policía atrapado entre su pasado y su rol como investigador, con una mezcla perfecta de fragilidad y dureza. La química entre los actores, junto con sus interpretaciones cargadas de matices, eleva el relato, dotando de autenticidad a cada conflicto personal y familiar.
En conjunto, Sherwood no solo es un thriller que mantiene el suspenso, sino también una reflexión profunda sobre cómo las divisiones históricas y políticas impactan en las nuevas generaciones. Además, es una de las producciones televisivas de la BBC más notables de los últimos años, con una narrativa que persiste más allá de su desenlace, dejando una huella significativa en el espectador. Hay una segunda temporada esperando que la plataforma la estrene.
Imperdible.
2. Película para ver en Max: Super/Man: La historia de Christopher Reeve
El accidente que sufrió Christopher Reeve el 27 de mayo de 1995, que lo dejó cuadripléjico tras caer de su caballo en el Commonwealth Park de Culpeper, Virginia, marcó un antes y un después en su vida y en la percepción pública de su figura. Conocido mundialmente por interpretar a Superman en el film de Richard Donner y sus secuelas, su trágico destino fue frecuentemente presentado como una irónica paradoja por los medios, que destacaron cómo el "hombre de acero" había quedado inmovilizado. Sin embargo, esta interpretación reduccionista no hizo justicia a la complejidad de su experiencia.
El documental Super/Man: The Christopher Reeve Story, codirigido por Ian Bonhôte y Peter Ettedgui, propone una mirada más profunda y humana. En lugar de centrarse en la pérdida, la película destaca la resiliencia y transformación de Reeve, quien, tras su accidente, se convirtió en un ferviente defensor de los derechos de las personas con discapacidades y un abanderado de la investigación médica para tratar lesiones de la médula espinal.
El filme aborda con honestidad las duras realidades físicas y emocionales que enfrentó Reeve, al mismo tiempo que resalta la red de apoyo que lo rodeaba. Especial mención merece la figura de Dana Reeve, su esposa, quien emergió como un pilar fundamental tanto en su vida personal como en su activismo. Asimismo, el documental explora el impacto emocional del accidente en sus hijos, amigos cercanos como Robin Williams, y colegas del ámbito artístico como Glenn Close y Whopee Goldberg, pintando un retrato íntimo y colectivo de su legado.
Aunque la película dedica espacio a la carrera actoral de Reeve antes del accidente, incluyendo su lucha por diversificar su imagen más allá de Superman, el guion se enfoca en su vida después de la tragedia. Este enfoque desafía la estructura convencional de los relatos biográficos al no relegar su historia post-accidente a un epílogo inspirador, sino al tratarla como una parte igualmente significativa y transformadora de su existencia.
Lo que distingue a este documental es su rechazo a caer en estereotipos y sentimentalismos fáciles. Bonhôte y Ettedgui presentan a Reeve no como una figura trágica, sino como un ejemplo de fortaleza y adaptación. Las entrevistas con colegas y seres queridos ofrecen una perspectiva multifacética que amplía la comprensión de su vida y lucha.
En definitiva, Super/Man es un documental que combina rigor emocional con integridad en su contenido, logrando un equilibrio entre la admiración por Reeve y una representación honesta de su humanidad. Es una obra que trasciende la biografía convencional para reflexionar sobre temas universales como la adversidad, la resiliencia y el impacto del activismo. Más allá de su valor como homenaje, la película invita a una conversación urgente sobre la necesidad de avances médicos y sociales que beneficien a las personas con discapacidades.
Muy recomendada.
3. Película para ver en Netflix: Isabella: El caso Nardoni
Este documental, dirigido por Micael Langer y Cláudio Manoel, revisita uno de los crímenes más impactantes y mediatizados de la historia reciente en Brasil: el asesinato de Isabella Nardoni, una niña de cinco años que murió al ser arrojada desde la ventana del sexto piso de un edificio en São Paulo en 2008. Este caso, que involucró al padre de la víctima, Alexandre Nardoni, y a su madrastra, Anna Carolina Jatobá, como principales acusados, marcó profundamente a la sociedad brasileña y generó un intenso debate mediático, legal y social.
El filme busca condensar los eventos en un formato de síntesis periodística, proporcionando al espectador una narrativa lineal que abarca desde los hechos previos al crimen hasta el juicio y las consecuencias sociales y mediáticas del caso.
La estructura del documental sigue un esquema cronológico: comienza con la reconstrucción de los eventos previos al asesinato, pasando por la noche del crimen, la conmoción inicial, la investigación policial, el juicio y las repercusiones mediáticas.
El relato se apoya principalmente en testimonios de figuras clave, incluyendo a familiares, periodistas y profesionales involucrados en la investigación. La inclusión de la madre de Isabella, Ana Carolina Oliveira, añade un componente emocional significativo que refuerza la autenticidad de la narración. Sin embargo, esta estrategia refuerza una perspectiva unilateral, dejando de lado aspectos que podrían haber enriquecido la discusión, como los cuestionamientos al sistema judicial o el impacto psicológico de los eventos en los implicados.
Un elemento recurrente en el documental es el uso de registros audiovisuales, incluyendo imágenes de noticias de la época, entrevistas archivadas y, especialmente, las animaciones forenses utilizadas durante el juicio para incriminar a Alexandre Nardoni y Anna Carolina Jatobá. Estas animaciones, producidas por la policía, fueron fundamentales para convencer al jurado y a la opinión pública de la culpabilidad de los acusados.
El caso Nardoni es rico en matices que van más allá de los hechos narrados: la dinámica de género y poder entre Alexandre y Anna Carolina, las posibles tensiones relacionadas con la custodia de Isabella, las deficiencias del sistema judicial brasileño y el papel de los medios en construir una narrativa polarizada sobre la culpabilidad. Con un ritmo ágil, más allá de lo funesto del caso, nos muestra que en algunas cuestiones la sociedad brasilera no difiere tanto de la argentina.
Recomendada.
4. Serie para ver en Netflix: Fachadas
Esta serie, creada por Liz Feldman (Dead to Me) y dirigida por Feldman junto con Silver Tree, presenta una mirada irónica y oscura sobre la complejidad de las relaciones humanas, los secretos y las tensiones inherentes a las decisiones aparentemente altruistas. Con un elenco diverso y una narrativa compleja que se despliega en 8 episodios de aproximadamente 30 minutos, la historia gira alrededor de la venta de una lujosa casa en Los Ángeles, un espacio que actúa tanto como símbolo de las aspiraciones de los personajes y refugio de sus secretos.
El relato presenta múltiples subtramas interconectadas que exploran temas como el duelo, la avaricia, la ambición y las dinámicas de poder en los vínculos personales y familiares. Aunque nominalmente los protagonistas son Lydia (Lisa Kudrow) y Paul (Ray Romano), propietarios de la casa en cuestión, el verdadero peso narrativo recae en personajes secundarios como Margo (Linda Cardellini), cuya caracterización destaca por su complejidad y ambigüedad moral.
La casa se erige como el eje central de la historia, no solo como un objeto de deseo, sino también como un lugar cargado de historia y tensión. Los secretos relacionados con un evento traumático ocurrido tres años antes influyen en las decisiones de Lydia y Paul, quienes manejan el duelo de formas opuestas. Esta tensión interna se refleja en las dinámicas de los otros interesados en la propiedad.
Por ejemplo, Leslie (Abbi Jacobson) y Sarah (Poppy Liu) representan una pareja en búsqueda de estabilidad familiar, mientras que Dennis (O-T Fagbenle) y Carla (Teyonah Parris), junto con la madre de Dennis, Denise (Anna Marie Horsford), traen consigo una mezcla de ambición y conflicto intergeneracional. Mikey (Denis Leary), el hermano mayor de Paul recién salido de prisión, introduce un elemento de amenaza y desestabilización que conecta directamente con los eventos traumáticos del pasado.
La serie tiene como uno de sus puntos fuertes la construcción progresiva de los secretos y las contradicciones de cada personaje. Feldman presenta personajes que exigen transparencia mientras ocultan aspectos clave de sus propias vidas, un enfoque que subraya la hipocresía inherente a las interacciones humanas. Este tema central es abordado con un tono irónico y mordaz, aunque sin renunciar a momentos de vulnerabilidad emocional.
El desenlace del octavo episodio deja abiertas suficientes líneas argumentales como para justificar una segunda temporada. Aunque Fachadas es un experimento interesante, su impacto reside más en la originalidad de su premisa y en las actuaciones de su elenco que en la ejecución de su guion.
Recomendada.
5. Película para ver en Prime Video: Gosford Park: crimen a medianoche.
En alguna parte hay otra tierra
diferente del mundo de aquí abajo
concebida de manera mucho más compasiva
que el cruel mundo que conocemos.
Allí existen la inocencia y la paz
y todo lo que se desea es bueno,
los rostros son siempre hermosos
y el amor ni envejece, ni se cansa.
Jamás encontraremos esa hermosa tierra
del "podría haber sido así",
jamás podré ser tu rey ni tú mi reina.
Tal vez pasen los días, tal vez pasen los años
y los mares tal vez nos separen,
nunca encontraremos la hermosa tierra
del "podria haber sido así".
La música de esta canción fue compuesta por Ivor Novello, un actor que protagonizara El inquilino, dirigida por Alfred Hitchcock en 1927, y que figura como uno de los personajes de Crimen a medianoche, el film de Robert Altman que viene a modificar, expandir y reformular las reglas del policial de enigma, cuyos ejemplos cinematográficos más conocidos son Crimen en el expreso de Oriente (Sidney Lumet, 1974) y Muerte en el Nilo (John Guillermin, 1976), y sus iteraciones, todas basadas en novelas de Agatha Christie.
Como lo hiciera con la comedia (MASH), el western (Del mismo barro), el musical (Nashville), el thriller psicológico (Imágenes), o el film de mujeres (Tres mujeres, Vuelve a casa Jimmy Dean), Altman en Crimen a medianoche toma el género policial en su clave más fría y abstracta -ámbito inglés de clase alta, centralidad de la figura del detective, extrema racionalidad para la resolución del crimen- y lo contamina con su derivación estadounidense -la novela negra-, permitiendo la entrada de lo social (es tan importante en el film el mundo de los criados como el de los señores a los que sirven, estableciendo ambos mundos relaciones de dependencia), ridiculizando al detective (un personaje de clase media, vano e ineficaz, feliz de codearse con los adinerados, despectivo con la servidumbre) y desplazando su tarea hacia la de la sirviente más novata que resuelve el crimen a base de deducciones e intuiciones.
Y si bien la resolución del enigma cierra el film, no radica allí el interés del director, sino en el retrato de los personajes y sus relaciones. No es casual que Ivor Novello (Jeremy Northam), se aparezca en la mansión acompañado de un productor hollywoodense (Bob Balaban), que viene a estudiar el comportamiento de los señores para idear la ambientación de su próximo misterio cinematográfico. El productor trae consigo a quien es -aparentemente- su criado (Ryan Phillippe), pero que en realidad es su amante y un actor en busca de componer un personaje. Todos estos componentes meta cinematográficos -como las abundantes conversaciones telefónicas del productor en las que se deslizan los nombres de varias estrellas de Hollywood como posibles protagonistas de su próxima producción- nos recuerdan que Altman es un director moderno que no sólo está contando una historia sino que está hablando de cuestiones y problemas que tienen que ver con el cine como representación. Es así que el componente actoral posee una centralidad en Crimen a medianoche que viene realzada desde el guion de Julian Fellowes, ganador del Oscar, germen de lo que después desarrollaría en la serie Downton Abbey en tono más telenovelesco y sentimental.
Los sirvientes son denominados con el apellido de aquellos a quienes sirven, borrándoseles así toda identidad. La aparentemente espontánea puesta en escena de Altman dedica su tiempo a mostrar -como al pasar- que el mundo de los de arriba tiene el brillo de la iluminación de una obra teatral, con lujos de vestuario y joyas, mientras el mundo de los de abajo es como el de los tramoyistas y utileros que sostienen la posibilidad de que esa puesta en escena tenga lugar, mantienen el vestuario y la utilería brillante para que las estrellas se luzcan, vestidos siempre con uniformes de trabajo que borran cualquier característica de individualidad.
Altman también busca diferenciarse de aquellas otras adaptaciones cinematográficas apoyándose en un elenco de actores con más prestigio que cualidad estelar, muchos con gran trayectoria en las tablas. La centralidad de Maggie Smith -actriz manierista por excelencia y recientemente fallecida- a la que se le otorgan los mejores bocadillos, deja una estela que comparten notables como Derek Jacoby, Alan Bates, Helen Mirren, Eileen Atkins, Kristin Scott Thomas, Emily Watson, Stephen Fry, Clive Owen, Kelly MacDonald, etc. También el director se distingue en el rol protagónico que le otorga a la cámara, que jamás deja de moverse, indagando o recortando aspectos que no deben pasar inadvertidos para el espectador: de hecho, la transforma en un espectador más. Una estrategia similar había utilizado en su magistral adaptación de la novela negra de Raymond Chandler, Un largo adiós (1973).
Esta inquietud de la cámara se diferencia de la puesta en escena de aquellas adaptaciones antes mencionadas, que son estáticas y buscan realzar el componente espectacular de lo que representan, borrándose así mismas, como sucede en el cine clásico. También Altman se distancia de ese tipo de cine al presentar personajes que no llegamos a determinar bien quiénes son, creando cierta confusión en el espectador. No se trata de mostrar un mundo ordenado y claramente clasificado sino de un mundo que se va construyendo ante nuestros ojos a través de relaciones de parentesco a veces poco claras, retazos de diálogos -muchas veces superpuestos- y planos apenas vislumbrados por un hábil montaje.
(Vienen Spoilers)
Mientras que el inspector busca una razón externa para el crimen -ignorando las evidencias que le sugiere su subalterno- Altman la ubica en las entrañas de la mansión, bordándola melodramáticamente como una venganza de dos hermanas y un hijo hacia un señor tan arbitrario y feudal como el que interpretara el mismo actor -Michael Gambon- en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (Peter Greenaway, 1989), que tiene una familia para exhibir y otra para ocultar. Por eso la melancolía de la canción que inicia este ensayo y que cierra el film: hay castigo y punición para el malhechor, cierta justicia para las verdaderas víctimas, pero si algún personaje se entera de la "verdad" no lo vociferará a los cuatro vientos ya que -pese a su juventud- intuye que nunca encontrará la tierra del "podría haber sido así".
Imperdible.


