El reciente estreno en la televisión abierta argentina de ficciones chinas como El Olivo Blanco y Corazones Destinados no es simplemente una curiosidad de programación ni una moda pasajera de importación cultural.
Es la manifestación local de un proceso económico mayor: la expansión internacional de las plataformas audiovisuales chinas y la entrada de un nuevo competidor en la guerra global del streaming. Detrás de esos contenidos se encuentra iQIYI (se pronuncia "Ai-chi-shi"), la mayor plataforma privada de entretenimiento online de China. El nombre original, 爱奇艺, se traduce como "Amar el Arte Extraordinario".
La compañía comenzó a operar oficialmente en Argentina en 2025 mediante acuerdos con Perfil Network y Grupo Octubre, que permitieron colocar sus producciones en Net TV y Canal 9.
La elección del país responde a una lógica precisa: es un mercado con fuerte consumo de ficción extranjera como hace más de diez lo probara la programación de las novelas turcas en Canal 13. El público está acostumbrado al doblaje y con un ingreso medio por usuario relativamente bajo para estándares de streaming premium. El modelo híbrido de la empresa ofrece mejores condiciones que el esquema puramente pago de plataformas occidentales.

iQIYI fue fundada en 2010 por Baidu, el principal buscador de Internet de China. A diferencia de la mayoría de los gigantes tecnológicos chinos, Baidu es formalmente una compañía privada que cotiza en bolsa como en NASDAQ y Hong Kong y tiene accionistas institucionales globales. Sin embargo, como todas las grandes empresas tecnológicas del país, opera dentro del sistema regulatorio del Partido Comunista de China y bajo sus directrices de contenido, lo que crea una estructura empresarial particular: corporación privada en términos societarios pero integrada al ecosistema político-regulatorio estatal.
Desde su nacimiento, la plataforma se diferenció del modelo occidental. No apostó a la suscripción pura sino a un sistema mixto que combina acceso gratuito con publicidad, membresías pagas y micropagos dentro del contenido. Esa arquitectura comercial permitió escalar usuarios rápidamente y hoy supera los 500 millones de usuarios globales con más de 100 millones de suscriptores pagos. Su mercado principal continúa siendo Asia (China, Corea, Japón, India y el Sudeste Asiático), aunque en los últimos años avanzó en Europa, Norteamérica y Latinoamérica .
La estrategia de iQIYI no se centra únicamente en el catálogo sino en la ingeniería de consumo. La empresa invirtió tempranamente en recomendación algorítmica, inteligencia artificial aplicada a producción audiovisual y formatos diseñados para teléfonos móviles, como los mini dramas verticales de episodios de pocos minutos. El objetivo es capturar momentos de atención que no pertenecen ni al cine ni a la televisión tradicional sino al uso cotidiano del smartphone. Para la compañía, la televisión abierta funciona como etapa inicial: introduce la narrativa y luego deriva al espectador hacia la aplicación, donde puede monetizarlo mediante múltiples mecanismos .
A diferencia de Netflix o Disney+, cuyo negocio depende de maximizar el ingreso por usuario, iQIYI prioriza el volumen. En China ya experimenta con finales alternativos pagos, votaciones de personajes y comercio electrónico integrado a la historia. El streaming deja así de ser una suscripción mensual para transformarse en una economía de microtransacciones vinculadas a la participación emocional del espectador. En Argentina esas opciones no están disponibles porque no hay un ecosistema integrado entre la plataforma y las diferentes redes sociales chinas; lo que está es el acceso gratuito y el abono pago para ver por adelantado capítulos de series, o acceder al servicio 4K.
El avance internacional de la empresa, sin embargo, está atravesado por cuestiones regulatorias y políticas. En 2020 enfrentó investigaciones en Estados Unidos por presuntas inconsistencias en métricas de usuarios, en un contexto de creciente control sobre compañías tecnológicas chinas listadas en Wall Street. Más relevante aún es la dimensión editorial. En China, todas las plataformas audiovisuales deben cumplir normas estrictas de la Administración Nacional de Radio y Televisión: se limitan contenidos considerados políticamente sensibles, se regulan representaciones históricas y se desalientan temáticas que contradigan valores oficiales. iQIYI como cualquier plataforma local, debe editar, retrasar o directamente cancelar producciones para cumplir esos lineamientos. Esa relación entre entretenimiento y regulación estatal forma parte estructural del modelo industrial chino y condiciona su exportación cultural.
De todas formas, la expansión responde a una estrategia mayor de poder blando. Corea del Sur internacionalizó su industria con el K-drama; China intenta hacerlo a escala industrial mediante tecnología de datos y volumen productivo. La diferencia es que el producto ya no es sólo la serie sino el sistema de consumo: una plataforma pensada para interacción constante.
Argentina es un mercado de prueba ya que su público es muy afecto al melodrama televisivo y también tiene usuarios sensibles al precio. iQIYI no compite frontalmente por las grandes franquicias de Hollywood sino con plataformas gratis como Pluto TV del grupo Paramount.
Además de las novelas antes mencionadas, la plataforma también tiene los derechos de varios dramas románticos, thrillers, películas wu xia (fantasía histórica marcial) y un vasto catálogo de Andy On, la estrella de artes marciales, que filma alrededor de cuatro o cinco películas por año.
