Puede parecer apenas otra gestión de negocios, pero la noticia sacudió al mundo del cine. La saga cinematográfica de Bond, James Bond dejó de estar en manos de la familia Broccoli. La franquicia de 007 no se caracterizaba por ser parte de una empresa pequeña, pero era la última que todavía resistía al avance de los nuevos jugadores: conglomerados multimillonarios como Apple, Disney o, en este caso, Amazon. El detrás de escena de este negocio permite comprender por qué el cine está cambiando.
¿Por qué Jeff Bezos estuvo dispuesto a desembolsar millones para quedarse con la saga de James Bond? La respuesta tiene que ver con lo que se compra implícitamente: una porción importante de la historia del cine. Algo que, probablemente, cueste aún más que los miles de millones invertidos por Amazon. Esta no es la primera vez que una empresa desembolsa tanto dinero para conseguir una franquicia reconocida.
007, una de las franquicias más taquilleras
Para entender el contexto: Disney compró la saga del Universo Cinematográfico Marvel. Con esas películas, juntó US$ 31.590 millones solo en cines. Es importante destacar solo porque, además de los juguetes, videojuegos y mercadería variada, Disney obtiene poder de penetración cultural en todo el mundo. Los Avengers se ven y venden en Argentina, Sudáfrica, Australia, Japón o Eslovenia. Son un fenómeno mundial.
Sony conserva los derechos de Spider-Man, la segunda franquicia más taquillera de la historia del cine. Es una situación compleja, porque para las últimas películas decidió compartir la custodia de Peter Parker con Disney. La empresa del ratón Mickey también tiene bajo su órbita a la tercera franquicia más taquillera: Star Wars.
Solo con Marvel y Star Wars, Disney consolidó un poder nunca antes visto en la historia del cine. Se convirtió en el primer monopolio de Hollywood, algo que hasta entonces la industria del cine de California había evitado. Y eso se notó en las salas de todo el mundo.
La cuarta saga más taquillera corresponde al mundo mágico de Harry Potter. Aunque a las últimas películas de Animales Fantásticos no les fue bien, Warner recaudó miles de millones con el joven mago. Pero Warner Bros Discovery es un conglomerado que parece cada vez más alejado del cine: no por el nivel artístico de sus producciones, sino por el foco de sus negocios.
El quinto puesto es para 007, una saga que no está en las manos de Disney ni Warner. Hay 25 películas oficiales, es decir: las producidas bajo el sello de EON, la empresa de la familia Broccoli. Hay más películas si se tienen en cuenta aquellas que, por motivos que tienen que ver con quienes ostentan las licencias y derechos, se hicieron por fuera de EON. Nunca Digas Nunca Jamás y la parodia de Casino Royale con Peter Sellers y Orson Welles, por ejemplo.
Bond, James Bond: el secreto es la reinvención
Las 25 películas oficiales de James Bond lograron algo que casi ninguna otra saga consiguió: mantenerse a flote a través de las décadas. No importa qué tan exitosas puedan ser algunas películas, los estudios suelen entender con mucha rapidez que no es sencillo hacer que cualquier saga no se agote demasiado pronto. Piratas del Caribe es un gran ejemplo: una franquicia que dejó de llenar las salas con apenas cinco películas. El universo de Marvel ahora anda por un camino desnivelado con respecto a la recaudación. Y así podríamos seguir nombrando casos de series cinematográficas a las que les cuesta resistir el paso del tiempo.
¿Cómo hizo 007 para perdurar desde 1962, cuando se estrenó El Satánico Dr. No, la película protagonizada por Sean Connery y Ursula Andress? El secreto, como la identidad del espía, no es secreto: el personaje se reinventa en cada versión. No es lo mismo el Bond rudo de Sean Connery, que el Bond camp de Roger Moore, o el Bond sufrido de Daniel Craig. Cada personaje se adaptó, como si fuera un camaleón, a las sensibilidades de su época. La franquicia es una de las más longevas de la historia del cine, apenas superada por Godzilla.
La saga de 007 tiene identidad propia. Hay constantes en las películas: la secuencia de títulos que inventó el videoclip antes de MTV (por las películas de Bond pasaron cantantes como Paul McCartney, Shirley Bassey, Duran Duran, a-ha, Adele, Billie Eilish, Chris Cornell, Nancy Sinatra, Carly Simon, Tina Turner, Madonna Tom Jones y varios más), el villano con un plan maquiavélico y alguna deformidad facial, la chica Bond que puede ser una femme fatale o una aliada, el Aston Martin, los inventos de Q, y las secuencias de acción que, sobre todo hoy en la época del CGI, son algunas de las más increíbles que se hayan capturado para el cine.
Como si fuera el famoso Martini, la fórmula de las películas es agitada pero no revuelta. Dentro de ciertos constantes aparecen ligeras o no tan ligeras variaciones, que pueden ser temáticas o estéticas. Cuando Star Wars se convirtió en un fenómeno mundial, a Roger Moore le pusieron el traje de astronauta y lo mandaron al espacio en Moonraker. Cuando el mundo cambió, y surgieron series como Miami Vice, a Timothy Dalton lo convirtieron en un espía renegado que tenía infiltrarse en una red de traficantes de drogas. Cuando las películas de Jason Bourne impusieron una edición frenética para el cine de acción, Quantum Of Solace imitió el novedoso modelo.
Es decir, 007 se supo adaptar a los tiempos tratando de no perder la identidad en el camino. Hay varias razones por las cuales cineastas como Christopher Nolan, Quentin Tarantino, Steven Spielberg y Steven Soderbergh admiran a esta saga. Algunos de estos nombres destacados hasta intentaron dirigir algunas de las películas, pero se encontraron con una barrera: Cubby Broccoli.
La familia Broccoli: productores de Bond
Cubby, junto a su socio Harry Saltzman, fue quien produjo las primeras 12 películas de Bond. Por lo menos hasta que la asociación se terminó, por diferencias creativas. Se suele especular con que Cubby tenía puesto el ojo en el espectáculo cinematográfico grandilocuente, ese que requería de la excepcional música de John Barry y de los decorados inmensos de Ken Adam. Por otro lado, Saltzman quería mantener cierta fidelidad con las novelas de Ian Fleming.
Fueron los herederos de Broccoli, Barbara y Michael G. Wilson, quienes se encargaron de tomar las riendas de la serie cuando la gasolina parecía agotada. La guerra fría parecía un recuerdo lejano en 1995. El mundo, de nuevo, había cambiado. Las películas de Timothy Dalton habían quedado lejos de los números de taquilla que había conseguido Roger Moore en sus 7 películas. Hasta que llegó Pierce Brosnan en Goldeneye.
La nueva cara de Bond le dio el aire fresco que la serie necesitaba. Aunque a las películas les fue bien en recaudación, no les fue bien en cuanto a la recepción crítica. Otro Día para Morir, la cuarta película protagonizada por Brosnan, fue un éxito comercial, pero es considerada una de las entregas más flojas de la serie. Fue Barbara Broccoli la que hizo una jugada inesperada: despidió a Brosnan y decidió reiniciar una saga que nunca se caracterizó por respetar la continuidad, para darle un nuevo lavado de cara a Bond.
La decisión fue más que arriesgada. El nuevo James Bond recibió críticas de los fanáticos. No les gustaba que fuera rubio, que no tuviera demasiada gracia y hasta criticaban que no fuera tan elegante como los anteriores. Hicieron una página para boicotear la película: CraigNotBond.com
Pero el riesgo pagó con creces. Casino Royale no solo es considerada una de las mejores de las 25 películas también fue un éxito de taquilla. Daniel Craig le dio su impronta al espía que ya no era suave, sino algo torpe y tosco. No le salía todo bien, ni tenía siempre un remate ingenioso como Sean Connery, Roger Moore o Pierce Brosnan. Al contrario, tenía algo de la melancolía de George Lazenby y la oscuridad de Timothy Dalton.
La franquicia de Bond convive con altos y bajos y la saga de Craig no fue la excepción. Skyfall fue un éxito aún mayor que Casino Royale. La segunda película más taquillera de 2012, apenas superada por la recaudación de The Avengers. Hasta ganó dos Oscar: la Academia de Hollywood no se caracterizaba, hasta ese momento, por apreciar los logros de las películas de 007. Pero ni la crítica ni los fans fueron entusiastas con todas las películas del Bond de Craig: Quantum Of Solace y Spectre así lo prueban.
Daniel Craig, como alguna vez sucedió con Sean Connery, llegó a hartarse del personaje. "Preferiría que me corten las venas antes de volver a ser Bond", dijo antes de aceptar hacer una quinta película: Sin Tiempo para Morir.
El mundo, no solo el cine, cambió para siempre
El estreno de su última película como 007 se vio afectado por la pandemia. Pero el resultado fue positivo: consiguió, en un escenario adverso para el cine, recaudar más de US$ 700 millones. No fueron los US$ 1100 de Skyfall, pero la recaudación fue considerable. Sobre todo teniendo en cuenta los números que las superproducciones, en general, durante los años posteriores a 2021 no lograron alcanzar cifras similares.
Aunque la película divide a los fanáticos, especialmente por la resolución que tuvo, también logró un conseso crítico positivo y un premio de la Academia. La saga de Craig, pese a ciertos tropiezos, terminaba con saldo positivo. Pero el futuro del agente secreto sembraba dudas porque el mundo, de nuevo, había cambiado. Las oleadas del movimiento feminista, la lucha cultural entre la izquierda y la derecha a nivel mundial, la pandemia y los vientos de guerra que soplaban desde Europa, hicieron más difícil que nunca pensar en una nueva aventura de Bond.
¿007 tenía que mantener el tono más oscuro, realista y serio de Craig? ¿Tenía que volver al paródico humor inglés de Roger Moore? ¿A la época de Connery? ¿Al equilibrio de Brosnan? ¿O buscar una nueva identidad para atraer a una generación de jóvenes que creció con celulares en la mano?
El mundo cambió tanto que hasta el cine ya no es lo que era hace 50 décadas atrás. Ni siquiera lo que era hace 5 años antes. En la década de 1960, Bond creció de la mano de United Artist, la empresa de distribución creada por artistas como Charles Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W. Griffith. Luego pasó por MGM y Universal. Pero el modelo de producción y distribución de cine que, con cambios, sobrevivió casi 100 años, ya no existe más.
Las majors, los estudios tradicionales que funcionaban como oligopolio en Hollywood, se extinguieron o existen solo en nombre. En el nuevo escenario aparecieron los gigantes del mundo de la tecnología. Empresas para las que el cine es un negocio secundario. Apple no depende de la recaudación de ninguna película para tener balance positivo. Lo mismo se puede decir de la empresa de Jeff Bezos.
Amazon es un jugador que todavía no termina de encontrar su identidad en el mundo del cine. No consigue dominar la taquilla, como Disney, pero tampoco lidera el negocio del streaming, como puede suceder con Netflix. Ni siquiera recibe premios, como sucedió cuando Apple ganó el Oscar por CODA, o se destaca por producir o distribuir cine independiente de calidad, como es el caso de Neon o A24.
El enfrentamiento con Amazon
La pulseada para quedarse con Bond no fue sencilla de ganar. Barbara Broccoli quedó debilitada cuando su hermano y compañero productor de toda la vida, Michael Wilson, decidió retirarse del negocio. Frente a esta situación, la nueva película de 007 se demoró más de lo esperado. No hubo anuncio de nuevo actor, mucho menos de una producción con un guión a la vista. Detrás de escena, se cocinaba un problema para Broccoli.
Amazon, que había adquirido la distribución global de 007 después de una compra histórica, quería que Broccoli produjera series basadas en los personajes secundarios, como la secretaria Moneypenny y el ingeniero Q, para estrenar en Prime Video. Además, le pedían a la mujer que tenía el control creativo que imitar el Universo Cinematográfico Marvel para hacer películas y series que estuvieran interconectadas.
Barbara Broccoli estalló cuando escuchó a los ejecutivos de Amazon decir que 007 era "contenido". Para Broccoli, Bond es sinónimo de cine. Y no se equivoca. La saga es tan valorada no solo por resistir el paso del tiempo y por el talento involucrado a lo largo de cinco décadas. Es una franquicia que tuvo muchos imitadores, que prácticamente inventó el subgénero de cine de acción, pero nunca lograron igualarla. Incluso cuando pueda haber películas como El Ultimátum Bourne o títulos como los últimos de Misión: Imposible, con producciones vistosas, ninguna tiene tanto tiempo encima.
Lo que el dinero de Amazon puede (y no puede) comprar
Bond es un ícono: por la música, por los actores, por las escenas de acción, por las frases, por la relevancia cultural que tiene. Nada de eso se consigue de la noche a la mañana. Tampoco se consigue invirtiendo miles de millones sin los ojos de productores que respiren cine. Amazon debería haber aprendido esa lección después del fracaso de Los Anillos de Poder. La serie no tuvo ni la relevancia, ni la importancia, ni siquiera el afecto, que logró generar la trilogía de El Señor de los Anillos. Porque, de nuevo, no basta con vaciar la billetera en una producción para conseguir una buena película.
"Los de Amazon son unos idiotas", dijo furiosa Barbara Broccoli cuando las negociaciones se hacían insostenibles. Jeff Bezos dio una orden clara: "Sáquenla del medio, cueste lo que cueste". ¿Por qué una empresa que tiene tanto, está tan desesperada por quedarse con 007?
Más allá de las comparaciones entre Bezos y Blofeld, el archienemigo de Bond, se entiende que la adquisición de la franquicia es parte de una estrategia que va más allá del dinero. Barbara Broccoli, como en su momento tuvo que hacer George Lucas con Star Wars, se despide de una saga que hasta 2025 permanecía bajo el control histórico de una familia. Es comprensible que los Oscar le hayan rendido tributo musical (aunque las cantantes hayan dejado mucho que desear) porque la industria entiende el peso, no solo simbólico, de lo que está ocurriendo. Que Amazon se quede con Bond, la última franquicia en manos de sus creadores es un punto de quiebre para el cine de las superproducciones.
Si el primer creador en tener que abandonar a su criatura fue George Lucas con Star Wars, ahora la última pieza de la resistencia acaba de caer. En redes sociales como X y TikTok aparecieron las críticas contra Amazon. Algunos decían que el homenaje de los Oscar se sintió como un in memoriam. En parte, tienen razón: fue el fin de una era.
Amazon, que hasta ahora no consigue destacarse por las películas que produce, enfrenta quizás el desafío más grande de todos: no arruinar una de las franquicias más importantes de la historia del cine. Lo que Amazon adquirió no es solo una saga cinematográfica, sino los derechos sobre un ícono de la cultura popular. Compró algo tan precioso como es el tiempo. Pero lo que no resulta tan fácil de comprar es el talento que hace que una película consiga la grandeza de las obras que perduran, justamente, en el tiempo.