Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , Apple TV, Flow, Disney Plus y cines.
1. Película para ver en el cine: Una batalla tras otra
Paul Thomas Anderson (Boogie Nights, Petróleo sangriento, The Master), siempre dispuesto a tensionar los límites del cine estadounidense, se inspira aquí en la novela Vyneland de Thomas Pynchon para construir una fantasía que descoloca por sus desplazamientos ideológicos. El film parte de una premisa provocadora: los villanos ya no son "los de afuera" (nazis, rusos, árabes), sino un estado policial supremacista blanco; y los "héroes" —o al menos el grupo que concentra la simpatía de la narración— son los French 75, una célula insurgente que remite directamente a las guerrillas contraculturales de los años sesenta y setenta. Anderson apuesta a una inversión de roles dentro del imaginario hollywoodense, aunque no siempre logra sostener su propuesta sin adentrarse en la caricatura. El film juega con la idea de un regreso del terrorismo "romántico", aquel que hace estallar edificios o asaltar bancos sin mostrar una gota de sangre, mientras que la violencia más descarnada queda del lado del poder institucional.
Sin embargo, la estructura del relato introduce un problema de verosimilitud: existe una brecha de dieciséis años entre el primer tercio de la película y lo que sigue, lo que obliga al espectador a aceptar un anacronismo difícil de justificar en clave política —como si en 2009 hubiera existido una izquierda insurgente en EE.UU. capaz de atentar contra las políticas migratorias o raciales de la administración de turno. En ese sentido, la película corre el riesgo de caer en el mismo terreno de fábula en que el Coyote y el Correcaminos se persiguen eternamente sin mayores consecuencias. Aunque Una batalla tras otra cita explícitamente a La batalla de Argelia, inscribirse en el linaje de los grandes films políticos de Pontecorvo, Rosi, Bellocchio, Solanas y Gettino, o Costa-Gavras le queda, por ahora, demasiado grande.
Donde sí funciona el film es en su cruce genérico: un melodrama con escenas de acción, buddy movie y thriller de persecución. El núcleo dramático —una hija disputada por dos "padres" de motivaciones opuestas tras la deserción de la madre— aporta una resonancia emocional que equilibra el exceso alegórico. Allí emerge la figura de Sensei (Benicio del Toro), el único personaje que rehúye la caricatura y que ofrece una alternativa ética sin armas, tendiendo puentes entre la opresión y la esperanza. Anderson ensaya un estilo más fragmentado en esta ocasión, con montaje entrecortado y menos planos secuencia, acercándose al pulso del cine de acción contemporáneo más que a las coreografías visuales de sus homenajes a Kubrick o Scorsese.
Las actuaciones elevan el nivel del film. Leonardo DiCaprio construye una vez más un personaje atrapado en la eterna adolescencia, que se ahoga en la niebla del cannabis; Sean Penn, en cambio, impone una presencia que bascula entre la caricatura y lo monstruoso, como un cruce entre el Terminador y el Dr. Strangelove, con una energía que podría valerle un nuevo reconocimiento de la Academia. Benicio del Toro aporta equilibrio y humanidad; Teyana Taylor se roba el primer tercio del relato con un personaje que evoca a las heroínas de la blaxploitation; y la debutante Chase Infiniti encarna con solidez la confusión a la que la someten sus "padres" y la promesa de un futuro birracial.
Así, Una batalla tras otra confirma la maestría de Anderson como narrador de los desequilibrios de poder en los vínculos humanos. Aunque su intento de inscribirse en el canon del cine político resulte forzado, el film brilla cuando se reconoce como un melodrama atravesado por la acción y el virtuosismo formal de un director que sigue explorando las fisuras de la identidad estadounidense.
Muy recomendada.
2. Película para ver en Apple Tv: Todo de ti
Sir David Lean (Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, La hija de Ryan) solía decir que si un guion tenía 5 escenas buenas bastaba para hacer una buena película. Y él sabía de esto, siendo el responsable de uno de los dramas románticos más importantes de la historia del cine, Breve encuentro (1945), en donde una pareja no terminaba de consolidarse -no sólo por estar casados- sino también por las constricciones morales de la época.
Todo de ti es una muy buena película y tiene más de 5 escenas de excelencia. Laura y Simon se comunican con miradas devoradoras. Se conocieron en la universidad y desde entonces se volvieron inseparables. Las parejas iban y venían en sus vidas, pero ellos eran la constante del otro. Entre risas, juegos y complicidad, han creado un universo propio, una burbuja íntima en la que el tiempo parece suspendido. Sin embargo, la intensidad de esos sentimientos nunca se articula en palabras: su vínculo permanece en el terreno de la camaradería juguetona. Es algo frustrante, sobre todo cuando Simon recurre a una prueba de compatibilidad —único elemento futurista de la trama, totalmente prescindible— para convencer a Laura. En ese momento, el espectador querría gritarles que se besen de una vez y pongan fin a la dilación.
Dirigida por el británico William Bridges —guionista de episodios de Stranger Things y Black Mirror— la película indaga en la posibilidad de que una amistad prolongada desemboque en amor. El relato juega con esa tensión, aunque sabe que resolverla demasiado pronto sería letal para su propio desarrollo. Lo cierto es que Imogen Poots y Brett Goldstein hacen de esa espera algo placentero: ambos irradian simpatía y sostienen con carisma el peso emocional del relato. Goldstein, conocido por la serie Ted Lasso, combina rudeza, humor y vulnerabilidad en dosis exactas; Poots, con su encanto natural y su delicadeza, irradia magnetismo. Es fácil entender por qué Simon no puede dejarla ir.
Todo de ti no busca innovar con giros narrativos radicales ni dobles lecturas: su historia es sencilla, incluso previsible y a ratos repetitiva. Pero el descubrimiento del afecto mutuo, aunque nada sorprendente, mantiene su fuerza gracias a la naturalidad de las actuaciones. La película atrapa menos por el "qué" y más por el "cómo". Y en ese terreno, Bridges logra un drama romántico cálido, sensible y cercano, sostenido por personajes que invitan a la empatía.
Muy recomendada.
3. Miniserie para ver en Disney Plus: El caso de Ruby Frankle
Este documental en tres episodios ofrece un retrato impactante de uno de los casos criminales más perturbadores relacionados con el mundo de los blogueros familiares en YouTube. La producción, dirigida por Olly Lambert, se sitúa por encima del promedio dentro del género gracias a la inclusión de entrevistas con Kevin Franke, ex esposo de Ruby, y con sus hijos mayores, Shari y Chad. Sin embargo, hay una ausencia notoria: la serie dedica escasa atención a Jodi Hildebrandt, socia de negocios de Ruby y cómplice en los mismos delitos de abuso infantil, pese a que ambas fueron condenadas en febrero de 2024 a penas de hasta 30 años de prisión.
El documental resguarda la identidad de los cuatro hijos menores del matrimonio, aún bajo tutela judicial al momento del estreno, luego de haber sido enviados a hogares de acogida tras la detención de Ruby. Kevin, por su parte, luchaba por la custodia en tribunales juveniles. Cada episodio sigue un arco narrativo claro: Abundancia muestra los años de aparente felicidad y el ascenso del canal de YouTube 8 Pasajeros; Distorsión expone la caída pública de Ruby y su relación codependiente con Hildebrandt; y Verdad revela el abuso y el juicio que culminó con las condenas.
La narración se abre con imágenes de una cámara de seguridad: el 20 de agosto de 2023, el hijo de 12 años de Ruby y Kevin escapó de la casa donde estaba retenido y pidió ayuda en el domicilio de un vecino en Ivins, Utah. Su cuerpo estaba desnutrido, cubierto de moretones y con cintas adhesivas incrustadas en la piel de piernas y muñecas. El hombre que lo recibió, un anciano cuya identidad se mantiene en reserva, llamó al 911 entre lágrimas mientras relataba el estado del menor. Ese episodio detonó la intervención policial que condujo a la detención inmediata de Ruby y Hildebrandt, y reveló la magnitud del horror vivido por los niños.
El documental repasa el origen de la notoriedad de los Franke, una familia mormona que había alcanzado millones de seguidores con 8 Pasajeros, un canal que llegó a reunir 2,5 millones de suscriptores y generar hasta 100 mil dólares mensuales. Entre más de mil horas de material inédito, se aprecia cómo Ruby podía pasar de mostrarse como madre cariñosa frente a la cámara a escenas de humillación y crueldad cuando suponía que esas tomas serían editadas. El mandato constante de "fingir felicidad" deterioró profundamente la relación con sus hijos, en especial con Chad, quien fue castigado durante siete meses sin cama y obligado a dormir en un puff. Cuando esa sanción se hizo pública, estalló la indignación de la audiencia y el canal se derrumbó en 2022.
El coctel entre religión, grupos de autoayuda y malos tratos desemboca en los horrores exhibidos en el tercer episodio: en un entorno barrial de gran lujo -parece salido de Amas de casa desesperadas- un grupo de niños era sometido a torturas indecibles por su madre y su "psicoanalista" de cabecera, que habían logrado convencer a Kevin de que los niños estaban poseídos por el demonio. La historia narrada -con buenos recursos- sorprende y desafía cualquier fantasía inventada por Hollywood.
Muy recomendada.
4. Serie para ver en Netflix: Incontrolables
Este thriller canadiense en 6 episodios está ambientado en Tall Pines, un apacible y pintoresco pueblo lleno de gente amable. Al menos esa es la primera impresión de Alex Dempsey (Mae Martin), quien se muda allí con su esposa embarazada Laura Redman (Sarah Gadon), de regreso a la ciudad natal de ella. Pero la tranquilidad se resquebraja cuando un chico escapa del internado local, una institución para "encauzar" a jóvenes problemáticos. Evelyn Wade (Toni Collette), la directora, intenta restar importancia a los hechos, pero pronto queda claro que algo turbio ocurre tras esos muros. Varias estudiantes, entre ellas Leila (Alyvia Alyn Lind) y su mejor amiga Abbie (Sydney Topliffe), lidian con reglas abusivas que buscan más quebrar voluntades que educar.
Mae Martin, creador/a de la serie y protagonista, no demora en plantear el misterio: el internado es el núcleo del conflicto. El punto de vista se divide entre Alex, que busca respuestas en medio de obstáculos, y las estudiantes, que ofrecen la visión interna de un centro que se presenta como espacio de redención pero que en realidad somete a los jóvenes mediante métodos crueles y cuestionables.
Aunque evoca casos reales de instituciones, esta serie no se inspira en hechos concretos ni busca un enfoque estrictamente realista. Su propósito principal es mantener el suspenso: el público debe preguntarse si las adolescentes lograrán escapar y qué secretos esconde la escuela. El componente de misterio funciona bien en ciertos tramos, pero la serie se extiende demasiado y se repite, lo que le resta fuerza.
El elenco contribuye a la ambigüedad tonal. La gran Toni Collette resulta perfecta como Evelyn, una autoridad que mezcla dulzura fingida con inquietante amenaza, rasgo que la actriz maneja con maestría. Mae Martin, en cambio, genera cierta disonancia: a sus 38 años luce más joven de lo que corresponde a un investigador novato, lo cual acerca a Alex a los adolescentes, pero debilita la credibilidad de su rol profesional. Esa fragilidad actoral se suma a un guion que, por momentos, opta por excesos poco verosímiles, haciendo que la serie pierda contundencia justo cuando parecía despegar.
Incontrolables puede interesar más a un público de mentalidad adolescente, que busque un thriller con tintes de misterio psicológico y personajes atrapados en un sistema opresivo. Para los adultos hay propuestas superadoras.
Recomendada.
5. Serie para ver en Flow: Barreda, el odontólogo femicida
Este documental condensó en dos episodios de 30 minutos uno de los crímenes más recordados de la historia argentina: el cuádruple asesinato perpetrado por Ricardo Alberto Barreda el 15 de noviembre de 1992, cuando mató a su esposa, Gladys McDonald; a sus hijas, Cecilia y Adriana; y a su suegra, Elena Arreche. La serie intenta desentrañar cómo un odontólogo de vida aparentemente normal se transformó en un asesino que conmovió a toda la sociedad, ofreciendo un relato que combina reconstrucción de hechos y análisis sociocultural.
El documental se apoya en entrevistas a periodistas, especialistas y allegados al caso, incluyendo a Rodolfo Palacios, autor del libro Conchita, Ricardo Barreda, el hombre que no amaba a las mujeres; Mariana Carbajal, referente del movimiento Ni Una Menos; y Mauro Szeta, especialista en sucesos policiales, que acude a neologismos como "esmirria" para describir al dentista. También aparece el polémico Gustavo Cordera inscribiéndose como el último término de una genealogía muy desafortunada de los que podrían haberse dejado llevar por los "crímenes de pasión". La inclusión de testimonios de figuras vinculadas directamente a la investigación —subcomisario, perito y juez— otorga solidez al relato, aunque en ocasiones las dramatizaciones resultan pobres y algo superficiales, limitando la posibilidad de un análisis más profundo de la psicología del victimario y de sus víctimas.
La producción, realizada con recursos limitados, logra capturar el contexto sociocultural de los años 90, cuando la violencia de género era minimizada y, paradójicamente, Barreda llegó a convertirse en una figura casi popular. El guion revisa las contradicciones surgidas durante el juicio oral y plantea un marco crítico sobre la impunidad social y mediática que rodeó al caso. Sin embargo, el formato de corta duración y la densidad de la información generan momentos apresurados, cuando ciertos detalles de la investigación y del trasfondo familiar podrían haberse explorado con mayor profundidad.
Finalmente, la serie recorre la trayectoria posterior de Barreda: condenado a prisión perpetua en 1995, obtuvo arresto domiciliario en 2008 por buena conducta y edad avanzada; revocado temporalmente en 2011 por incumplimiento de condiciones, restituido poco después y finalmente liberado bajo libertad condicional. Sus últimos años los pasó en un geriátrico, afectado por Alzheimer, hasta su muerte el 25 de mayo de 2020. El ritmo es ágil, pero el documental peca de cierta superficialidad en el análisis de los factores humanos y sociales detrás del crimen, lo que deja al espectador con la sensación de que la historia apenas roza la complejidad del caso, pese a su indudable valor informativo.
Recomendada... con reparos


