"El arte moderno" hace gala de ser efímero. A los legos nos resulta a veces desmesurado.
La "banana pegada en la pared" (banana fresca pegada a la pared con cinta adhesiva) es la obra "Comedian", de M. Cattelan. En su exhibición en Art Basel (Miami) el artista D. Datuna se la comió. La "manducación de la banana" fue la obra: "Artista Hambriento". Veamos.
La banana se pudre en pocos días y por eso, "la obra", se vende con su "Manual de instrucciones" para reponerla. Se vendió por lo menos en dos oportunidades por US$ 120.000 cada una. El manual garantiza la repetición.
Hay un aire de familia entre "Comedian" seguida de "Artista Hambriento" y las políticas económicas (las que sí o sí, son "sociales") que se han aplicado en esta Galería de Fracasos -que somos nosotros- en los últimos 50 años.
El aire de familia consiste en que han predominado políticas de "corto plazo" (que duran poco, se "pudren") ora destinadas a lograr equilibrios macroeconómicos para combatir la inflación, ora políticas de "corto plazo" para combatir la caída en el nivel de actividad.
Cada una de esas políticas, efímeras como la banana y pegadas a la realidad con una cinta débil, están siempre prestas a ser repetidas, basadas en un Manual que excluye tiempo y espacio. La "obra", es decir, la política habitualmente termina al igual que el "Artista Hambriento" que evoca el final de todas esas políticas. En los últimos 50 años se registra el continuo aumento de la pobreza.
Hay un "aire de familia" entre las políticas de este último medio siglo, signadas por el corto plazo, y la "banana en la pared" y las consecuencias de ambas.
Todas estas políticas - a pesar de diferentes objetivos - registran predominante visión de "corto plazo" y desprecio o ignorancia, de sus consecuencias (económicas y sociales) y una carencia de pensamiento estructural o de largo plazo, que es la "materialidad" en la que todo se basa.
Todas las políticas se han aplicado con "un manual" preestablecido, ignorante del contexto de tiempo y espacio, lo que las hace inevitablemente equivocadas.
No hay "keynesianismo" aplicable y útil, con escasez de dólares y alta inflación; ni "ortodoxia" aplicable y útil, con escasez de dólares y recesión profunda.
Cincuenta años aplicando manuales sin adecuación al contexto. En todos los casos, desde "El Rodrigazo" y hasta "G. Rubinstein y S. Massa", "la banana se pudrió" y el "Artista Hambriento" se manifestó en que, desde hace 50 años, cada una de las experiencias incrementó el número de personas en la pobreza al ritmo de 7% anual, pasando de 1 millón a más de 20 millones: fábrica de pobres.
Las experiencias, tal vez con años de éxito efímeros (como la banana), siempre terminaron mal (al final se pudre) y siempre con más pobreza ("Artista Hambriento").
Fábrica de pobres o construcción de decadencia, concepto que sólo adquiere sentido después de una previa etapa de progreso. Números y pobreza, que no entiendo por qué algunos colegas ignoran.
Comparaciones. Entre 1974 y 2024, medio siglo, el PIB por habitante, que es una buena medida de la productividad y las posibilidades de bienestar, creció 25%. "Crecimiento, desarrollo y progreso" magro y patético, comparado con las naciones vecinas; y con los cincuenta años que van de 1924 a 1974 en los que el crecimiento del PIB ph fue 96%. En aquellos 50 años duplicamos las posibilidades de bienestar y al final del período los pobres eran 6% de la población.
Ese fue el progreso previo a la decadencia que se disparó con el primer programa (1975) inspirado en los fundadores del CEMA: R. Zinn y P. Pou.
En los 50 años que terminan este 2024, la pobreza condena a la mitad de los argentinos y a 40% de los trabajadores en blanco.
Un fiscal intelectualmente honesto, diría: "no hay más preguntas".
Alguien, no traicionado por la ideología ("una visión deformada de la realidad que se mantiene para perseguir determinados objetivos", A. Cortina), se preguntaría qué hicimos desde 1975 para merecer esto. Buscaría los patrones de las políticas económicas (objetivos y métodos) aplicadas, para no repetirlos.
Un patrón es el predominio del corto plazo (sea de "forma" keynesiana u ortodoxa) sin "pensamiento situado en tiempo y espacio" y sin marco de "largo plazo".
Sin ese marco, que es el rumbo, inevitablemente se produce "choque", "ruptura", "desacumulación".
Todas las políticas ("programa" por abuso de lenguaje) ignoraron el diagnóstico de estanflación, que es el único correcto desde 1975 a la fecha. Y al ignorarlo trataron de contener la "inflación", profundizando el estancamiento, inmediato o futuro. O trataron de superar el "estancamiento" profundizando la inflación inmediata o futura.
A cada intento de estabilización, más tarde o temprano, le estalló el estancamiento; y a cada intento de reactivación, más tarde o más temprano, le estalló la inflación.
Síntesis: en 50 años de inflación y estancamiento, los policy-makers ignoraron que estuvimos y estamos, en "estanflación" y de eso no se sale con el manual.
En defensa del "corto plazo", como métrica de la política económica de manual, y en rechazo a pensar el largo plazo, que es el futuro deseado y posible, "La Nación" (10/11) haciendo ideología, señaló que "con la excepción del período 1991-1999, Argentina decayó con prisa y sin pausa". Verdad parcial. Cavallo, autor de la convertibilidad, vio estallar "su régimen" por desconfianza: encorraló a los bancos luego del derrumbe del empleo, la explosión de pobreza, deuda externa, fuga de capitales y cierre de empresas, como consecuencia de atraso cambiario más apertura, financiada con deuda impagable.
Usamos toneladas de anfetaminas para adelgazar (inflación), porque quitan el apetito, pero pueden llevar a la autodestrucción. Nos pasó.
Dice LN: "Los residentes han acumulado casi medio PIB en el exterior o bajo los colchones, sin deseo de ingresar esos fondos, con planes o sin ellos". LN no fecha el inicio de la fuga, ni informa cómo fueron financiadas. Los gobiernos de los últimos 50 años (Cristina incluida) han financiado fugas con deuda o quema de reservas. El editorialista no ha denunciado la "inmoralidad pedagógica" de los blanqueos de 50 años de los que, el más inmoral (gratuito y a la carta) es el de Caputo. También ignoró el régimen de Tierra del Fuego, inmoral e inútil, que tiene a la familia Caputo como beneficiaria. ¿Por qué callar?
Dice LN: "La forma de alinear incentivos para crecer con inversiones, es consolidar un marco institucional de acceso abierto, cuyo ejercicio no requiera contactos con autoridades sino aplicando normas transparentes y no discrecionales cuya perdurabilidad garantice seguridad jurídica... sin planes trienales, ni quinquenales". ¿Es una denuncia del RIGI? Porque en el RIGI, asociado a un blanqueo, los sectores beneficiarios están digitados y un burócrata deberá aprobar el regalo tributario y de comercio exterior que el fabuloso RIGI implica.
¿El editorialista ignora que "los históricos planes aludidos" no generaban beneficios apropiables: sólo líneas de acción pública? Desconoce el objetivo y el método de esos planes y también ignora la calidad intelectual y moral de sus autores, a lo largo de 30 años: J.E. Miguens, C. Moyano Llerena, R. Carranza, JM Dagnino Pastore, J. Villanueva, E. Folcini, Manuel Solanet y el apoyo de la U. de Harvard (R. Mallon) y de la CEPAL. Todo antes de 1975.
En los 30 años (1944/74) en que la gestión contó con una visión de largo plazo, el PIB ph creció 72% y en la última década (1964/74) 33%. Fue la segunda década de mayor crecimiento del PIB ph de la historia, después de la de 1884/1894 con 49% de crecimiento.
La generación del '80 construyó un proyecto de "país pensado": es lo que hacen "los planes". Aquella construcción estuvo fundada en una idea profunda de largo plazo. Los años de planeamiento o de pensamiento de largo plazo, del SXX también respondían a visión y sus resultados están en los números: medida de la productividad y capacidad de inclusión y bienestar. Mirar los números con honestidad es un deber.
Las políticas económicas, desde 1975, terminaron con el CONADE y con el pensamiento de largo plazo y la una visión sistémica y multidisciplinaria de prioridades. Eso hizo posible, por ejemplo, destruir el sistema ferroviario (Menem) o intentar el tren bala o la manera en que se encara la represa de Santa Cruz, sin transporte de energía pensado (Cristina). Ninguna economía moderna y prospera, prescinde del mercado y del plan. Ninguna empresa se conduce sin una estrategia de largo plazo.
La ausencia de "plan" señala ausencia de compromiso e incapacidad de control social. C. Menem, condenado por la Justicia y "Robo para la Corona", C. Kirchner condenada por la Justicia y "Lázaro Baéz", fueron adalides "sin plan". Podemos hacer más nombres.
La ausencia de plan, no sólo es ausencia de rumbo ("no hay viento favorable") sino el reino de la discrecionalidad.
Todas las políticas de los últimos 50 años, sin plan de largo plazo y a pesar de sus diferencias de objetivos e instrumento, todas por su corto placismo, como la "banana pegada a la pared" y su deriva estrepitosa del "artista hambriento", tiene éxito por un rato,
Los autores gritan "milagro" (lo dijeron Martínez de Hoz, Cavallo, Néstor y ahora Caputo)
Pero en política económica, habitualmente, los "milagros" son "espejimos" en un desierto de fracasos. Y como los espejismos, al aproximarse la realidad, se desvanecen. ¿Cuántas veces lo vimos?
Todas las políticas, hasta aquí y al menos desde 1975, han sido efímeras y todas "se pudrieron", es decir, terminaron mal e inclusive peor que cuando comenzaron. La razón es la de aplicar un "manual" sin contexto (tiempo y espacio) y sin "plan" o rumbo material.
La vieja sentencia de "no se preocupe m'hijo que los que vengan nos harán buenos" se ha cumplido rigurosamente. El último parece mejor que el anterior. Pero por un tiempo, hasta que "se pudre" como una banana pegada a la pared, a la que el marketing la hizo valer una fortuna.