Panorama

Un país violento, el lugar hacia donde no debemos ir

Ni siquiera Cristina Fernández se había atrevido a tanto.

Fran Fijap, protagonista de la violencia
Fran Fijap, protagonista de la violencia .
Hernán Rossi 21 octubre de 2024

Es probable que rememorar constantemente el pasado resulte aburrido. También es cierto que, al hacerlo, se romantizan hechos que no ocurrieron de la manera idílica en que se narran y, sobre todo, se pierde de vista la construcción de un presente y un mejor porvenir. Sin embargo, cuando encontramos elementos históricos que se vinculan con los valores que deseamos instalar en el presente, no debemos desaprovechar la oportunidad de traerlos, capitalizarlos y adaptarlos a la lógica actual para construir un país mejor. Se trata de aprender del pasado, no de vivir de él. 

Apenas se conoció el resultado de la elección presidencial de 1983, Raúl Alfonsín expresó: "Acá hemos ido a una elección, hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie porque todos hemos recuperado nuestros derechos, y de esta manera tenemos que trabajar hacia adelante." Su narrativa, tanto en campaña como en su gobierno y posteriormente como expresidente, se basó en lograr la unidad. Sin resignar identidad y respetando las ideologías, invitaba a los diferentes partidos políticos a construir un proyecto de país, siempre sobre la base del disenso. 

Para Alfonsín, así como para Balbín y muchos de nosotros hoy, la base de la democracia es la existencia del disenso. En una entrevista con Alberto Nadra, expresó: "Hay consensos que se van a lograr sobre la base de disensos que tienen que existir, porque la democracia nunca puede ser el consenso unánime. De lo contrario, sería la paralización y la muerte de la política." 



El problema de la democracia no radica en la existencia de posiciones controvertidas, sino en la radicalización de esas posturas. Cuando esto sucede, el sistema, pensado sobre la base de consensos, se paraliza y la gestión implosiona. El Estado se atrasa y los cambios no se producen. La trampa está en que la polarización, o, mejor dicho, el populismo discursivo, resulta efectivo a la hora de ganar elecciones y mantenerse en el gobierno. La llegada de Milei a la presidencia demostró que, por más útil que sea esta estrategia, la sociedad no aguantaba seguir así. 

Paradójicamente, Milei, que se abrió camino con un estilo que entremezclaba lo bizarro con lo violento, inauguró un discurso que nunca se había pronunciado desde el poder. Ni siquiera Cristina Fernández se había atrevido a tanto. 

La burla, el lenguaje soez y los insultos que expresó durante la campaña electoral se incrementaron con la llegada a la presidencia, en donde el tono se volvió más agresivo, agravado por el hecho de ser la autoridad presidencial. 



Lo mismo pasó con sus seguidores, quienes en las redes sociales fueron aumentando el tono a la hora de reproducir este discurso violento que él mismo se encarga de validar retuiteando, poniendo "me gusta" y contestando de forma diaria. Se trata de una metodología que ha dejado de asombrarnos, pero que evidentemente está empezando a cosechar sus frutos. 

El miércoles pasado, cuando se definía si el veto presidencial al proyecto de financiamiento universitario prosperaba o se convertía en ley, fue noticia que Franco Antunes, conocido en redes sociales como Fran Fijap y portavoz del discurso libertario con un estilo similar al de Milei, fue golpeado salvajemente por un grupo de personas en las afueras del Congreso. 

Minutos antes de ser agredido, había festejado en Twitter el rechazo al veto, expresando: "Se mantiene el veto contra el proyecto de los degenerados fiscales. LTA zurdos". 



La semana anterior, había intentado increpar a Martín Lousteau durante una marcha. Ante la negativa de Lousteau a hablar con él, persistió con su actitud violenta, pero fue removido por quienes lo rodeaban, lo que le dio argumentos para acusar ser víctima de violencia. Evidentemente, ese hecho fue un adelanto de lo que ocurriría una semana después. Como se puede ver en los videos que circulan en redes sociales, y como expresó el propio Fijap horas después, dio la sensación de que le podrían haber quitado la vida. De no ser por la gente que intervino para evitar la golpiza, estaríamos hablando de una tragedia, y lo que se viralizó de forma burlona podría haber escalado a algo de suma gravedad institucional. 

Lo más preocupante es que, lejos de reflexionar sobre su actitud provocadora, que bajo ningún punto de vista justifica la agresión recibida, tanto él como el aparato libertario redoblaron la apuesta. Cabe recordar que horas antes de que Fijap publicara su tweet y fuera brutalmente golpeado, Milei había expresado en la XXXV Asamblea Plenaria del Consejo Empresarial de América Latina que no había que "darle lugar a los zurdos de mierda que vengan a decir que eso está mal. Porque ellos, que se basan en la envidia, el odio y el resentimiento, van a venir a hinchar las pelotas con el coeficiente de Gini, la desigualdad". 

Como dice la Tercera Ley de Newton, "por cada acción hay una reacción de igual magnitud, pero en sentido contrario". La inquietud que muchos teníamos de que la violencia verbal de Milei pudiera derivar en violencia física empieza a mostrar sus primeros síntomas. Pero no como una acción, por ahora, del gobierno o sus seguidores, sino como una reacción de los agredidos. 



Lejos de concebir al disenso como parte fundamental de la democracia, Milei apuesta a estigmatizar a la oposición y a la gente que no comparte su visión tensando una cuerda que, producto de la situación económica, cada vez se pone más finita. 

La actitud de Milei no solo da vergüenza, sino que empieza a ser peligrosa. Las divisiones irreconciliables y la violencia no son el camino que debe transitar la Argentina si lo que aspiramos es a construir prosperidad.

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