"Necesitamos que avance una idea socialdemócrata en 2027"

Roy Cortina: "Milei significa la desaparición drástica de la clase media"

El presidente del Partido Socialista porteño Roy Cortina perfila el rol de su espacio para las elecciones de 2027 y marca un límite frente al proyecto libertario. Con fuertes críticas al modelo actual, propone conformar un gran gobierno de unidad nacional de matriz socialdemócrata para recuperar el desarrollo productivo.

“El Partido Socialista nunca ha tenido una estrategia nacional clara de acceso al poder”, señala Cortina.
“El Partido Socialista nunca ha tenido una estrategia nacional clara de acceso al poder”, señala Cortina.
Ramiro Gamboa 22 julio de 2026

La historia de Roy Cortina, quien preside el Partido Socialista de la Ciudad de Buenos Aires, se desempeña como subsecretario de Políticas Culturales del Gobierno de la Ciudad y ejerce funciones dentro del equipo de relaciones internacionales de la UBA, se lee como un manual de tenacidad, el de alguien dispuesto a resistir

Robert Vincent Cortina (ése es su nombre legal) nació en Nueva York a principios de 1964. Pesó cinco kilos. Las enfermeras de la clínica en Manhattan le dijeron a la madre de Roy que el bebé parecía un "rollito". En la familia quedó Royito. Años más tarde, con la intención de darle mayor seriedad al sobrenombre, sus familiares y allegados probaron con Royo. La variante fracasó. Fue su primo Marcelo Lavalle quien resolvió el problema. Marcelo era cinturón negro de karate, una disciplina a la cual introdujo al adolescente para blindar su autoestima y en la cual el propio Roy llegó a ser cinturón marrón. Con la autoridad propia de alguien admirado con devoción, este primo mayor le quitó la letra final a ese apodo fallido "Royo". Así quedó "Roy".

El padre de Roy pertenecía a la Marina Mercante y acumulaba un vasto recorrido por los puertos del mundo. Todo ese afán de ultramar se detuvo de golpe. 



Tras un enamoramiento a primera vista con la madre de Roy, el marino decidió renunciar a los océanos, abandonar los barcos y construir una vida familiar en tierra firme. Una de las tantas crisis económicas argentinas de mediados de la década de 1950 acorraló al padre y lo empujó a probar suerte en Estados Unidos junto a su esposa. Hacia 1956, se instalaron en Queens. En Nueva York consiguió trabajo como vendedor en una fábrica de ascensores. Había una promesa de traslado a Sudamérica, un regreso con gloria. 

Aunque a veces el destino tiene formas crueles de intervenir. Un cáncer fulminante le quitó la vida al padre a los 39 años. Roy apenas tenía un año de vida. Su madre emprendió el regreso a la Argentina con el alma rota y a cargo de dos niños. 

Fueron a Mar del Plata. 



Su madre Josefina, con la decisión de no volver a casarse jamás, necesitaba un lugar libre de los recuerdos compartidos con su esposo. Mar del Plata le ofrecía una geografía inédita para el duelo y la red de contención de sus familiares: la tía materna de Roy y el esposo de ella, un hombre convertido pronto en una figura paterna para Roy y su hermano.

Allí transcurrió la niñez de Roy en la escuela pública Pascual Mugaburu. La patria emocional del dirigente se forjó de manera definitiva en las calles marplatenses, al abrigo del afecto familiar y de las amistades del barrio.

A los doce años, una mudanza a Buenos Aires desgarró el mundo de Roy. La decisión de su hermano Rubén, de diecinueve años, de estudiar abogacía en la Universidad de Buenos Aires, hizo que la  madre no quisiera dejar solo a su hijo mayor en la capital. Por ese motivo, toda la familia se trasladó a la gran ciudad.



Roy lloró con desesperación en el micro que lo alejaba de la infancia marplatense. Pasaron a vivir en un modesto dos ambientes sobre las calles Suipacha y Córdoba. Viajaba a diario en la línea 59 hasta una escuela en Vicente López, conseguida a último momento. Nunca faltó comida, aunque el dinero escaseaba. Los veranos y los inviernos significaban el regreso a la costa para trabajar en el polirrubro del tío y reencontrarse con sus tres grandes amigos del barrio. Esos mismos chicos, dos años más grandes que él,  tiempo después, irían a pelear a Malvinas.

En el cuarto año del secundario, surgió para Roy la oportunidad de una beca de intercambio con la organización American Field Service. El proceso de selección demandó meses de exámenes, en los que los reclutadores buscaban perfiles con resiliencia y empatía. 

La economía de su madre era austera; de hecho, la familia subsistía en el día a día gracias a la ayuda de sus tíos marplatenses. A pesar de esa estrechez, la madre lo apoyó y, con enorme esfuerzo, lograron juntar US$800 para abonar la contribución voluntaria que sugería la institución. Roy viajó a Wisconsin, Estados Unidos, a un pueblo recóndito llamado Kimberly, dominado por una inmensa fábrica de papel.



Lejos de estar a la deriva, el programa lo insertó en la intimidad de una familia estadounidense encargada de brindarle alojamiento y sustento económico. Además de esa estructura, Roy eligió palear nieve en invierno, cortar el pasto en verano y distribuir los diarios en el pueblo, para obtener ingresos adicionales, labores compartidas con los cuatro hijos varones de la familia anfitriona. 

Ése año en el hemisferio norte lo deslumbró. Encontró una biblioteca escolar monumental, para profundizar su amor por la lectura y los libros, descubrió la posibilidad de elegir sus propias materias de estudio y se fascinó con la oferta televisiva ininterrumpida, desde las noticias de CNN hasta las películas por cable, algo impensado en la Argentina de esa época. Pero algo sorpresivo sucedió mientras estaba allí: la guerra de Malvinas, que le despertó desde el lejano Wisconsin un sentimiento de bronca e instintivo nacionalismo.

Al regresar a la Argentina, a mediados de 1982, la dictadura se resquebrajaba tras la derrota bélica en Malvinas y daba inicio la efervescencia de la transición democrática. El hermano de Roy, Rubén, nueve años mayor, ya militaba en el Partido Socialista. Eran los años de la dictadura. Las reuniones políticas se camuflaban en asados y clubes de barrio. Rubén, un fanático de los Beatles con el pesar de haberse perdido el histórico recital del Shea Stadium cuando vivían en Nueva York,  por una gripe, le contagió a Roy la pasión por los Fabulosos Cuatro y por la militancia política. A los quince años, en las postrimerías de la dictadura, Roy había comenzado a asistir a encuentros clandestinos del PS. Un amigo de Rubén, Pepe Robles, le bajaba libros para explicarle la realidad política del país y del mundo. El socialismo se convirtió así en su espacio ideológico.



Su etapa de militancia universitaria comenzó en Ciencias Económicas donde creó una agrupación universitaria que llegó a ganar en un Frente las elecciones estudiantiles. Convertido en dirigente estudiantil, fundó otras agrupaciones, entre ellas la Nuevo Derecho en la Facultad de Derecho de la UBA, la más importante, y llegó a ser Secretario General de la FUBA y Secretario de Extensión Universitaria de la Facultad de Económicas. Fueron los años en los que comenzó a  forjar su camino político.

En 1996, Roy llegó a ser convencional constituyente de la ciudad. Años más tarde, en 2002, participó de la histórica reunificación del Partido Socialista, una fuerza dividida durante casi medio siglo. 

El momento de mayor fragilidad física y política fue en el 2005, un año de derrotas internas y del estrés que le generó un ciclópeo e inédito proceso de elaboración participativa de la ley de Comunas. Roy ya era legislador y presidente de la comisión de descentralización. Repentinamente sufrió un colapso de salud gravísimo. Lo operaron de urgencia y se salvó por poco. Con los ganchos de la cirugía todavía en la piel, Roy acudió a la Legislatura para votar la ley de su autoría. Un tiempo después, fue nombrado como ministro de Descentralización en el gabinete de Jorge Telerman. Más adelante, su carrera sumó un nuevo capítulo al acceder a una banca como diputado nacional.



"Siempre resisto e insisto", resume él en diálogo con El Economista. En la actualidad, padre de tres hijos y en pareja con Carolina desde hace catorce años, Roy observa el devenir nacional con la templanza de quien conoce en profundidad las vicisitudes de una  construcción política dificultosa: la de proyecto socialista en  Argentina.

Roy Cortina
"Siempre resisto e insisto", resume Roy Cortina. 

—De cara a las elecciones de 2027, ¿cuál será el rol del Partido Socialista en el escenario político? —le pregunta El Economista a Roy Cortina. 



El socialismo va a tener un rol clave en la elección de 2027. El Partido Socialista en la ciudad tiene un trabajo interesante desde hace mucho tiempo. Es una presencia que no tiene nada que envidiar a la de los partidos grandes, en especial en la Comuna 4, en los barrios de La Boca y de Barracas; en Parque Chacabuco de la Comuna 7, y en los barrios de la Comuna 10. Tenemos un número grande de afiliados.

Somos el tercer partido de la ciudad en cantidad de afiliados. Hay una generación de compañeros y compañeras jóvenes, pero con mucha experiencia. Existe la posibilidad de mi candidatura, aunque todavía no lo he definido. Es un tema que vamos a resolver partidariamente.

Habrá que analizar en qué categoría conviene más, dónde resulta más útil una postulación, si en la ciudad o a nivel nacional. Hay disposición a charlar con otros espacios políticos. El Partido Socialista siempre fue frentista ante situaciones como la actual.



Nuestro límite obviamente es Milei.  Yo he sido uno de los primeros políticos en el país que apenas asumió el actual presidente, hizo una crítica durísima a lo que significaba  el mileísmo para Argentina. Su pertenencia a la actual oleada mundial de ultraderecha  y su emparentamiento con todos los planes económicos de las dictaduras y los gobiernos de derecha de la historia de Argentina. En su momento adelanté que Milei iba a significar prácticamente la desaparición drástica de la clase media. Y así ocurre hoy. 

Resulta obvio la necesidad de ser muy cuidadosos para delimitar bien qué tipo de alianzas puede impulsar el Partido Socialista para ser útil a la idea de derrotar al mileísmo en las urnas en la elección del año próximo. Pero si hay que ir sin alianzas, se irá a las elecciones en soledad.

La identidad del partido siempre se va a preservar. Existe la posibilidad de ir solos o de armar frentes más nítidos o más amplios, con PASO o sin PASO



Los socialistas, a nivel nacional, estamos en contra de la modificación de las PASO. Las PASO han sido un acierto.

—¿Se va a aprobar esa modificación?

—Es una incógnita qué pasará con las jugadas de seducción ensayadas por el oficialismo con algunos gobernadores y radicales. Parece que hay un intento de ofrecer la posibilidad del regreso de las colectoras, y con eso podría suceder que muchos apoyen al gobierno nacional. Sería una gran equivocación. El sistema electoral no se tiene que cambiar; hay que dejarlo tal como está hoy.



Roy Cortina:
Roy Cortina: "Milei significa la desaparición drástica de la clase media"

—¿Qué semejanzas y diferencias hay entre Kicillof y La Cámpora?



—La Cámpora es un espacio político de mucha militancia, que agrupa a una gran cantidad de jóvenes. Muchos sectores opositores al kirchnerismo pensaban que iba a dejar de existir apenas perdieran el poder, pero la verdad es que siguen siendo un factor de poder. Creo que igual tiene una escasa capacidad de autocrítica sobre los errores cometidos en el extenso período de protagonismo de sus gobiernos, una etapa con falta de soluciones a los problemas sociales y nacionales, porque de otro modo no habría surgido Milei.

La aparición de Milei no responde a una confabulación, sino a los fracasos previos. Y no creo que haya sido solamente por el fracaso del gobierno de Alberto Fernández, que además fue creado e impulsado por Cristina Kirchner.



La diferencia principal es que Kicillof, si bien mantiene su línea narrativa y la crítica al oficialismo, muestra una inclinación a pensar en un esquema más amplio para ganar la elección. Pareciera que hay un intento de corregir las experiencias previas, con el objetivo de superar esa etapa  y crear algo nuevo. No sé si lo podrá lograr. 

—¿Cuál es la mayor virtud de Axel Kicillof?

La ausencia de denuncias de corrupción creo que es algo importante. Esto molesta a cierta parte del establishment. Kicillof ha estado seis años al frente de la provincia de Buenos Aires y no tiene una sola denuncia de corrupción. Eso es una realidad y no es poca cosa.



—¿Cómo observa el establishment a Milei?

—La industria y la pequeña y mediana empresa sufren porque por más discursos de Milei sobre el mercado y la infalibilidad del capitalismo, hasta ahora lo único que impulsa es la economía extractiva favorable a grandes empresas extranjeras.

En Argentina, al abrir los diarios, la información se divide en dos. Las primeras páginas hablan de un crecimiento económico general. Pero en las páginas siguientes describen un retroceso en ese crecimiento: el consumo bajó, la clase media retrocede y los sectores más pobres gastan cada vez menosLa inflación está en 2%, pero al mismo tiempo subieron los servicios: la luz, el transporte, el gas. 



Los dólares generados por las exportaciones no alcanzan para financiar las importaciones necesarias. Sin eso, no podemos salir del ciclo de "stop and go". No podemos adquirir maquinaria para industrializar el país, tecnificarlo, hacer más rutas, descentralizar o construir un ferrocarril con conexión entre provincias, incluso para el transporte de productos de carácter extractivo.

Lo que se necesita importar no son comestibles de alta gama para que un sector de la clase media alta o alta tenga más variedad en las grandes cadenas de supermercados. Se necesita importar tecnología, fierros, inversión, maquinarias. Todo lo que nos permita dar un salto tecnológico y productivo para desarrollarnos.



Roy Cortina
Roy Cortina: "El consumo bajó, la clase media retrocede y los sectores más pobres gastan cada vez menos"

—Si el socialismo gobernara, ¿cómo se llevaría con el mercado, con el sector privado?



—Nosotros creemos que el país no sale adelante sin un gran gobierno de unidad nacional. Guillermo Estévez Boero, uno de los fundadores de la reunificación del Partido Socialista, fue el impulsor de una ley para la creación de un Consejo Económico y Social a la francesa. ¿Para qué? Porque no alcanza sólo con el Congreso.

Cuando asumió como diputado en los años ochenta, uno de los primeros proyectos que presentó fue la creación de este Consejo. Él planteaba que hay que sentar a las fuerzas económicas, sociales, políticas y culturales en un ámbito donde se discuta cómo generar un proyecto de país, un paraguas protector que defina el rumbo.

Pensamos que Argentina necesita un gobierno con un gabinete de unidad nacional genuino, donde la convocatoria no sea sólo para la foto sino una  convocatoria en serio.



Yo hablo de sumar a todo el mundo, menos a los extremos desfasados que no quieren dialogar con nadie. Hay que discutir cuatro o cinco temas estratégicos, defenderlos y evitar que se contaminen con especulaciones electorales.

¿Qué va a producir la Argentina? ¿Qué va a querer exportar? Por ejemplo, ¿qué vamos a hacer con la educación? ¿Qué vamos a hacer para resolver los padecimientos de los dos extremos etarios de la sociedad: los ancianos y los niños y jóvenes— que se encuentran en una gran fragilidad? No hay respeto por el pasado ni por el futuro. ¿Qué hacemos con el hambre? Es el primer tema a abordar. 

La primera manifestación de la pobreza es el hambre. En un país que no es Haití o Cuba, donde no se depende de un solo producto. Si quisiéramos, podríamos darle de comer casi gratis a la gente; Argentina le podría dar de comer a cinco veces más de la actual población que tiene.



—¿No es un riesgo que todo el esquema dependa de la buena fe de sus dirigentes?

—¿Cómo salieron los países de las grandes catástrofes? Lo hicieron con pactos. Con armisticios.



Un armisticio para frenar el enfrentamiento, como los países que salieron de la guerra. Otros lo lograron con una imposición más trabajada; por ejemplo, Franklin Roosevelt impuso el New Deal con una amplia mayoría. Seguramente los plutócratas de la época estaban en contra, pero hubo apoyo mayoritario y, de hecho, aún sobreviven algunas medidas de ese Estado de Bienestar en Estados Unidos, a pesar de haber atravesado a Reagan y a Trump. 

Lo mismo ocurrió con todo lo construido por los socialdemócratas aliados, en muchos casos, al socialcristianismo, como por ejemplo el  pacto Adenauer-Brandt. O los japoneses, que volvieron a convertirse en potencia.



Roosevelt
"Franklin Roosevelt impuso el New Deal con una amplia mayoría"

—¿Cuál es la salida a los problemas estructurales del país?

—La solución es un camino de desarrollo basado en un proceso de industrialización, de reorganización demográfica y de organización de un federalismo real y equilibrado. Obviamente eso requiere de una gran concertación para coordinar inteligentemente una serie de  medidas que reduzcan asimetrías y desigualdades sociales incompatibles con la dignidad de las personas y la existencia de un país próspero.

Se necesita una política pragmática que combine un rol ineludible del Estado y una economía de mercado que priorice la producción, el empleo y la sustentabilidad ambiental.

En algunos casos, será necesaria la sustitución de importaciones para encontrar vectores de desarrollo propio; en otros, impulsar las inversiones de privados extranjeros cuando la ecuación sirva para nuestro desarrollo. No hay que generar contradicciones entre proteccionismo y apertura económica. Ningún país desarrollado es totalmente proteccionista o totalmente abierto económicamente.

—Si el socialismo llega al poder, ¿qué medidas implementan para evitar el colapso financiero que suele seguir a una victoria no liberal?

—No existe una solución mágica. Con los cambios en su sistema financiero, desde la época de Martínez de Hoz y durante estos 40 años de democracia, la Argentina quedó absolutamente frágil frente a cualquier cimbronazo mundial o ante cualquier intencionalidad de generar un 'lunes negro'.

Hay que trabajar a partir de un diálogo sincero para configurar una economía de mercado menos codiciosa y rentística y más productiva y sostenible. Los problemas de la Argentina son tantos que el plan debe ser sensato y moderado.

Si se logra un consenso amplio, al menos durante los primeros dos años, para evitar conflictos —por ejemplo, ser responsable con los dirigentes derrotados, no chicanear al periodismo—, mientras se avanza y se ven logros, la gente y el periodismo empezarán a mostrar respeto. A su vez, habrá que fortalecer las relaciones con los países de  la región, mantener buenas relaciones con Estados Unidos, Europa y China; la antítesis de lo que se hace hoy.

Se trata de generar relaciones internas que morigeren el efecto belicoso de las victorias electorales. Es un error pensar: 'Hay que pegar de entrada, meter dos goles rápido y ganar la elección de medio término para instalar el proyecto de cien años'. Hay que hacer todo lo contrario, escuchar, dialogar, corregir rumbos cuando sea necesario, dar pocos pasos consistentes con muchos actores y no pretender dar muchos sin nadie que acompañe.

—¿Qué análisis hacés del liderazgo de los gobernadores?

—No veo gobernaciones cuya gestión sea trascendente ni para esa provincia ni para el país. Sin duda los mejores gobernadores son el de Córdoba, el de Santa Fe, el de la Provincia de Buenos Aires y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Obvio que en un país destrozado desde todo punto de vista es muy difícil que haya gobernantes subnacionales que puedan estar por afuera de la realidad promedio del país.

—¿Pullaro aspira a la presidencia?

—Creo que sí. Pullaro puede hacer una buena elección en 2027 y consolidarse como un dirigente moderado, capaz de dialogar con el gobierno sin dejar de ser crítico con la esencia del mileísmo.

Karina Milei, Pablo Javkin, Javier Milei y Maximiliano Pullaro
Cortina: "Pullaro puede hacer una buena elección en 2027 y consolidarse como un dirigente moderado"

—¿Pullaro podría recibir el apoyo del socialismo?

—Sí. Podría ser. Es algo que en su momento lo tendría que decidir el Partido a nivel nacional. Pullaro dio una pelea importante contra la inseguridad. Tiene un gobierno de coalición en su provincia, con la participación de todos los espacios. El socialismo tiene un rol clave: cuenta con ministros, ministras y preside la Legislatura. Por supuesto, el socialismo ganó la categoría con la boleta única en la cámara provincial.

El socialismo gobernó muchas veces con legislaturas adversas durante los mandatos de sus tres gobernadores: Binner, Bonfatti y Lifschitz. Como es una fuerza política proclive al diálogo, no hubo problemas para hacerlo.

En la categoría de legisladores, la conformación no se limitaba a socialistas; había radicales y referentes del sector del PRO de Santa Fe. Triunfó la lista encabezada por una referente socialista, Clara García, que es una figura muy respetada en la provincia.

Pullaro tiene esto muy en cuenta. Él me hace acordar mucho a Larreta en la visión de hacer partícipes a todos en los verdaderos gobiernos de unidad. Lo mismo pasa con la gestión de Jorge Macri

Como atenuante, siempre digo lo siguiente: Jorge asumió la jefatura de gobierno en un escenario similar al de un presidente europeo en septiembre de 1989, frente a un mundo con un cambio rotundo un mes después por la caída del Muro de Berlín. Porque ganó la elección en un país y le tocó asumir en otro con hechos muy disruptivos: el proyecto mileísta, con toda su desmesura e irracionalidad. Además, debió armar un equipo con los restos del larretismo, de otros partidos y gente de su propio espacio. De golpe, se encontró inmerso en un proceso con la necesidad de reacomodar las cargas y analizar cómo lograr 

—Si Jorge Macri fuera el candidato de La Libertad Avanza, ¿el socialismo se sumaría a ese frente?

—El socialismo no podría integrar ese Frente.

—¿Cómo sería la actualización del socialismo hoy, de cara a 2026 o 2027?

—Nosotros somos socialdemócratas. El Partido Socialista ya cumplió ciento treinta años de historia. Se conmemoró ese aniversario de la fundación, ocurrida en un famoso congreso el 28 y 29 de junio de 1896, y hace poco se realizaron los festejos y continúan. 

Ahora bien, para el socialismo no es sólo una efeméride importante ni una simple fecha para el registro histórico; tiene un valor profundo porque se trata de un ideario político con su posibilidad de realización intacta en el país. 

Es una posibilidad política pendiente en la Argentina. A medida que pasa el tiempo, en vez de ser una idea vieja, el socialismo resulta ser una visión cada vez con más futuro.

El socialismo democrático gobierna la mitad del mundo. A veces, desde la ignorancia, se dicen pavadas. 

Nosotros integramos un partido socialista democrático, socialdemócrata, con creencias firmes en la igualdad, la libertad y la equidad. Creemos en la intervención del Estado y en la existencia de un mercado que priorice la producción, la diversidad y no los monopolios y la especulación financiera.

Estos fueron  los proyectos más exitosos, donde la brecha de desigualdad ha sido la más reducida del mundo y se generaron así sociedades más integradas y equilibradas. Y que yo sepa, el capitalismo no dejó de funcionar en esos países.

Volkswagen no dejó de funcionar en Alemania por la existencia de la socialdemocracia. Tampoco dejaron de funcionar Mercedes-Benz, Adidas ni ninguna otra gran empresa. Alemania no dejó de ser una potencia económica por el gobierno de la socialdemocracia, ni Inglaterra por los laboristas. 

Por algo los sectores de derecha quieren ganar: porque en un gobierno socialista la realidad es distinta. Se respetan los derechos humanos, existen subsidios específicos, se regula más la codicia capitalista, se fijan  impuestos y se dan batallas electorales y culturales, aunque a veces se pierdan debido a la influencia de una parte de los medios de comunicación en contra, encargados de hacer una guerra constante. 

No digo que estos modelos sean perfectos, pero resultan superiores a los gobiernos de derecha y lograron hitos fundamentales para el avance de la humanidad.

Milei también tiene un Estado conducido por los ricos, combinado con un discurso anarquista. Por lo tanto, a medida que avanza el tiempo, consideramos a la socialdemocracia como una necesidad cada vez mayor

Durante los últimos ciento treinta años, por vicisitudes de la política nacional e internacional, y por errores propios del socialismo —sin la capacidad de instalarse como opción de gobierno—, gobernaron todos los demás: los conservadores, los libertarios, la derecha "cool", los radicales y los peronistas. Y los problemas de la Argentina continúan.

En definitiva, no se trata de pedir una oportunidad directa para el Partido Socialista. No creo en la oportunidad del Partido Socialista para gobernar por sí solo hoy; creo en el protagonismo de los socialistas. Pero lo verdaderamente posible —y nosotros no podemos estar ausentes— es el triunfo de una idea socialdemócrata en las elecciones del 2027 y 2031

—¿Alberto Fernández y Raúl Alfonsín fueron realmente socialdemócratas?

—Alfonsín fue un demócrata admirado por la socialdemocracia. Amo a Alfonsín; pienso que es un prócer de la democracia. 

Yo hablo de un proyecto socialdemócrata en serio: hacer más progresivo el sistema impositivo, regular el Estado, distribuir de verdad para evitar tanta pobreza y no destruir a la clase media. Un proyecto socialdemócrata, obviamente, crea y cuida a la clase media; saca a la gente de la pobreza, como hizo Lula

Y Alberto Fernández no fue un socialdemócrata. Alberto Fernández ganó con el apoyo de todos los sectores peronistas, sindicalistas y cristinistas, y gobernó con un sector progresista, pero no realizó  un cambio en la estructura económica del país.

La socialdemocracia no gobernó todavía la Argentina

No se creó el Estado de bienestar social característico de los escandinavos, los alemanes, los socialistas en Francia, el PSOE en España y otros casos. Hay muchos ejemplos en el mundo, como la seguidilla de gobiernos progresistas del Frente Amplio en Uruguay.  Y no me refiero a Venezuela; no hablo de ninguna catástrofe del socialismo del siglo XXI ni del comunismo. 

—Respecto a la política estadounidense, ¿cómo se observa la elección de noviembre? ¿Cómo puede afectar a la Argentina?

—Lo más hermoso a la vista es el surgimiento de un socialismo democrático, a la izquierda de la socialdemocracia. Para los socialdemócratas moderados de la Argentina y del mundo, la experiencia incipiente en Estados Unidos resulta muy atractiva.

Yo mismo participé en la campaña de Alexandria Ocasio-Cortez. Fui invitado a un caucus de los demócratas en el estado de Washington, cerca de la ciudad de Seattle. Estuve en la campaña de Bernie Sanders y me parece un trabajo muy interesante: combinan cierto centralismo democrático al estilo del socialismo antiguo con movimientos de cuadros consolidados.

Tienen un movimiento de base interesante, muy verticalizado, pero con libertad hacia las bases para la autoorganización. Gracias a las redes y a las herramientas utilizadas, lograron la participación autónoma de mucha gente.

Al contar con cierto financiamiento, realizan selecciones de candidaturas con mucho éxito. Además de eso, existe el ala de los socialistas democráticos, de donde surgieron candidaturas apoyadas por grandes figuras, como Ocasio-Cortez, Zohran Mamdani y Bernie Sanders. 

La renovación no pasa solamente por la edad, por hacer algo atractivo o por cautivar más en las redes sociales. Los cambios son impulsados por quienes tienen algo para decir; cuando hay una narrativa, la edad no importa.

—¿El socialismo argentino está más cerca de Bernie Sanders o de Obama?

—A lo largo de la historia existe una búsqueda permanente de una identidad propia. Somos herederos de Juan B. Justo, de Alfredo Palacios y de Estévez Boero; referentes con la búsqueda constante de un camino nacional para el socialismo, un camino argentino.

Tarde o temprano, la unidad surge ante la emergencia frente a un enemigo temible. 

—Horacio Marín, CEO de YPF, defiende la tesis de que somos un proveedor confiable por factores geopolíticos. ¿Coincidís con su punto de vista?

¿Por qué va a ser confiable un país con 20 millones de pobres y con un presidente abocado a cantar rock and roll o a exhibir una motosierra? La confianza es otra cosa. Se trata de consistencia, de saber resistir los embates y la presión de los poderosos; el respeto se gana con consistencia.

En Milei no hay consistencia. Hay mayor respeto por Brasil, por la presencia de una burguesía nacional y por la defensa de los intereses mayoritarios, con un presidente dispuesto a alzar la voz. Para lograr respeto se requiere consistencia, y la consistencia implica un servicio exterior serio al servicio del proyecto nacional que sepa hacia dónde quiere llevar al país.

—Pero no hay liderazgo…

—En la  Argentina, claramente hay una pelea permanente entre la lucha por la justicia social y la lucha por la democracia, la república.

Los socialistas pensamos en la necesidad de conjugar esos elementos. Pienso que una república sin democracia es una farsa, y una democracia sin justicia social es una farsa peor. Ahora bien, una república, una democracia y una justicia social sin participación de la ciudadanía se convierten, tarde o temprano, en una mentira. En esta sociedad moderna ya no alcanza con el voto cada dos años como único rol de la población.

Todos los proyectos políticos han fracasado en la democracia argentina y, obviamente, también los proyectos dictatoriales. Nosotros pensamos en la llegada de una solución, quizás no directamente de la mano del socialismo, pero sí con su participación. Debemos bregar por la instalación de la idea socialdemócrata: un gobierno con estas características puede gestionar en la Argentina y convocar a la unidad nacional para sacar el país adelante. 

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