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Si lo recuerdan a Perón, recuerden que no hay economía que resista la debacle de la política.

Cada primero de julio distintas organizaciones se desviven por apropiarse del homenaje al ex presidente J. D. Perón.
Cada primero de julio distintas organizaciones se desviven por apropiarse del homenaje al ex presidente J. D. Perón.
Carlos Leyba Carlos Leyba 01-07-2022
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Cada primero de julio distintas organizaciones se desviven por apropiarse del homenaje al ex presidente J. D. Perón. 

Actos, discursos, cuya finalidad es establecer que “aquí estamos los herederos legítimos y sus auténticos representantes”. La identificación tiene enormes beneficios electorales y, cada tanto, de otro orden. 

El peronismo, con Perón muerto y gracias a su invocación, ha logrado cargos para cientos, quizá miles de ciudadanos. 

Muchos, tornaron “peronistas” una vez obtenido el cargo. Una manera de integrarse a la familia. 

La conducta de todos, en estos fastos, remeda a la de los vecinos de Palermo, cuya apropiación de los velorios y de la memoria del fallecido relata Julio Cortázar. Imperdible “Conducta en los velorios” (1962). 

Escucharemos hoy y el sábado, arengas destinadas a señalar que los que hablan son los herederos del legado. 

En este 48 aniversario, la disputa principal tiene en un rincón al presidente Alberto Fernández y en el otro, golpeándose los guantes, a Cristina Fernández. 

Alberto presidirá un acto en la CGT: la dirigencia sindical se mantiene en el Frente de Todos y le es razonablemente fiel al presidente. 

Razonablemente mientras Alberto siga en el cargo en base a su propia capacidad de sustentación que, por ahora, es la vigencia de la Constitución. Desafortunadamente él no le agregó nada más. Legitimidad de origen. No de ejercicio. Sobre esto volveré.

Cristina en Ensenada marcará territorio: el conurbano bonaerense es “su” fuente de energía. 

Fuente que, desde que Carlos Menem parió la desocupación como impulsora de la pobreza, administran o administraban, los intendentes en su versión “barones” del conurbano. 

Este evento (los barones) más la Reforma Constitucional -que hizo desparecer la elección federal del Presidente- hace que la alianza de CFK con los “barones” posibilita aspirar al gran premio electoral del 2023. 

¿Qué une a CFK con los barones? Un enemigo común: los movimientos sociales. Veamos.

La desindustrialización, aunque no sólo la desindustrialización, hizo que el peso político de las organizaciones sindicales, aún dentro del peronismo, declinara dramáticamente. 

No hay diputados por derecho de la “rama sindical”. La CGT no cuenta en las “listas”. Pesaron los barones. Y ahora pesan los movimientos sociales. 

Antes el trabajo, después el territorio y ahora la común condición de pobre, desocupado u ocupado ocasional con changas. Por ahí pasa el balance del poder en el conurbano.

Cuando Perón se despide, el 12 de junio de 1974, recuerda que el movimiento obrero era la columna vertebral de su organización política. El trabajo asalariado era el gran organizador social. 

Un trabajo con productividad creciente en la que el desarrollo industrial era la clave fundamental para sostenerlo. 

Su mensaje del retorno era el de un tiempo de reformulación de su pensamiento y de sus políticas. 

Habían pasado 18 años y la experiencia europea le había demostrado los extraordinarios beneficios del Estado de Bienestar cuando sus políticas son formuladas y controladas, por la concertación de las organizaciones del trabajo y del empresariado y se recuestan sobre un consenso político más amplio que una mayoría electoral efímera. 

Eso es lo que hizo Perón en su tercer gobierno. 

Han pasado 48 años de su desaparición y de la extinción de esa estrategia. Es decir, desarrollo industrial, Estado de Bienestar y concertación. 

La devoraron sus propios hijos o mejor los que se robaron el velorio durante 48 años. 

Primero los montoneros, los estúpidos imberbes que -visto por los que lo vivimos- nos arruinaron el futuro desde el mismo día que asesinaron al líder sindical con el objetivo de quebrar la columna vertebral y naturalmente derrumbaron el cuerpo que sostenía. 

Fue el objetivo de Mario Firmenich: “matarlo para terminar con la pata sindical del Pacto Social”. 

Los muertos que suma Firmenich y todos los que colaboraron con él y que dicen hoy militar por la democracia, claman justicia.

Ese asesinato fue la condición necesaria para que todo lo que vino después pudiera ocurrir. Fue un asesinato estratégico. Hay autores materiales, ideológicos y los que acompañaron cientos de crímenes. 

Después de eso el “Rodrigazo”, la Dictadura genocida, el menemismo, la alianza, Duhalde, Kirchner. 

En todos esos episodios hubo peronistas y ex montoneros; y de una u otra manera, todos aportaron al “industricidio” que es la política económica cuyo resultado objetivo, aunque no deseado, es acumular pobreza. 

El número de personas bajo la línea de pobreza desde 1974 creció a la tasa del 7% anual acumulativo. Escandaloso. 

El “industricidio” por etapas destruyó la columna vertebral y en lugar de política de programas e ideas, hicieron que nuestro país viviera (y vive) la decadencia de la “política de cargos”. 

Hacer política terminó siendo pelear por un cargo. 

Los grandes administradores de cargos a nivel nacional desde Menem, han sido los “barones”; y ahora cuando “la pobreza y el desempleo” han dejado de ser un accidente y son protagonistas, los nuevos administradores son “los movimientos sociales”. Son “cajas”. 

Cajas tiene La Cámpora, cajas tienen los movimientos sociales. 

Cristina mantiene el control de las cajas de La Cámpora pero perdió o nunca tuvo, la de los movimientos sociales que engordaron con Mauricio Macri. 

Por eso Cristina apela a la política territorial: la capacidad de colecta electoral de los barones. Ese es el costado belicoso del ring. 

Alberto hablará en la CGT, pero conserva la relación con los movimientos sociales. 

La fortaleza de los movimientos depende de que la Argentina no genere empleo industrial. 

Una balanza en la que, en un platillo, está el empleo formal sindicalizable (el empleo público no puede aumentar más) que debe ser necesariamente industrial. Y en el otro, la legión de beneficiarios de planes, trabajadores informales pobres y desocupados que abrevan en los movimientos. 

Lo que pese más en la balanza define la sociedad argentina del futuro. 

Convengamos que lo único que ha crecido hasta ahora es lo que nutre el platillo de los desocupados, trabajadores informales pobres y los que reciben los planes a los que, a los nacionales, hay que sumarle los provinciales que aseguran triunfos electorales en varias provincias. 

Cristina, aliada a los barones del conurbano (J. Ferraresi es barón y ministro y no es el único), pretende capitalizar electoralmente el conflicto social sobre el control de bases territoriales y anular el peso, vía desvío de cajas, de los movimientos. 

En el otro rincón, Alberto sostenido por los dirigentes de la CGT. 

¿Acaso los actuales dirigentes sindicales militan las ideas programáticas de José I. Rucci, que es lo que los haría verdaderos herederos del Presidente que velan hace 48 años? Me temo que no. 

Ellos militan la protección y los beneficios sociales de sus afiliados, pelean por los convenios y por la salud financiera de las Obra Sociales. Tienen asesores económicos para esas tareas. Cumplen, seguramente, una función “sectorial”. 

Pero, ¿son una columna vertebral en el sentido de una posición articulada para el desarrollo nacional? Creo que no. 

Por esa razón es que creo que el “homenaje a Perón” -verdadero- no sería acompañarlo a Fernández en un acto, sino ofrecerle a Fernández (y al país) un programa de desarrollo desde la perspectiva del movimiento obrero. 

El sindicalismo organizado tiene recursos como los tiene la Fundación Mediterránea. Y se supone que la “columna vertebral” puede aportar otra mirada distinta, aunque complementaria, de la del mundo empresario. 

El menemismo, es cierto, vació de programas colectivos al sindicalismo. Pero han pasado años y experiencias dolorosas, como para empezar a pensar en algo más que las convenciones colectivas. 

Alberto es un presidente con legitimidad de origen. A pesar que, como el bien dice ahora, lo legitimo es que la sociedad elija a quienes van a ser los candidatos. Pero a él lo eligió el dedo de la Señora. De verdad es en cierto modo humillante. 

Alberto ahora se propone candidato a las PASO dentro del Frente de Todos y dijo en C5N: "Nada puede ser mejor para un candidato que la gente lo haya elegido candidato. Lo mejor que nos puede pasar es eso. Nadie debe ofenderse por eso". No es como llegó Alberto.

La “legitimidad de ejercicio” ocurre cuando quien es elegido para gobernar expone su programa, objetivos concretos y herramientas concretas. 

Entonces el ciudadano puede controlar el grado de cumplimiento de lo prometido. “El plan es ética en acción”: P. Ricoeur. 

Sin plan, el ciudadano no tiene hoja de ruta que controlar y moralmente su papel de ciudadano se limita a un voto que puede ser al programa oculto que él, una vez revelado, no comparte. 

La debilidad del Presente se refleja, primero en la “conducta en los velorios” y segundo en el enfrentamiento político usando como escenario el homenaje al líder que invocan sin siquiera considerar su legado. 

Perón volvió acordando con sus adversarios, encabezados por Ricardo Balbín. Gobernó con él. Despachó a los violentos imberbes que, si bien había alentado, era conscientes que llevaban el país a la ruina. 

Llegó con una economía en estanflación.

Inflación del 80% anual. Concertó precios y salarios. 

La CGT aceptó, con el cierre por dos años de las convenciones colectivas, una suma fija equivalente al 20% del salario mínimo. 

La estabilidad generó el aumento del salario real. Las tarifas nunca se atrasaron. 

El empleo de la Administración Pública en 1974 fue menor que el de 1973. 

Las exportaciones industriales fueron el motor del crecimiento y en 1974 las reservas acumuladas fueron las más altas de la historia. 

EL 16/12/74 el FMI dijo: el pacto social “detuvo radicalmente la espiral de precios y salarios” y “el PIB superó la tendencia registrada desde 1968”. 

A Rucci lo asesinaron los Montoneros al grito de “Viva Perón” . El martirio aceleró la muerte del Presidente. 

Si recuerdan a Perón, recuerden que no hay economía que resista la debacle de la política. 

Economía enferma. Política suicida. Combo explosivo. 

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