El cierre de alianzas rumbo a las elecciones nacionales del 26 de octubre dejó un mapa con nuevos ganadores y perdedores. La Libertad Avanza (LLA) consolidó una estrategia diversa bajo la conducción centralizada de Karina Milei, sellando acuerdos con el PRO, la UCR y partidos provinciales. El peronismo competirá unido en 18 provincias y fracturado en seis. El PRO selló mayoritariamente alianzas con LLA, aunque con pérdidas. La UCR optará por estrategias distintas según el distrito. Y emergió un actor novedoso: Provincias Unidas, un frente impulsado por cinco gobernadores de distintos orígenes (peronistas no K, radicales y amarillos) con chances concretas de ganar en sus provincias.
Ganadores...por ahora
Por el momento, los ganadores son aquellos que lograron imponer condiciones en las negociaciones o presentar novedades que los proyecten positivamente. Claro que ganar en la mesa de alianzas no garantiza hacerlo en las urnas.
LLA es, sin dudas, el gran triunfador de este cierre. Se consolidó como el referente del espacio no peronista y contó con la ventaja de tener a Karina Milei -El Jefe- como armadora indiscutida. Aunque no selló una alianza uniforme que cubra todo el país, sí logró acuerdos clave: con el PRO en la provincia y en la Ciudad de Buenos Aires -aun con la tensa relación con el jefe de Gobierno porteño- y en Entre Ríos; y con la UCR en Chaco y Mendoza, donde gobiernan los radicales.

La estrategia de Karina Milei se asemeja a un "divide y vencerás": no buscó a todo un partido en todo el territorio, sino por partes. El resultado es que habrá listas violetas en todas las provincias, pero los aliados podrían enfrentar problemas internos cuando descubran fracturas entre miembros teñidos de violeta y otros alineados con la vereda opuesta.
Armados Lío en el centro
En este escenario, los gobernadores Martín Llaryora (Córdoba, PJ), Maximiliano Pullaro (Santa Fe, UCR), Carlos Sadir (Jujuy, UCR), Ignacio Torres (Chubut, PRO) y Claudio Vidal (Santa Cruz, partido provincial) lanzaron Provincias Unidas. No competirán en todo el país, pero se presentan como un espacio distinto al "ni Milei ni Cristina" tradicional: provienen de oficialismos provinciales con experiencia de gestión, recursos, estructura y altas chances de victoria local.

El politólogo Juan Negri lo explicó en El Economista TV: "No existe una ancha avenida del medio en el escenario nacional -que son las elecciones en la Ciudad y la provincia-, pero en 22 comicios, muchos de esos gobernadores son oficialismo. El grito federal existe y es gobierno. No descarto que en esas provincias les vaya bien. Tienen la billetera, son los jefes de sus filiales provinciales, comandan la delegación legislativa en el Congreso y administran razonablemente sus distritos".
Para algunos, el PRO también puede considerarse ganador: logró un acuerdo con LLA en la Ciudad y evitó repetir la derrota de las elecciones locales de mayo, donde los libertarios duplicaron su caudal de votos.
Los perdedores
El PRO también puede quedar entre los perdedores. En la Ciudad de Buenos Aires -que gobierna hace 18 años- tuvo que negociar en inferioridad de condiciones, algo que el propio Mauricio Macri admitió al señalar que LLA buscaba un acuerdo desde una "posición totalmente dominante". Además, en la provincia de Buenos Aires perdió intendentes que ahora competirán junto a la UCR en Somos Buenos Aires y sumó cuestionamientos internos. Si bien no hubo fugas formales, existe el riesgo de diluir su identidad en LLA. La foto del Presidente junto a dirigentes del PRO y LLA, todos con buzos violetas en La Matanza, es un símbolo de esa fusión.

La UCR tampoco quedó bien parada: no tuvo una estrategia uniforme y en distintas provincias alterna entre pactar con LLA o enfrentarlo, en varios casos junto a Provincias Unidas. Este último frente le resta atractivo a Somos Buenos Aires, que queda como un armado de corto plazo, sin proyección nacional. Además, mientras Somos reúne radicales, ex PRO y peronistas no K, en Buenos Aires Provincias Unidas tendrá un perfil más marcadamente peronista no K, con Florencio Randazzo encabezando la lista de diputados.
El nuevo mapa político anticipa una reconfiguración del Congreso a partir de diciembre. La incógnita es si los legisladores que lleguen de la mano de Provincias Unidas se integrarán a las bancadas de sus partidos de origen o si conformarán nuevos bloques en función de esta alianza. Lo mismo ocurre con el esquema PRO-LLA: queda por ver si la coalición sellada para octubre se traducirá en convivencia legislativa o si, una vez pasadas las elecciones, cada fuerza retomará su lógica propia.

