El PRO atraviesa una crisis tan profunda que pone en duda su propia supervivencia. Sin embargo, en las últimas semanas, la situación se ha agravado y parece estar acelerando hechos desafortunados para el partido amarillo.
Hoy, el PRO no solo enfrenta un éxodo de dirigentes y votantes hacia La Libertad Avanza (LLA), sino que también ve peligrar su bastión histórico: la Ciudad de Buenos Aires, que gobierna hace 18 años.
Sin embargo, aún cuenta con presencia legislativa en el Congreso Nacional, gobernadores e intendentes que le dan músculo y continuidad al espacio.
Chau, chau, adiós
La fuga de dirigentes del PRO hacia LLA es tan voluminosa como simbólica. No se trata solo de cantidad, sino de peso político. Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta y Diego Valenzuela son los nombres más resonantes.

El último martes, Bullrich oficializó su ruptura con el PRO y se afilió a LLA. Lo hizo en un acto en Recoleta, acompañada por Karina Milei, Manuel Adorni y Pilar Ramírez. Sobre el cierre del evento, le dedicó un mensaje a Mauricio Macri: "No te quedes a medio camino. Pocas veces Argentina tuvo oportunidades como esta". Macri, por su parte, fue lapidario con Bullrich y Larreta: "Ambos tenían la elección ganada y perdieron porque priorizaron su vocación de poder y su ego".
Ambos precandidatos presidenciales de Juntos por el Cambio de 2023 se alejaron del partido. Bullrich, de manera formal, aunque aún no está definido si será candidata en octubre; Larreta, fundando su propio espacio ("Volvamos Buenos Aires"), con el que competirá en las elecciones del 18 de mayo en CABA, bajo un eslogan que apunta directo a la gestión de Jorge Macri: "Vuelvo porque hay olor a pis".

El caso de Valenzuela -intendente de Tres de Febrero desde 2015- también es central. Al igual que Bullrich, rompió con PRO y se sumó a LLA. La estructura del partido republicano en territorio bonaerense siempre fue débil: el radicalismo aportaba federalismo y músculo territorial. Perder un distrito como Tres de Febrero tiene un peso estratégico que excede lo simbólico. A Valenzuela se agregan otros dos intendentes: Fernanda Astorino Hurtado (Capitán Sarmiento) y Ramiro Egüen (Veinticinco de Mayo).
El futuro de los legisladores afines a Bullrich también es incierto. Damián Arabia, Sabrina Ajmechet, Silvana Giudici y Fernando Iglesias podrían seguir el mismo camino. Y la lista de posibles migraciones no termina ahí: se mencionan los nombres de Guillermo Montenegro, Diego Santilli y Cristian Ritondo.
Peligra su bastión
La huida de Bullrich se da en plena campaña porteña. Y eso no es detalle menor: la Ciudad de Buenos Aires no solo es el clásico bastión del PRO, sino también el escenario clave que puede definir si el partido sobrevive o persiste en crisis. El peronista Leandro Santoro y el libertario Manuel Adorni intentan disputarle el terreno a los amarillos, que ya no se muestran invencibles.

Miguel De Luca, Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia, explicó a El Economista que el PRO puede considerarse ganador si su lista queda primera o incluso segunda, pero por encima de LLA. "En cualquiera de estos dos escenarios el PRO puede festejar y mantenerse. Lo que implicaría que puede contener la sangría de dirigentes de peso y a la expectativa en la negociación por las candidaturas con los libertarios en la provincia de Buenos Aires", indicó De Luca.
Pero el politólogo también advierte: "Basta con que la LLA supere al PRO, aunque sea por un puñado de votos, para que varios a coro decreten el fin del PRO. Se trataría de un declive ya no provocado por la fuga de dirigentes (con Bullrich como caso paradigmático) sino por la huida en masa de miles de sus votantes. Una crisis electoral es muchísimo más difícil de superar que un cisma partidario".
El riesgo es alto: con una campaña enfocada en los errores de la gestión de Jorge Macri y una candidata que el 37% de los porteños aún no conoce (según Isasi / Burdman), el partido podría profundizar su crisis. No solo por la fuga de figuras, sino también por una pérdida de votantes que lo debilita estructuralmente.

Así lo indicó Martín D'Alessandro, Doctor en Ciencias Sociales por la UBA y profesor de Ciencia Política en la misma casa de estudios, a El Economista: "El tercer lugar puede ser digno, pero también bochornoso. En este último caso, se acentuará el transfuguismo de varios de sus referentes y se cuestionará su relevancia como partido nacional".
De todos modos, y saliendo de la capital federal, el PRO conserva dos gobernadores puramente amarillos: Ignacio Torres (Chubut) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos). En este sentido, su presencia en algunas provincias está garantizada. Además, aún les restan dos años de mandato a estos líderes, así como a Jorge Macri. Dos años en los que la coyuntura se irá moviendo, para todos los partidos.
La estructura que el PRO logró construir, en adición, puede seducir a LLA tanto para los acuerdos bonaerenses como nacionales. Y que los resultados de la CABA aún no están dichos.
"La elegida parece no ser la mejor estrategia"
En este escenario, la táctica del PRO para el 18 de mayo podría definir su futuro. "La estrategia del PRO es, desde el primer momento y hasta ahora, defensiva. Así lo indica la anticipación del calendario electoral, la suspensión de las PASO y la presentación de una lista 'pura'", señaló De Luca. "La elegida no parece ser la mejor estrategia".
La apuesta es preservar los 18 años de gestión, presentando a la Ciudad como una "isla" frente al kirchnerismo, tal como dijo Silvia Lospennato en el debate. Pero defender la continuidad y, al mismo tiempo, denostar a Larreta -quien fue parte durante 16 años de esa historia- son tareas difíciles de compatibilizar.

El PRO intenta municipalizar la elección, llevar el debate a temas locales, y evitar que el arrastre nacional de Milei condicione los comicios. Mientras tanto, Macri, como líder del partido y referente de la centro-derecha, multiplica las apariciones con Lospennato y culpa a Karina Milei de impedir una coalición porteña.
¿Hay retorno?
El PRO está, sin dudas, en su peor momento. Sin embargo, puede que en pocos días estemos hablando de una crisis sin retorno. A esta altura, el resultado porteño ya no es solo un dato más: es la oportunidad de resistir o perder relevancia.

