Azotada por el doble impacto de un consumo en caída e importaciones en fuerte ascenso, la industria textil apuesta solo a sobrevivir y, en algunos casos, a reconvertirse hasta que pase el temporal. "Estamos en niveles de piso históricos en materia de utilización de la capacidad instalada, con records de importaciones en todos los eslabones y con la peculiaridad que ingresan a precios históricamente bajos, sin valores criterio y sin control", dijo Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro Tejer, en el discurso de apertura de Pro Textil 2025.
"Solo hay que mirar un poco qué está haciendo el resto de los países del mundo, que promueven su industria nacional y la repatriación de fábricas a su territorio usando cuotas, multiplicidad de barreras paraarancelarias, incremento de aranceles a los productos importados, o lo que haga falta: claramente Argentina está a contramano del mundo", agregó.
En el evento más importante del año de la industria textil, Pro Tejer presentó el crítico panorama que atraviesa uno de los sectores más golpeados por el esquema económico del gobierno de Javier Milei.
A la caída sostenida de los ingresos reales que presiona a la baja las ventas de indumentaria se agregó en el último año una abrupta apertura de las importaciones en un contexto de tipo de cambio artificialmente apreciado. Ese combo derivó en que las importaciones de la cadena textil-indumentaria crecieran nada menos que un 74% en toneladas entre enero y agosto de este año con respecto al mismo período del año pasado.

El boom se registra en un contexto de precios promedio de ropa proveniente del exterior en mínimos históricos. El valor por kilo en tejidos de punto al que se está importando actualmente representa apenas la mitad del precio de 2015, mientras que el valor de las prendas y confecciones que ingresan del exterior está un tercio por debajo del de hace diez años.
"La pregunta es si estamos importando productos de menor calidad o si hay maniobras de subfacturación", dijo Lucía Knorre, economista jefe de Pro Tejer. "Si bien los rubros más afectados son los bienes finales desde confecciones hasta indumentaria y tejidos de punto, eso tira para atrás toda la cadena porque se venden menos telas, hilados y algodón para fabricar prendas", añadió.
Con el registro de más de 14.000 nuevos CUITS para importar solo en lo que va del año, los productos textiles que llegan del exterior ya pasaron a cubrir el 70% del consumo interno, un salto frente al 57% del año pasado. En línea con los objetivos del gobierno, esa avalancha permitió contener el alza de los precios de la ropa. De hecho, entre diciembre de 2023 y agosto pasado, el rubro "Prendas de vestir y calzado" registró un aumento acumulado del 100%, un incremento menor al de los alimentos (133%) y muy por debajo de servicios como "Vivienda, agua, gas y electricidad y otros combustibles" (335%).

Sin embargo, el efecto colateral de ese mayor ingreso de indumentaria desde el exterior es el derrumbe de la producción local. Entre enero y julio de este año la elaboración de productos textiles fue 14,5% menor que la del mismo período de 2023, mientras que la de prendas de vestir cuero y calzado fue 9,5% inferior, según datos de Pro Tejer. En ese marco, desde diciembre de 2023 a junio de este año ya se habían perdido 381 establecimientos productivos formales del sector textil, indumentaria, calzado y cuero, lo que derivó en la pérdida de 11.500 puestos de trabajo registrados. En el sector informal, se estima que la caída de los empleos es mucho mayor.
El panorama amenaza con agravarse en los próximos meses. "De acá a diciembre voy a perder el 30% de los socios de mi cámara porque van a cerrar", dijo Pedro Bergaglio, presidente de la Cámara Argentina del Sweater. "Esas son empresas pymes que tienen entre 10 y 30 empleados: Mar del Plata está destruida", agregó.
El fantasma Shein
El crítico panorama del sector textil no solo obedece a la imposibilidad de competir en igualdad de condiciones con las importaciones tradicionales. En el último año también han venido irrumpiendo con fuerza las compras puerta a puerta a través de plataformas como Shein y Temu, gigantes chinos que adaptaron un modelo de comercio minorista en tiempo real que permite ajustar la producción según la demanda.
Además de un tipo de cambio intervenido para que no alcance su valor de mercado, las compras a través de esas plataformas se vieron favorecidas por la serie de flexibilizaciones dispuestas por el gobierno. En diciembre del año pasado fue aumentado el límite de valor FOB para los envíos vía courier de U$S 1.000 a U$S 3.000 y se eximió del pago de aranceles por los primeros U$S 400 por envío siempre que sea un bien adquirido para uso personal.
Para Pro Tejer, el rumbo del gobierno argentino va a contramano de lo que sucede en otros países. En Francia, por caso, ya hay una legislación contra el llamado ultra fast fashion dado que consideran que se trata de una competencia desleal. En ese país, las prendas provenientes de las aplicaciones chinas pueden pagar hasta 5 euros de impuesto ecológico y está prohibida su publicidad. En México, en tanto, se aplican aranceles de hasta el 20% a pequeñas importaciones del exterior, y en Brasil, luego de que el gobierno impusiera impuestos de importación a compras internacionales menores a U$S 50, Shein está produciendo localmente con fábricas asociadas.
"Argentina va claramente a contramano del mundo", dijo Jorge Sorabilla, director de la firma TN Platex y secretario de Pro Tejer. "Si hay un problema de contaminación por ropa basura, la racionalidad dice que hay que regular esa entrada, más aún en un país como Argentina con falta de divisas: se está obligando a las plantas a trabajar con baja capacidad instalada y al mismo tiempo se permite la entrada de productos que el mundo está rechazando", agregó.

En medio de esas tensiones provocadas por el aluvión chino, las cámaras de indumentaria de Argentina, Brasil y México apuntan a presentar en forma conjunta una ley anti Shein y Temu. La intención es que la ropa proveniente de esas plataformas atraviese un período de control hasta que verifique que los insumos utilizados en su elaboración no generen contaminación ambiental ni presenten toxicidad. Una vez superada esa instancia, los productos quedarían sujetos a los aranceles e impuestos correspondientes para su comercialización en la Argentina, como IVA e Ingresos Brutos.
Reconversión o cierre
Más allá de sus causas, la severa crisis de la industria textil-indumentaria abre interrogantes sobre el futuro de los 540.000 puestos de trabajo que emplea esa cadena a lo largo del país. Según un estudio de Fundar, esta industria emplea a muchos trabajadores que tendrían escasas oportunidades en otros sectores, además de tener presencia en regiones del país que ofrecen pocas alternativas de empleo en el ámbito privado. En paralelo a esas fortalezas, persisten crónicos déficits del sector textil: altos precios de la ropa, elevada informalidad y condiciones laborales inferiores a la media de la economía, en particular, en los talleres de confección domiciliarios. Algunas de esas debilidades han sido agigantadas por el gobierno de Milei para apurar la apertura de las importaciones en ese sector.
Ante ese panorama para el que no se avizoran cambios al menos en el corto plazo, las compañías están aplicando todas las estrategias defensivas que tienen disponibles. "Las empresas que pueden están readecuando sus estructuras a los volúmenes productivos que tienen", dijo Galfione. "Hay empresas que tienen varias plantas y han decidido quedarse solo con algunas; otras decidieron cerrar un galpón y finalmente a otras directamente no les queda otra alternativa que cerrar en su totalidad", agregó.
En algunos casos, más allá de las firmas que dejaron de producir para apostar por las importaciones, algunas compañías vienen reorientando la producción hacia nichos algo más rentables. "Hay empresas que pueden hacer productos más tecnológicos y, en general, se están buscando nichos, productos diferenciados con más valor agregado, pero eso es muy circunstancial", dijo Galfione.
Con esa visión coincide Sorabilla. "En los últimos 20 años la industria textil nacional llegó a abastecer el 65% del mercado; somos tan masivos que ir a un nicho claramente es para pocos", dijo. "Con una reconversión de ese tipo, se puede salvar el 10% o a lo sumo el 20% del entramado productivo, pero el 80% no tiene viabilidad", añadió.
Gobierno nacional ausente
Bajo el lema "¿Argentina a contramano del mundo? El desarrollo se fabrica, el trabajo se defiende", la ProTextil 2025 se llevó a cabo en el Teatro Roma, de Avellaneda. La apertura del evento estuvo a cargo del gobernador bonaerense, Axel Kicillof; el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi; y Galfione, presidente de Pro Tejer. "Con este plan económico, la industria está condenada", dijo Kicillof, quien recordó haber acuñado el término "industricidio" para hacer referencia a los efectos del modelo económico de los años '90.

La presencia política incluyó a otros miembros de la oposición, más allá del kirchnerismo. En una de las mesas orientada a la búsqueda de consensos para legislar e impulsar políticas para el desarrollo del sector participaron el ministro de Infraestructura y Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Katopodis; el diputado nacional de Encuentro Federal Nicolás Massot; la diputada de Unión por la Patria Julia Strada, y el diputado nacional y presidente del Frente Renovador, Diego Giuliano. Además fue entrevistado el senador nacional Miguel Ángel Pichetto y cerró el evento la economista Marina dal Poggetto, directora ejecutiva de Eco Go Consultores, con una exposición sobre los escenarios de la economía argentina para antes y después del 26 de octubre. No hubo presencia del gobierno nacional.