¿Todo vuelve al final?

El menemismo de Cristina

Cristina Fernández de Kirchner tiene que medir sus acciones meticulosamente estas semanas, cuando el polvo de tanto festín de la resistencia termine de caer.

¿Enfrenta Cristina Fernández de Kirchner una situación similar a la de Carlos Menem?
¿Enfrenta Cristina Fernández de Kirchner una situación similar a la de Carlos Menem? .

En junio, pero de 2001, el expresidente de la Nación, Carlos Saúl Menem, quedaba en detención preventiva. Quien dictaminó esa medida fue el juez federal Jorge Urso; un juez que había llegado a ese puesto durante los tiempos del menemato, ya que su vínculo con el peronismo del momento era, de mínima, muy fuerte. La causa por la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador lo dejaría en prisión domiciliaria por solo 167 días, hasta recuperar la libertad. "Apenas salga, porque voy a salir, voy a hacer uno y mil actos, por todo el país, hablando con mi pueblo. Y que no se ilusionen: voy a seguir haciendo política, lo que siempre hice, lo que sé hacer", comentaba en su momento. 

Los dirigentes pasaban a raudales por la quinta de Gostanian durante los primeros días. Pero con el correr del tiempo, que todo lo destruye (y cura), los apoyos mermaban y el caudillo riojano perdía su estrella. El peronismo le daba la espalda. Duhalde y otros que lo habían abandonado hace rato se terminaron de llevar a los últimos leales. Un matrimonio santacruceño, menemista todavía en algunos archivos de YouTube, le daría el golpe de gracia en el 2003 y construiría su discurso a partir de un fuerte rechazo al expresidente. 

¿Enfrenta Cristina Fernández de Kirchner una situación similar? ¿Todo vuelve al final? En este caso la condena es firme, pero hay patrones similares que se repiten y a los que la expresidente debe mirar con cautela si quiere permanecer con poder real en la jerarquía peronista. Horacio Rosatti, como nuevo Urso, también cuenta con un pasado ligado a su víctima. El ministro de Justicia de Néstor Kirchner con un pasado político amparado por el peronismo, anuncia el cambio de los vientos políticos. Cristina Fernández de Kirchner también sueña con establecer en San José 1111 un nuevo lugar de peregrinación. Porque, al fin y al cabo, todo se trata de emular Puerta de Hierro. Pero la Meca peronista parece perder progresivamente su brillo. Desde la península ibérica a una quinta en Don Torcuato, para terminar en un barrio porteño, a solo cuadras de donde transcurrió toda su vida política. ¿Qué sentido tendría para los musulmanes la peregrinación a la Meca si les quedase a diez minutos en auto?



Finalmente, todo decanta en una impostación para una militancia que pide resistencia. El locutor en Plaza de Mayo rotulaba la marcha del miércoles como "el primer día de resistencia". Momentos después, Cristina llamaba a defender la democracia "sin violencia, pero con coraje", sin antes resaltar que por suerte no tiene macetas en su balcón, sino no las podría regar. El epítome vino desde Chaco: Jorge Capitanich llamó a conformar una Internacional Justicialista.

Más que del Gobierno Nacional, Cristina debería enfocarse en sus propias filas. Con Menem todos fueron amables los primeros días y dieron su pésame, pero poco tardaron en dar media vuelta. La CGT estuvo dubitativa toda la semana. ¿Convocar a un paro general o no? Ganó la negativa. ¿Es una alarma para Cristina? ¿Qué harán los gobernadores que, día a día, tienen que seguir negociando con el Gobierno? 

Uno de ellos, ya sabemos, está en una situación quizás más complicada que antes. Axel Kicillof quería dirimir el liderazgo directamente en la Tercera Sección. A las urnas y se acabó. Ahora hay un mártir circunstancial al que seguir. En esto, por el momento, la situación parece diferente a la de Menem. Quizás lo que deba hacer Kicillof, si piensa en el 2027, es relegar sus ambiciones cortoplacistas. ¿Qué pasaría si, con una vuelta de timón, Kicillof cede todo el armado electoral de este año al, ahora heroico, cristinismo? Si el peronismo ya sabe que una gran derrota está tocando su puerta, ¿qué mejor para el gobernador que desligarse de ella y demostrar que la renovación era necesaria? 



Otra opción sería llevar a cabo un trabajo más fino al que Kicillof, hasta hace unas semanas, no parecía estar dispuesto: separar el poder simbólico del poder real lo más posible. Los chinos pudieron relegar a Mao a un plano simbólico. Está en billetes, libros, cartelería y demás propaganda más que cualquier otro presidente que haya tenido la República Popular China. Lo cierto es que, a partir de los últimos tiempos de su vida, el líder comunista no tenía un gran poder real y era usado en ceremonias oficiales como una pieza (eso sí, la más especial) del protocolo. Pero los chinos no tienen elecciones cada dos años. Allí la situación se vuelve más difícil. Es complicado separar los "trapos" y cánticos cristinistas de los votos en las urnas. Kicillof fue consultado sobre si indultaría, hipotéticamente, a Cristina. Contestó (o trató, mejor dicho) de la manera más confusa posible. No hay exégetas capaces para sus palabras. Es prueba suficiente de la situación que enfrenta el gobernador.

Sin embargo, el tiempo continuó haciendo lo suyo con Carlos Menem y, por ende, Cristina Fernández de Kirchner. Los integrantes del Gobierno Nacional, incluso en plena década kirchnerista, comenzaron una tarea de reivindicación menemista. Lo regresaron del ostracismo político. Hoy gran parte del electorado vuelve a guiarse por la estrella de Carlos Menem que, según él decía, no los iba a defraudar. La década kirchnerista se convirtió en la "década neoliberal" que Néstor y Cristina tanto denunciaban hace poco tiempo. Cristina Kirchner, para gran parte de la sociedad, es lo que fue Menem para otros. El tiempo todo lo destruye, y cura. Cristina Fernández de Kirchner tiene que medir sus acciones meticulosamente estas semanas, cuando el polvo de tanto festín de la resistencia termine de caer. Seguramente encuentre más adversarios en su propia interna que en el Gobierno. Este último, en definitiva, la devolvió por el momento a un lugar que estaba perdiendo. Aunque claro, en condiciones diferentes. Ahora el Gobierno de Milei puede seguir polarizando con Cristina Kirchner, pero sin tener que competir directamente contra ella. 

La pregunta final es fácil: ¿le dará el peronismo el tiempo a Cristina Fernández Kirchner, para que vuelva a hacer los uno y mil actos que a Carlos Menem no dejaron?



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