Rumbo a 2027

Carlos Bianco: “No quiero que China construya las casas que podemos hacer los argentinos”

El ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires y referente del axelismo Carlos Bianco dialoga en exclusiva con El Economista y lo recibe en su oficina en la Gobernación de La Plata. Sin cassette ni condicionamientos, una charla a fondo con la economía como eje.

“Una parte de las exportaciones tienen que ser para pagarle al FMI”, considera Bianco. Foto: Pilar Camacho
“Una parte de las exportaciones tienen que ser para pagarle al FMI”, considera Bianco. Foto: Pilar Camacho
Ramiro Gamboa 11 junio de 2026

El mundial de fútbol 2026 ha comenzado. La camiseta roza esa parte decisiva del cuerpo: el corazón. Así, como una cuestión de piel, como algo que no se puede impostar ni caretear lo vive Carlos Bianco, ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, quien juega al fútbol con los mismos amigos desde los siete años. 

Todos los martes, de forma ininterrumpida, se calza los botines en el Club Social y Deportivo Tucumán de Quilmes, una pequeña institución de barrio en la zona de La Colonia. Hace unos días, la clasificación a la final de veteranos se convirtió en un hecho. Es un hombre fiel a sus rutinas, a sus espacios y a sus lealtades políticas. “Debo ser la persona con mayor cantidad de presencias en la historia del Club Tucumán. Son 36 años con partidos semanales”.

“Soy conurbanense”, asegura desde su oficina en la gobernación en La Plata, delante de un cuadro de él y de Axel Kicillof en el polideportivo de Ensenada, en un acto con las tres centrales sindicales: CGT, CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma. 



En esta escena encapsulada, cuando Bianco abre las puertas a la intimidad y al profesionalismo de su oficina, se respiran dos cosas: por un lado, su historia de vida. Es auténticamente oriundo de Quilmes, un auténtico hijo de la provincia. Por otro lado, es parte de un adn axelista que puede pensarse como un ethos, como aquello que se tiene que respirar entre quienes comparten y deciden el futuro de la provincia y pueden ser, también, los candidatos a 2027. Ese ethos se hace con calidez pero con firmeza, con don de gente pero con contundencia. La política no puede ser un instrumento para llenar los bolsillos de los políticos. La sobriedad es también una cuestión de piel

Quién es hoy Carlos Bianco y qué lugar puede ocupar en la política argentina comienza a mediados de los años setenta en Villa Armonía, el segundo barrio formado al oeste de la estación de Quilmes. Un lugar poblado por vecinos de clase media trabajadora. Bianco completó su educación, desde el jardín de infantes hasta la universidad, en el sistema público en Quilmes

La escuela media Comercial 3, con orientación en bachiller contable, marcó su adolescencia. Lo atraían las cuentas y las personas. En su casa, el trabajo era el único idioma posible. Su padre, Hugo Elvio Bianco, tuvo mil vidas para sostener a su familia: verdulero, carrero con caballo en Avellaneda, vendedor de pescado, y luego dueño de tres camiones para transporte de ganado. Al llegar los militares al poder, el negocio familiar se fundió. 



En los años ochenta, Hugo compró un camión volcador para ofrecer servicios de movimiento de suelo a las constructoras encargadas de la obra pública. Pero a finales de 1988 y durante 1989, la hiperinflación paralizó el país. “Ésa fue la peor etapa. La obra pública se paralizó por el ajuste y el trabajo desapareció casi por completo”, recuerda Bianco en carne propia. 

En la década de los noventa, la familia logró un respiro económico por una decisión audaz: el padre abandonó a las constructoras para vender tierra negra a viveros y jardineros. Compraba en distintas canteras de la zona de La Plata, Brandsen, Monte Grande y Varela. A la par, la madre de Carlos Bianco trabajó en la panadería del barrio en su juventud hasta que se dedicó al cuidado de sus dos hijos: Carlos y su hermano Hugo. 

De los seis a los dieciséis años, Bianco rememora que con su familia no pudieron nunca irse de vacaciones. “Durante toda mi infancia, mis padres juntaron plata para construir la casa. Vivíamos con mi abuela, pero mi viejo compró un terreno a cuatro cuadras del club para edificar nuestra propia vivienda”. 



El dinero escaseaba; de todos modos, sus padres lograban pagarle la temporada en la pileta semiolímpica de 25 metros del Club Tucumán. Allí se pasaba los días y nunca dejaba de jugar al fútbol, su primera pasión. 

Esa educación sentimental de correr aún en los días grises le forjó el carácter. Y lo convirtió en un mediocampista habilidoso. La patria de su corazón es hincha de Quilmes y de Boca. La afinidad con Boca Juniors apareció en la primaria para facilitar las discusiones de fútbol. “En el barrio, sobre todo en verano —explica Bianco— se organizaban en la calle clásicos. Era Boca o a River. Se tenía que elegir un lado porque, de lo contrario, resultaba imposible participar. Había que amoldarse a la dinámica del juego”.

Con la misma tenacidad que para la pelota, Bianco se dedicó a estudiar. En el segundo cuatrimestre de 1998, un joven profesor dictaba clases en la Universidad Nacional de Quilmes. Se llamaba Axel Kicillof. 



Bianco fue su alumno y se recibió de licenciado en Comercio Internacional a fines de 1999. En marzo de 2000, comenzó a dar clases de Microeconomía en la sede de Ciudad Universitaria de la UBA. El reencuentro con Kicillof se produjo en ese mismo año. El coordinador de la materia, Guillermo Gigliani, lo invitó a participar de la Asociación Gremial Docente en Ciencias Económicas, un sindicato recién fundado en esa misma facultad de la UBA por el propio Gigliani, Juan Iñigo Carrera y Kicillof. Bianco comenzó a asistir a aquellas reuniones gremiales y el vínculo con su antiguo profesor se resignificó y consolidó en ese ámbito porteño.

Carlos Bianco junto a Axel Kicillof y Augusto Costa.
Carlos Bianco junto a Axel Kicillof y Augusto Costa.

A partir de 2002, Bianco se incorporó a la Cátedra Teubal en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, un espacio también a cargo de Kicillof como profesor adjunto. Allí conoció a Augusto Costa, a Javier Rodríguez y a Cecilia Nahón. “Mis referencias principales pasaban por Axel, líder natural de ese espacio. Después, una gran cercanía con Augusto se generó por nuestra empatía futbolera”, explica. 



La amalgama de academia y formación en Economía Internacional lo llevó a ocupar, entre 2013 y 2015, el cargo de Secretario de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores. Al finalizar ese paso por la gestión, retomó los libros con un posgrado en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en Chile sobre economías latinoamericanas, sumado a un posgrado en San Pablo sobre Economía del Desarrollo. 

En 2016 comenzó un doctorado en Desarrollo Económico en la Universidad Nacional de Quilmes. Sin embargo, la historia y la política exigieron otro rumbo. Decidió subirse a su Renault Clio con Axel Kicillof. 

“El primer viaje en el Clio surgió de manera espontánea; teníamos que trasladarnos y fuimos en mi auto. No hubo una planificación ni estrategia”, comparte Bianco. 



Fue en febrero de 2016, a un acto en el Polideportivo Gatica organizado por Jorge Ferraresi para el entonces Frente para la Victoria. Ese mismo mes, una invitación por redes sociales los llevó a Bell Ville, Córdoba, y la recorrida se extendió hasta la capital cordobesa. Kicillof encabezó allí un acto masivo en un parque ante más de veinte mil personas. “La convocatoria fue una locura. Existía la convicción política de recorrer la provincia”, señala.

“Había también una dinámica alternativa: la parte A era con Axel, y en la parte B viajaba yo sólo por la provincia para dar charlas”. Bianco, para explicar el modelo económico de Mauricio Macri, se encontraba con los vecinos y proyectaba el dibujo de un avión trimotor. El motor principal, ubicado en la punta del fuselaje, representaba el consumo, responsable del 56% de la demanda agregada en la Argentina. Los otros dos motores eran las exportaciones y la inversión. Si no hay recuperación del consumo, con baja inversión y sin empuje exportador, la nave irremediablemente no despega. La explicación didáctica —en la que Bianco es experto— desnudaba la inviabilidad del modelo

“Más allá del título universitario, la economía es más una tarea que un diploma. Siempre trabajé en el área”, reflexiona Bianco. Todavía hoy dicta clases de Economía Internacional todos los lunes en la Universidad de Quilmes.



Esa militancia automovilística lo condujo a la Jefatura de Gabinete bonaerense tras la victoria electoral de Axel Kicillof en 2019. Al mismo tiempo, y desde abril de 2018 hasta abril de 2020, presidió el Club Tucumán de Quilmes. Se ocupó de regularizar la situación legal de la institución y logró la renovación total de la fachada. “Estuve a cargo directamente de los trabajos de pintura, refacción y modernización junto con un amigo de la escuela primaria, quien es arquitecto”, relata. La entrada, con un estilo similar a la Casa de Tucumán, recuperó su esplendor. 

Cuando llegó a la gobernación, la dejadez del lugar mostraba que la anterior gobernadora del PRO María Eugenia Vidal y su equipo no trabajaban desde ahí. 

En 2021, Bianco pasó a la Jefatura de Asesores del Gobernador, un rol creado para procesar datos de todos los ministerios. En esa etapa, impulsó el programa Puentes. “Para hacer centros universitarios en el interior de la provincia de Buenos Aires y llevar carreras de las universidades. Ya inauguramos 52 centros universitarios en municipios chicos del interior y se dictan más de 360 carreras”, destaca con orgullo. Un hito personal.



Finalmente, en 2023, la reestructuración del organigrama lo ubicó como Ministro de Gobierno, cargo que absorbió la mayor parte de las competencias de lo que antes era la Jefatura de Gabinete. Entre los íconos de gestión de los últimos años señala la modernización del Ministerio de Seguridad y el programa del Banco Provincia “Cuenta DNI”.

El hábitat de Carlos Bianco es el de su oficina y el de sus tareas en la gobernación de la Provincia de Buenos Aires. Está en el lugar exacto para que las cosas pasen para otros como él, hijos de la Provincia. Lo sabe y no se desentiende. No se tiene que desentender. Reparte sus horas entre la gestión provincial, las clases universitarias de los lunes y los partidos de los martes. En una época de funcionarios que no pueden ni explicar el origen de su patrimonio, Bianco ostenta el mayor de los lujos: el de poder decir la verdad sobre su vida. 

Para él, siempre es la misma: un aula, un despacho en La Plata, o una cancha de fútbol en Quilmes con la camiseta transpirada.



Bianco
En una época de funcionarios que no pueden ni explicar el origen de su patrimonio, Bianco ostenta el mayor de los lujos: el de poder decir la verdad sobre su vida. 

—El Renault Clio, la docencia universitaria, el club de fútbol. Con Axel Kicillof también sucede. Es un contraste con otros sectores de la política en la comunicación no verbal, en los gestos, en la forma de vivir la vida. ¿Es deliberado?

—Uno es lo que es. No se trata de un origen millonario que de repente exige vender el Rolls Royce y comprar un Clio para hacer política; o dejar la pileta del country para ir a la del club de barrio; o abandonar la Universidad Di Tella para dar clases en la Universidad Nacional de Quilmes en busca de popularidad. El origen es el que es.



Hay cierta austeridad porque las raíces provienen de ese sector. El dinero nunca abundó ni fue un objetivo de vida. Las prioridades se definen de otra manera. La verdadera vocación siempre fue la docencia. Al estudiar Comercio Internacional, la meta no apuntaba a los grandes negocios para acumular patrimonio. No está mal hacerlo, pero no formaba parte de mi proyecto personal. La idea era terminar la carrera y ejercer la docencia. Con alcanzar esa meta ya me sentía realizado.

Además, en mi familia fui la primera generación universitaria e incluso la primera generación en completar el secundario. Nadie había terminado ese nivel educativo. Ni los tíos, ni los primos, ni mis viejos. Solo mis primos habían cursado algunos años sin finalizar. Mis padres sólo completaron la primaria. Por ese motivo, lograr un título universitario significaba un montón y ejercer la docencia era muchísimo.



Luego el mundo lleva por distintos lugares. Me siento bastante realizado en la vida. Eso no quita los objetivos a futuro o la voluntad de seguir en la militancia. Ante la posibilidad de volver a la docencia, la realidad es que sigo en ejercicio. No habría ningún problema en vivir exclusivamente de dar clases o investigar, porque es una tarea gratificante y no se padece. También me gustaría escribir un libro sobre teoría de la economía internacional, que es mi gran interés.

Al mismo tiempo, existe una necesidad en el país. Se construyó una carrera política y es fundamental sostener ese camino. Además, existe un proyecto para gobernar la Argentina el año próximo. Por lo tanto, no se trata sólo de una elección individual. Hay un deber, una necesidad colectiva que se debe cumplir, más allá de no tener una ambición personal desmedida.



—En un escenario de distanciamiento con el Tesoro estadounidense bajo la gestión de Scott Bessent, la red de contención que funciona como garantía para los acreedores privados internacionales se puede volver incierta. Ante un eventual gobierno del peronismo el año que viene, ¿cuál es la estrategia para sustituir ese respaldo?

—Habrá que evaluar en qué condiciones financieras se llega al próximo gobierno. Por lo pronto, el panorama no resulta alentador. 

Dentro de los múltiples problemas estructurales de la Argentina, asoma un cambio positivo. El avance más importante desde el retorno de la democracia radica en que, por primera vez en mucho tiempo, el país tiene la capacidad de diversificar sus fuentes de divisas. Antes la única vía era el campo; hoy se suma el sector hidrocarburífero y, a futuro, la minería, si se desarrollan los proyectos correspondientes. Noticias favorables a largo plazo.



Con esos recursos se pueden implementar distintos modelos. El esquema propuesto por el gobierno de Javier Milei es puramente extractivista: busca explotar la riqueza hidrocarburífera y minera para dedicarla exclusivamente a la exportación. Lo hace bajo normativas como el RIGI y el SuperRIGI, que ni siquiera obligan a las empresas a liquidar las divisas a los dos o tres años. Las divisas no tienen la obligación de ingresar al país. En consecuencia, se extrae la riqueza física sin garantizar el ingreso de la riqueza monetaria.

Será necesario debatir si ése es el país deseado. Con esos mismos recursos se pueden impulsar modelos diferentes, tomando el caso de naciones que incluso los sectores de derecha consideran ejemplares. Noruega encontró riqueza petrolera y no la rifó. El Estado tomó el control mediante una empresa pública y, con los recursos generados, impulsó otros sectores productivos vinculados a la ciencia y la tecnología. Creó un fondo soberano para financiar actividades estratégicas. 

La riqueza se puede redistribuir sin generar nuevas capacidades productivas, o se puede invertir en el desarrollo de sectores más sofisticados para agregar valor a la cadena productiva. No se trata únicamente de extraer hidrocarburos, sino de potenciar la industria local para fabricar las maquinarias necesarias y evitar la importación.



—O hacer una ciudad. Se lee en distintos medios que podría traerse la ciudad hecha desde China sin trabajo argentino.  

—Por eso mismo, resulta un grave error permitir el ingreso de viviendas de China. Además, cabe recordar que el sector de la construcción es uno de los más intensivos en mano de obra. No se trata solo de si la propiedad resulta más barata, sino a quién se le da laburo.



Justamente, al ser un sector tan mano de obra intensivo, por lo general la fuerza de trabajo empleada allí se encuentra poco capacitada y pertenece a las capas medias bajas de la población. Esa gente necesita trabajo, y la idea oficial es traer las casas hechas desde China. No hay ningún problema con China, pero no se debe permitir que hagan las casas allá para instalarlas acá. Hay que mejorar la relación con China; eso está perfecto. 

Ahora, importar casas desde China es una locura inmensa. Hay mucha gente dedicada a la construcción a nivel local con mano de obra de alta calidad. 



De igual modo, existe otra buena noticia para el futuro de los argentinos como consecuencia de la renacionalización de YPF y del desarrollo de Vaca Muerta. Se trata de una cadena: renacionalización de YPF, desarrollo de Vaca Muerta, impulso del sector hidrocarburífero y generación de excedentes a través de la exportación de recursos.

Posteriormente, los argentinos deberemos decidir qué hacer con esos recursos: si permitiremos que las corporaciones transnacionales se lleven toda la ganancia sin dejar nada a nivel local, o si acordaremos que una parte correspondiente vuelva a esas firmas en virtud de su inversión y de su negocio. Ese acuerdo previo con las empresas petroleras extranjeras debe exigirles generar empleo local, desarrollar proveedores nacionales y transferir tecnología al país, porque acá necesitan comer 47 millones de habitantes.

Por otro lado, la muy mala noticia vigente desde hace varios años, a partir del gobierno de Macri, es el altísimo grado de endeudamiento externo en dólares de la economía argentina, sobre todo con acreedores institucionales y, puntualmente, con el FMI.



Se presenta un debate claro: por un lado, hay un cambio estructural positivo a futuro con Vaca Muerta y el desarrollo hidrocarburífero; por el otro, persiste el grave problema del nivel de deuda en dólares con el organismo internacional. Son cuestiones susceptibles de neutralizarse eventualmente, pero habrá que discutirlas.

—¿Cómo se neutraliza la presión del FMI?

—¿Cómo quiere el FMI que se neutralice esa situación? Su propuesta es que todo lo exportado se utilice para abonar la deuda otorgada.



—¿Y ustedes cómo coordinarían con el Fondo?

La postura debe ser clara: destinar una parte de las exportaciones al pago de la deuda y utilizar la otra para desarrollar capacidades productivas. De esa manera, el modelo resulta más sustentable en el tiempo. En definitiva, es una negociación política con el Fondo.



—¿Horacio Marín se mantendría en YPF?

No. YPF es una empresa pública donde la Secretaría de Energía o el presidente de la Nación definen las autoridades a cargo. La presidencia de YPF es un cargo político. No se trata de alguien con un puesto en un surtidor que, de repente, hizo carrera y llegó a dirigir la compañía.



Presidir la empresa más grande de la Argentina, de capitales mayoritarios, es una función política, tal como ocurre en cualquier firma petrolera del mundo. Esto no implica falta de conocimientos sobre el sector, su funcionamiento o sus lógicas. Simplemente se trata de una definición. De la misma forma que un primer mandatario designa al ministro de Economía, al jefe de Gabinete o al ministro de Salud, también elige al presidente de YPF. Así es como lo hizo Milei y lo hizo Macri. 

—¿Cuál es la evaluación del desempeño de Horacio Marín hasta entonces?

—Mala. Te doy un ejemplo claro. Habrá hecho cosas bien y cosas mal, pero una de las más importantes era la planta de licuefacción en Bahía Blanca. Se venía trabajando hace diez años: los terrenos estaban reservados, se habían realizado los estudios de factibilidad y todo el mundo trabajaba en torno a la que iba a ser la mayor inversión en la historia de Argentina. El proyecto completo suponía US$50.000 millones.

Y durante su gestión, todo eso naufragó. Se perdieron diez, o tal vez doce años. Hoy, Argentina podría estar exportando GNL o, como mínimo, ejecutando gran parte de esas inversiones, generando empleo y proveedores en Bahía Blanca. Se perdió. Por lo tanto, Marín tuvo un gran fracaso.

Después dijo que iba a realizar el proyecto en Punta Colorada y no lo hizo. Posteriormente, anunció la instalación de boyas para exportar sin valor agregado ni desarrollo de inversiones, y tampoco hizo nada. Quizás en algún momento concrete algo. Hoy te afirmo que, durante su gestión, Marín perdió la inversión más importante de la historia, probablemente por culpa de Milei.

—¿A las empresas que ya ingresaron al RIGI y al superRIGI se les respetarían las condiciones?

—Si existe estabilidad fiscal garantizada por ley, no hay forma de ir en contra de eso, obviamente.

—Tras el diálogo con Máximo Kirchner a partir de la organización de la despedida del Indio Solari. ¿Cómo está el vínculo con Cristina?

—Axel habló con Máximo para coordinar el trabajo, y yo lo saludé como lo hago siempre cuando me lo crucé en Avellaneda. 

Con Cristina, cuando resulte necesario, se hablará. No tenemos ningún problema ni hemos decidido cortar el diálogo con nadie. De hecho, hablamos con todo el mundo. Lo que sí sostengo es que debe existir un objetivo en la charla, además de argumentos, respeto y condiciones básicas para un diálogo político.

Axel Cristina
Bianco: “Con Cristina, cuando resulte necesario, se hablará”

—¿Qué mirada tienen los sectores del campo y los grandes empresarios ante un posible gobierno de Axel?

—Habría que preguntarles a ellos. Nos hemos reunido permanentemente por cuestiones de gestión. La verdad es que no encuentro grandes quejas del sector empresarial hacia Axel o hacia la gestión productiva de la Provincia, ya sea por parte del Ministerio de Desarrollo Agrario, el Ministerio de Producción o el Banco Provincia.

Tenemos una relación muy razonable con el campo, la Sociedad Rural y la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP). 

Todo el tiempo nos escriben empresas, sobre todo pymes, pidiendo algún salvavidas porque se funden a causa de las políticas del gobierno nacional. Hacemos todo lo que está a nuestro alcance. Sin embargo, no se puede ir en contra de la macroeconomía. Una provincia no puede compensar los desaguisados de una política macroeconómica.

—¿Cómo es su vínculo con el campo? ¿Qué medidas implementarían con respecto a las retenciones?

En la Provincia de Buenos Aires no se cobran retenciones y existe un buen vínculo con el campo. La Provincia no recauda ese impuesto; es una potestad exclusiva de la Nación. Sin embargo, a nivel nacional siempre se cobraron retenciones; incluso las aplicó la derecha.

Los derechos de exportación son una potestad del gobierno nacional establecida en la Constitución y siempre se cobraron. Podrán ser mayores o menores, según la coyuntura. No hay que atarse a ninguna postura rígida. En determinados contextos se puede o se debe cobrar, y en otros escenarios resulta más conveniente bajarlas. No existe un nivel óptimo de retenciones ni un dogma sobre su existencia. Simplemente son un instrumento pasible de utilizarse o no.

—¿La inflación seguiría en descenso en un gobierno peronista?

—Tenemos que trabajar para lograr eso.

—¿Qué va a pasar con la inflación desde el 10 de diciembre de 2027?

—Basta con ver lo que ocurrió. Hoy hay el doble de inflación que la que dejó Axel en 2015 como ministro de Economía.

—Existen antecedentes de tensión, como ocurrió en el Reino Unido entre Tony Blair y Gordon Brown, o en la Argentina entre Carlos Menem y Domingo Cavallo. Por su perfil de economista, ¿Axel tendría roces con su propio ministro de Economía?

—No tiene por qué suceder. De hecho, hoy Axel es economista, tiene su propio ministro de Economía en la Provincia y no existe ninguna tensión. Y si eventualmente surge alguna tensión, el presidente lo reemplazará, como corresponde con cualquier ministro. Las tensiones siempre pueden existir, como ocurrió en el pasado, pero es potestad del presidente resolverlas.

—¿Cómo se desmantela el prejuicio del mercado más conocido como ‘riesgo kuka’?

—Sobre el “riesgo kuka” o la idea de que “Axel va a tener déficit”, basta con mirar la gestión provincial. En la Provincia no hay déficit y, si lo hay, resulta mínimo y coyuntural.

—Luis Caputo siempre menciona a Kicillof para criticarlo en sus discursos. 

Luis Caputo le tiene mucho miedo a sufrir una corrida y busca curarse en salud de antemano. Busca instalar que la culpa no será suya, sino de otro.

Ése es el accionar de la derecha: al asumir, justifican que todo está mal por culpa de los que estuvieron antes. Luego pasan tres años de gobierno y te dicen que las cosas pueden salir mal por los que vendrán después. Nunca se hacen cargo de su propia gestión. Para ellos, el problema siempre es el pasado o el futuro, nunca el presente. Resulta que antes se estaba mejor y, probablemente, después también. Caputo debe hacerse cargo de lo que hizo, de la tasa de desempleo, de la destrucción de empresas y del cierre de negocios.

—Ese miedo a una corrida que tiene Caputo, quizás también lo sientan algunos votantes con ganas de apoyar al peronismo, pero que tampoco quieren que el dólar se dispare ni que el mercado se desestabilice. 

—Ése no es nuestro programa. No sé si es el programa de alguien, pero dudo que sea el plan de algún sector que el dólar se dispare a cualquier precio. Todos son conscientes de que un salto cambiario importante trae graves consecuencias en la economía real. Fue exactamente lo que hizo Milei apenas asumió, culpando a la gestión anterior. Existían muchos problemas previos, y el tipo de cambio era uno de ellos, pero él llegó y devaluó un 118%.

Encima, afirmaron que eso generó una profundización inicial del proceso inflacionario y se la asignaron al gobierno anterior, cuando en realidad fue producto de la mayor devaluación de la historia. Por lo tanto, creo que devaluar fuertemente la moneda no es el programa de nadie, y desde luego no es el nuestro.

—¿Cómo se hace para que, si empiezan a estar primeros en las encuestas, no bajen las acciones ni suba el riesgo país?

Vamos a trabajar para lograr la estabilidad de la moneda y de los precios, pero no a costa de romper todo.

Al repasar la gestión nacional de Axel, se observa que bajó la inflación. No devaluó la moneda, salvo un pequeño salto apenas asumió. Después de eso, la moneda se mantuvo estable, al mismo tiempo que aumentaban la producción y el empleo. Ése es nuestro programa: estabilidad monetaria y de precios, pero con un esquema para fortalecer la producción local en lugar de la importación.

Nos parece perfecto contar con producción hidrocarburífera; de hecho, lo hizo YPF una vez nacionalizada. Es correcta la minería y la producción agropecuaria. Lo planteado es que a ese recurso natural hay que agregarle valor o generar una cadena productiva hacia atrás y hacia adelante. Es decir, fabricar la maquinaria necesaria o exportar productos finales con mayor valor agregado. 

—¿Emmanuel Álvarez Agis podría ser su ministro de Economía?

—Eso lo definirá quien asuma la presidencia. Hoy Axel no ocupa ese cargo. Emma es un gran compañero. Formó parte del equipo económico entre 2011 y 2015. Es muy querido por todos, obviamente. Se conocen con Axel de la UBA y él decidió ponerlo como vice. 

—¿Y por qué ahora no es parte del gobierno provincial?

—Porque Emma decidió hacer una carrera como consultor. Al terminar aquella gestión en Nación, optó por la consultoría privada. Le fue de manera muy exitosa y me parece bien.

—¿Quién podría asumir un rol similar al de Danilo Astori? Me refiero a la figura del ministro de Economía uruguayo que actuó como voz principal y de consenso del Frente Amplio.

—No sé si un Astori. Seguramente habrá un ministro de Economía; lo definirá el presidente. Hoy Axel ni siquiera es candidato a presidente, así que no se sabe.

—¿Cómo podrían hacer para mejorar los salarios?

—Se requieren políticas activas para recomponer los ingresos. Eso se logra con mayor desarrollo productivo o con medidas específicas, como lograr que el salario mínimo acompañe el aumento de la productividad. De esa forma, la situación mejora. En cambio, si se deja el salario mínimo estancado, el empresario paga ese piso o el sueldo de convenio. Hay que trabajar para recuperar el poder adquisitivo y ello exige iniciar un proceso de crecimiento rápidamente.

—¿Hay algún modo de aumentar salarios y mantener la inflación a la baja?

—Sí, por supuesto. En la historia del capitalismo ha pasado un montón de veces. Por lo pronto, si aumenta la productividad, es posible lograr precios a la baja.

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