¿Por qué el motor de combustión interna prevaleció sobre el eléctrico? Faraday descubrió el motor homopolar en 1821, cinco décadas antes que el motor a explosión de Otto (1876).
Sin embargo, el éxito inicial de los combustibles fósiles se explicó por la facilidad de su almacenamiento: un simple tanque de acero de 10 kg permitía autonomías muy superiores en los vehículos autopropulsados. Esto favoreció la producción masiva del Ford T, que definió el paradigma tecnológico de inicios del siglo XX.
En aquel momento, tanto las baterías de plomo-ácido (1859) como las de níquel-cadmio (1899) carecían de la densidad energética necesaria para competir con los derivados del petróleo en el transporte automotor. El agotamiento de las reservas, el calentamiento global, el cambio climático y cuestiones geopolíticas están marcando un sendero ineludible hacia la electromovilidad.
¿Cuál es el principal problema que hoy enfrentan fabricantes como Tesla y cómo puede Argentina contribuir a la expansión de la misma? La cuestión clave es la restricción minera.
El desarrollo de las baterías de ion-litio en la década de 1990 permitió avances decisivos en la electrónica portátil, la movilidad eléctrica y el almacenamiento de energías renovables. Sin embargo, las baterías de los autos eléctricos requieren 27 veces más minerales que un vehículo convencional, y no uno solo, sino al menos ocho metales estratégicos —litio, níquel, cobalto, grafito, cobre, manganeso, aluminio y tierras raras— cuya oferta global es limitada y geográficamente concentrada. Con la producción minera actual, solo es posible que alrededor del 20% de los 75 millones de automóviles fabricados anualmente en el mundo sean híbridos o eléctricos.
La contribución argentina al desarrollo de la electromovilidad global requiere al menos cuatro elementos.
Primero, la región del "triángulo del litio" —Argentina, Bolivia y Chile— ocupa una posición estratégica sin precedentes.
Argentina posee importantes reservas probadas de litio y una diversidad geológica que incluye cobre, lo que le permite no sólo abastecer la creciente demanda mundial, sino también atraer inversiones para desarrollar cadenas de valor locales, desde la producción de grado batería hasta componentes para electromovilidad. La clave será transformar recursos en capacidades tecnológicas y productivas. En el caso del cobre, existen en el país al menos 6 proyectos en condiciones de ser puestos en producción en los próximos tres a cinco años (US$ 22.000 millones en CAPEX acumulados, entre aquellos en construcción, factibilidad y prefactibilidad).

Segundo, es imprescindible una cantidad significativa de aportes de capital (equity) para avanzar en la exploración minera de los demás minerales críticos. En más de dos tercios de la superficie nacional, los recursos geológicos potenciales esperan por campañas de exploración de Junior Companies que los transformen en reservas probadas y les den factibilidad económica. Este es uno de los grandes desafíos para las provincias mineras, para el sistema financiero argentino y en la captación de inversión internacional. Existe un espacio para el diseño de instrumentos legales y financieros que permitan captar una porción del ahorro doméstico hacia una industria aún incomprendida.
Tercero, la presión internacional por descarbonizar el transporte abre una ventana para pensar políticas de desarrollo industrial asociadas a la minería. La electromovilidad no depende únicamente de producir autos eléctricos, sino de garantizar un suministro estable, sostenible y trazable de minerales críticos. Si las empresas argentinas, junto con inversores internacionales, logran combinar certificaciones ambientales y acuerdos de transferencia tecnológica, el país puede convertirse en un proveedor global confiable y, al mismo tiempo, impulsar nuevas industrias de alto valor agregado.
Cuarto, el país tiene además una base tecnológica de I+D capaz de contribuir en el mejoramiento y la eficiencia de nuevas baterías. Una parte de los 300-500 ingenieros químicos formados anualmente en las universidades argentinas están llamados a sumarse a sus pares globales desarrollando startups en la búsqueda de soluciones que permitan mitigar el calentamiento global y el cambio climático en una industria de fuerte demanda en las próximas décadas.
- La transición hacia la electromovilidad plantea desafíos tecnológicos y productivos que dependen cada vez más de los minerales críticos.
Argentina, por su dotación de recursos y su posición estratégica en el triángulo del litio, tiene la posibilidad de ocupar un lugar relevante en esta transformación. Pero para que esa oportunidad se materialice, será necesario combinar exploración, inversiones, sostenibilidad y una estrategia industrial clara. Solo así el país podrá contribuir de manera significativa al nuevo mapa global de la movilidad eléctrica. ¿Dejaremos pasar esta oportunidad?