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El "Teatro de la IA": por qué pagar ChatGPT no te hace más productivo

Cada vez más pymes y CEOs suman inteligencia artificial, pero los resultados no aparecen.

El "Teatro de la IA": por qué pagar ChatGPT no te hace más productivo

Hay una fantasía dando vueltas por estos días. Dueños de pymes, CEOs regionales, consultores independientes: todos comparten la misma ilusión. Creen que sumar Inteligencia Artificial al negocio los vuelve automáticamente más eficientes, más rentables, mejores. Que alcanza con tener la herramienta.

No funciona así. Ni en la pyme de barrio ni en la filial de la multinacional.

Lo que estamos viendo en la mayoría de las organizaciones no es una transformación digital. Es una obra de teatro. Una puesta en escena que podemos llamar el "Teatro de la IA".



El Teatro de la IA funciona así: actuamos de modernos. Pagamos la suscripción premium a ChatGPT o Copilot (el vestuario), subimos un posteo a LinkedIn diciendo que estamos "innovando" (la marquesina) y aplaudimos. ¿Qué pasa detrás del telón? Nada. El dueño de la pyme sigue tapado de urgencias, el gerente sigue pidiendo el mismo reporte en el mismo Excel de siempre, y la herramienta junta polvo virtual porque "no tenemos tiempo de aprender a usarla".

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El mito del botón mágico

La IA, por sí sola, no resuelve nada. Da lo mismo si sos una pyme de diez personas o la filial local de una compañía global.



Pagar la cuota del gimnasio no te saca abdominales. Y comprarte un piano de cola no te convierte en concertista de un día para el otro. Con la IA pasa exactamente lo mismo: la herramienta es solo el requisito mínimo para entrar a jugar. Lo demás lo tenés que poner vos.

Los que auditan implementaciones de IA en empresas de todos los tamaños suelen encontrarse con una constante: la regla del 10-20-70. Aplica igual seas CEO, consultor o emprendedor, porque demuestra que el éxito no está en el código, está en el sudor:

  • El 10% es la IA (la excusa): Muchos pierden semanas discutiendo qué aplicación contratar. Hoy la tecnología está al alcance de cualquiera. Discutir por la herramienta antes de arrancar es como discutir qué zapatillas usar para correr cuando todavía no te levantaste del sillón.
  • El 20% es tu orden interno (la plomería): Son tus archivos, tus procesos, la forma en que estructurás la información de tus clientes o de tu equipo. Si tus procesos hoy son un caos, la IA solo te va a servir para automatizar ese caos a la velocidad de la luz.
  • El 70% son las "ganas" y tu equipo (la realidad): Acá es donde se define el partido. Requiere el esfuerzo de agarrar una tarea aburrida, desarmarla y volverla a armar. Y exige que vos, como líder —de un equipo de tres o de trescientos— seas el primero en meter las manos en el barro. La IA no se delega como quien hace un trámite; se empuja con el ejemplo. Recién ahí, tu equipo te sigue.

Cómo bajarlo a la realidad

El problema del Teatro de la IA es que esperamos que la máquina piense por nosotros. Pero la tecnología no es un sustituto de tu voluntad; es un amplificador de lo que ya venís haciendo bien (o mal).



Si querés dejar de actuar y empezar a ver resultados reales, mi consejo es arrancar por acá:

  1. Identificá una sola tarea que a vos o a tu equipo les quite energía todos los días (responder consultas frecuentes, armar presupuestos preliminares o consolidar minutas).
  2. Sentate con tu gente. No les tires una licencia por la cabeza. Usenla juntos, equivoquense y transpiren la camiseta en equipo.
  3. Entrená a la herramienta con la realidad de tu negocio, no con lo que dice el organigrama.

Yo tampoco me las sé todas con esto. Sigo probando, equivocándome y ajustando en mi propio día a día.

¡Charlemos! No estás solo en esta obra.



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