Hidrógeno verde

Adaptarse al cambio climático es clave para volver a crecer

La adaptación al cambio climático puede ser uno de los drivers de crecimiento de Argentina

Adaptarse al cambio climático es clave para volver a crecer
Mariano De Rosa Mariano De Rosa 11-11-2021
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La adaptación al cambio climático será una condición necesaria para poder hacer la vida humana lo más sencilla posible en los próximos años. Por esa razón, la gran transición energética toma un camino cada vez más acelerado y protagónico en el escenario global.

Las consecuencias migratorias, la destrucción de empleos, las sequías más intensas y duraderas por los efectos del aumento de la temperatura son los titulares no sólo de los medios más importantes del mundo sino también de los papers de investigación científica que encuentran al aumento de las temperaturas como la amenaza real no sólo al crecimiento económico sino a las condiciones ambientales para un apto desarrollo de la vida humana.

Según las Naciones Unidas, los últimos cuatro años fueron los más calurosos de la historia, la actividad humana produjo niveles récord de gases de emisiones de invernadero en 2019 y el cambio climático está limitando la disponibilidad de agua corriente.

Se necesita un salto hacia adelante en la energía, la industria y el transporte; y el hidrógeno verde puede estar a punto de purificar el sabor del progreso con tecnología que sólo emite vapor de agua. La energía del hidrógeno verde puede ser producida en cualquier parte, con energía renovable y a muy bajo costo.

Aunque el hidrógeno es el elemento químico más abundante en el universo, para su producción, es necesario separarlo de otros elementos. El foco ahora está puesto en este hidrógeno verde que se genera cuando se aplica corriente de electricidad renovable al agua.

Este proceso lo convierte en una fuente de energía totalmente circular y de cero emisiones que se puede guardar, transportar o aplicar a escala industrial. También es cada vez más asequible porque los costos de los equipos de electrólisis y la energía renovable cayeron dramáticamente durante la última década, haciendo al hidrógeno verde más viable y escalable en su rentabilidad.

La actual transición parece ser un cambio en todo sentido. Desde el mercado de trabajo dado que las energías verdes son más mano de obra intensiva que las energías fósiles debido a la importancia geopolítica de quien es el nuevo oferente de energía.

De un mundo que depende de los recursos sucios para abastecer de energía a un mundo que dependerá del fabricante de los generadores de tecnologías para aprovechar las energías renovables lo máximo posible. Esto no significa que los países productores de petróleo o gas pierdan preponderancia, sino que deberán compartir ese rol con China que produce la mayor cantidad de artefactos que se sirven de energías verdes.

Argentina, antes, debe solucionar sus problemas


Dentro de ese contexto global, Argentina debe recuperar la senda del crecimiento económico que perdió desde 1975. Nuestro país, hasta los '70, tenía niveles de PIB per cápita mayores a los de cualquier potencia, salvo Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania y hasta 1958 Argentina poseía, según Maddison, el mismo nivel de riqueza que Francia.

Luego, sobrevino la pérdida de estabilidad para el crecimiento, reflejo de las erráticas políticas económicas. No solo desde los problemas macroeconómicamente inherentes al déficit fiscal, sino también a las malas recetas aplicadas para encarar procesos de mejora de la balanza de pagos. Argentina desde hace 50 años no sabe comerciar con el mundo. O podemos pensar peor: un sector de la economía se lo despilfarra.

Argentina no le vende al mundo lo que realmente necesita, cada vez ha perdido mayor libertad económica y ha virado de políticas liberales con exceso de gasto público como en los '90 a medidas altamente proteccionistas como en la década del '80 y durante la poscrisis de la convertibilidad.

La adaptación al cambio climático puede ser uno de los drivers de crecimiento más interesantes junto a la oferta de alimentos y a la industria del software. Integrarse al comercio mundial desde lo que Argentina puede hacer de manera barata, productiva y por condiciones geográficas pueden ser parte de la solución a la falta de crecimiento.

Mirando hacia el sur

El hidrógeno verde apareció en los últimos días en las primeras planas de los medios nacionales ya que Argentina, en su necesidad de obtener inversiones extranjeras y divisas para poder crecer en el mediano plazo, anunció inversiones por US$ 8.400 millones de parte de la empresa australiana Fortescue Future Industries, propiedad del empresario minero y ganadero Andrew Forrest.

Las inversiones anunciadas serán para la producción de hidrógeno verde. Un recurso que se produce por electrólisis, utilizando una corriente eléctrica para separar del agua sus dos compuestos, hidrógeno y oxígeno. Si está corriente eléctrica se genera a partir de una fuente renovable, el hidrógeno limpio producido se conoce como hidrógeno verde y lo interesante de ese hidrógeno es que no genera emisiones.

El proceso de adaptación y transición hacía energías verdes parece ser un camino que Argentina está obligada a tomar, no solo por sus capacidades sino también por su alta fragilidad macroeconómica.

Observando el país como un todo, la potencialidad de exportaciones en energías, dejando a un lado el litio, se encuentra en cuatro provincias que exportan o supieron exportar energías fósiles y que hoy están viviendo un periodo de adaptación hacía la transición. Donde conviven cigüeñas petroleras y turbinas eólicas.

Mirar hacia la transición energética nos invita a entender que el rol de la Patagonia como exportador y generador de energía sigue teniendo una parte ociosa que viene a suplementar las energías verdes dadas las condiciones climáticas que la región posee.

Si bien la implementación de energías renovables no implica un crecimiento de las exportaciones demuestra que la región tiene una potencialidad que ninguna otra región tiene en materia energética.

La riqueza en recursos naturales, que tal vez soslaye la maldición de tenerlos, dado que estas provincias no han visto mejoras de las condiciones de vida de sus habitantes. Tan solo Chubut y Santa Cruz, con menos de un millón de habitantes, han logrado exportar en los últimos 10 años lo mismo que Argentina exportó en 2020.

La Patagonia en su conjunto se lleva más del 70% de las exportaciones de energía, demostrando que la capacidad que tiene esta región es envidiable por sus condiciones geográficas y demográficas.

La participación de las exportaciones patagónicas en la balanza comercial argentina ha ido en aumento junto al fenomenal crecimiento de su población. Según el Indec, desde 1970 la población argentina creció 94% pasando de 23 millones 45 millones. Mientras que la región logró crecer 246% desde 700.000 personas en 1970 a casi 2,5 millones de personas en la actualidad. La Patagonia contará sin lugar a dudas con un rol preponderante. Por lo pronto, el hidrógeno verde en Rio Negro promete inversiones por US$ 8.400 millones.


(*) Fundador de masinversiones.com

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