Trump versus Harris, a todo o nada por la presidencia de EE.UU.
La cuenta regresiva ha comenzado (en realidad, desde hace un par de semanas, con el voto por correo) de cara a las elecciones más importantes del mundo: el próximo martes 5 de noviembre, los estadounidenses acudirán a las urnas para elegir a su nuevo presidente.
En total, se espera que unos 180 millones de estadounidenses (de los 244 millones que podrían hacerlo) participen de estas elecciones en las que la polarización parece estar llegando a niveles récords.
Por un lado, Donald Trump, quien fue presidente entre 2016 y 2020, intentará volver a la Casa Blanca cuatro años después de su derrota con Joe Biden.
En el caso de lograrlo, el líder republicano se uniría al demócrata Grover Cleveland, hasta ahora el único exmandatario de EE.UU. que terminó su primer periodo presidencial, abandonó el poder, y luego regresó a la Casa Blanca cuatro años después.
Por su parte, Kamala Harris, actual vicepresidenta de Joe Biden, buscará convertirse en la primera mujer presidenta en toda la historia de Estados Unidos.
Cabe recordar que, como consecuencia de que Biden decidiera no ir en busca de su reelección, nos quedaremos con las ganas de ver la primera "revancha presidencial" en casi 70 años (la última vez ocurrió en 1956, cuando Dwight D. Eisenhower volvió a derrotar a Adlai Stevenson).
Entre sondeos y sensaciones
Durante mucho tiempo, Trump lideró las encuestas, principalmente porque a la mayoría de los estadounidenses les preocupaba la elevada edad de Biden.
Sin embargo, tras la nominación de Harris, los demócratas lograron dar vuelta la tendencia y, según la mayoría de los sondeos, hoy tienen una intención de voto del 48,5%, contra el 47,5% de Trump.
No sería ninguna novedad que los demócratas se impongan en el voto popular ya que, desde el triunfo de George H. W. Bush en 1989, los demócratas siempre han sacado más votos que los republicanos, a excepción de 2004, cuando George W. Bush fue reelecto.
No obstante, el actual partido oficialista bien sabe que, pese a esta favorable diferencia, el resultado podría no ser suficiente para asegurarle la presidencia a Harris.
En realidad, la elección se decidirá en el Colegio Electoral, compuesto por 538 electores, en donde es necesario alcanzar la cifra de 270 para coronarse.
Justamente, el propio Trump llegó al poder de esta manera en 2016: aunque perdió por casi 3 millones de votos con Hillary Clinton, el magnate logró imponerse en estados clave que le permitieron obtener 304 electores contra 227 de Clinton.
Y, para suerte de Trump, parece que la historia podría volver a repetirse: mientras que en la mayoría de los estados ya se sabe quién ganará (por ejemplo, los republicanos en Texas y los demócratas en California), el magnate parte con la delantera en la mayoría de los siete estados claves que definirán la elección.
Específicamente, los sondeos le dan la delantera a Trump en Nevada, Pensilvania, Carolina del Norte, Arizona y Georgia, mientras que Harris apenas lidera en Michigan y empatan en Wisconsin.
Entre todos los estados, Pensilvania es el más codiciado por ambos candidatos, ya que otorga la determinante cifra de 19 electores.
De todas formas, un triunfo en ese estado no es la única condición necesaria para que Trump o Harris se conviertan en presidentes: mientras que el exmandatario también debería imponerse en Georgia, Carolina del Norte y Arizona; Harris debería hacerlo Michigan, Wisconsin y Nevada.
Ahora bien, ¿qué explica la positiva imagen de Trump? A grandes rasgos, los estadounidenses no están para nada conformes con el desempeño económica de la gestión Biden-Harris.
Se espera que este año el PIB de EE.UU. crezca 2,5%; esta es una cifra muy similar al 2,3 % de Trump en 2019. Además, tanto Biden como Trump han tenido cifras de desempleo similares, rondando el 3,5 %.
Sin embargo, el actual mandatario se enfrentó a un problema mucho mayor: una inflación que llegó a superar el 9%, siendo la más elevada para EE.UU. en 40 años.
Y a esto se suma que, pese a que dicho problema ahora parece estar bajo control, la Fed mantuvo sus tasas de interés en el rango del 5,25-5,5% durante mucho tiempo, dificultándole a la población acceder a créditos, principalmente a la hora de comprar una propiedad.
Así, aunque la economía norteamericana mejora semana a semana, la percepción de los votantes es que, en los últimos años, se han vuelto más pobres.
En este sentido, no es casualidad que, en los siete estados claves antes mencionados, el promedio del ingreso per cápita haya crecido 4,2% en el período 2019/2023, mientras que en el resto del país lo hizo al 6,3%.
En estos siete estados viven unos 61 millones de personas y suman un PIB de US$ 4,4 billones de dólares, cifra similar al de Alemania.
Es preciso agregar que, en Arizona, Georgia y Carolina del Norte, estados en donde también hay una elevada preocupación por la inmigración ilegal, los sondeos le dan a Trump una ventaja de más del 1,5%.
Preocupación en ascenso
Más allá de las especulaciones, la realidad es que no se sabrá quién es el nuevo presidente de EE.UU. hasta la noche del 5 de noviembre e incluso más allá.
Esto se debe a que, si los resultados son muy ajustados, no debería descartarse que algunos procesos se judicialicen, tal como pasó en el 2000.
Ese año, Al Gore superó a George W. Bush por unos 500.000 votos a nivel nacional, aunque fue este último quien se convirtió en presidente.
Bush había obtenido un triunfo clave en Florida, por apenas 537 votos, lo que le otorgaba 25 electores. Pero, ante la mínima diferencia, Al Gore decidió judicializar el proceso, que terminó llegando a la Corte Suprema.
Sin embargo, desde el 7 de noviembre, fecha en la que se celebraron las elecciones, había pasado más de un mes, por lo que un nuevo recuento de votos ponía en peligro la tradición de que el presidente asumiera en enero, lo que podría generar un bloqueo institucional inédito en la historia del país.
Por eso, el 12 de diciembre del 2000, la Corte Suprema falló a favor de Bush por un ajustadísimo 5 a 4.
Ante este precedente, y teniendo en cuenta las encuestas, muchos temen que se reviva una situación similar. Y esta vez hay otro antecedente mucho más inquietante: el ataque al Capitolio en enero de 2021.
Teniendo en cuenta cómo se comportó Trump luego de su derrota con Biden, la gran preocupación es que el magnate nuevamente incite a la violencia si no es derrotado con claridad, lo que pondría en jaque la histórica institucionalidad norteamericana. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar