Polémica

Trump abrió la billetera: busca startups para fabricar las armas del futuro y "bajar el costo de la muerte"

Driscoll busca startups para desarrollar drones, sensores y armas baratas que reduzcan el "cost per kill", el costo económico de neutralizar cada amenaza.

Dan Driscoll quiere abaratar la muerte
Dan Driscoll quiere abaratar la muerte EE
22 julio de 2026

El secretario del Ejército de Estados Unidos lanzó una convocatoria directa a emprendedores tecnológicos. Busca drones, sensores, software e interceptores baratos que permitan reducir el "cost per kill", el dinero necesario para neutralizar las amenazas.

El Ejército de Estados Unidos salió a buscar startups capaces de fabricar las armas y tecnologías que podrían definir las guerras del futuro. El objetivo, expresado con la crudeza del lenguaje militar, es reducir el "cost per kill": bajar el costo económico de cada derribo o neutralización.

Daniel P. Driscoll, secretario del Ejército estadounidense, difundió un video de poco más de un minuto en el que convocó directamente a emprendedores, ingenieros y fundadores tecnológicos.



"Traigan sus ideas y nosotros les daremos el capital y el campo de pruebas para escalar", prometió el funcionario frente a cámara.

La grabación termina con una invitación concreta: ingresar a ycombinator.com/apply y presentar los proyectos. La convocatoria también fue incluida en Requests for Startups, la plataforma de Y Combinator, una de las aceleradoras más influyentes de Silicon Valley y cuna de compañías como Airbnb, Coinbase, Dropbox y Stripe.

El lugar elegido no es casual. En vez de limitarse a negociar con los gigantes tradicionales de la industria armamentística, Washington quiere seducir directamente a fundadores y empresas tecnológicas jóvenes.



"Rompimos el viejo manual"

"Las guerras están en un punto de inflexión y las viejas formas de adquisición del Ejército simplemente no pueden seguir el ritmo de las amenazas modernas", reconoció Driscoll en el video.

Según el funcionario, el combate actual exige soluciones desarrolladas comercialmente, modulares y construidas sobre arquitecturas abiertas. Es decir, sistemas cuyo software y hardware puedan actualizarse, combinarse o reemplazarse rápidamente sin tener que rediseñar un arma completa.

"Por eso rompimos el viejo manual de adquisiciones", aseguró.



Driscoll sostuvo que Estados Unidos necesita "fundadores hambrientos e innovadores" capaces de desarrollar tecnología para el "crisol del combate terrestre".

"Las amenazas que enfrentamos cambian diariamente y el Ejército debe dominar en todas partes: desde el Ártico hasta los archipiélagos y desde el espacio hasta los entornos subterráneos", agregó.

Qué tecnologías busca el Ejército estadounidense

La lista de compras presentada por Driscoll es amplia. El Ejército busca financiar:


  • Interceptores de bajo costo.
  • Drones de nueva generación.
  • Sensores y sistemas de vigilancia.
  • Software militar.
  • Cargas útiles para vehículos y aeronaves.
  • Sistemas logísticos resistentes.
  • Tecnologías de fabricación avanzada.
  • Componentes que puedan integrarse a plataformas militares abiertas.

Además, todas esas soluciones deberán ser capaces de operar en algunos de los ambientes más extremos del planeta.

"Nunca hubo un mejor momento para construir para el Ejército. La puerta está completamente abierta, así que pongámonos a trabajar", concluyó Driscoll.

El "costo de la muerte"

La expresión elegida por el funcionario fue "cost per kill", una métrica utilizada en el mundo militar para calcular cuánto dinero cuesta neutralizar o destruir una amenaza enemiga.



El término no necesariamente se refiere a una persona: también puede aplicarse al derribo de un dron, un misil, una aeronave o cualquier otro objetivo. Sin embargo, expone con crudeza la lógica económica que atraviesa a las guerras modernas.

Los conflictos recientes revelaron una vulnerabilidad de los sistemas defensivos tradicionales. En muchos casos, los ejércitos deben utilizar misiles que cuestan cientos de miles o incluso millones de dólares para destruir drones producidos por una fracción de ese valor.

La operación puede ser militarmente exitosa, pero económicamente ruinosa. Un adversario podría saturar las defensas lanzando grandes cantidades de equipos baratos y obligar al otro bando a consumir rápidamente sus interceptores más sofisticados.



Por eso, el Ejército estadounidense busca sistemas capaces de bajar el costo por derribo y sostener una guerra prolongada sin vaciar sus arsenales ni disparar el gasto militar.

El Ejército rompe su viejo sistema de compras

La convocatoria forma parte de una transformación más profunda. En 2025, el Ejército lanzó la Army Transformation Initiative, un programa destinado a reducir burocracia, eliminar equipamiento obsoleto y acelerar la incorporación de tecnología.



La institución comenzó a cancelar o reducir compras de helicópteros, vehículos y drones considerados antiguos. Al mismo tiempo, decidió priorizar sistemas no tripulados, inteligencia artificial, defensa contra drones, misiles de largo alcance y fabricación aditiva, incluida la impresión 3D.

"El equipamiento de ayer no ganará las guerras de mañana", habían advertido Driscoll y el entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, Randy George, al presentar la iniciativa.

Según una declaración oficial presentada ante el Congreso, el Ejército también creó un fondo anual de US$ 750 millones para reunir distintos programas de innovación y acelerar el recorrido desde los prototipos hasta la producción a gran escala.



El objetivo es recortar procesos que tradicionalmente podían demorar años y permitir que las nuevas tecnologías sean probadas directamente por soldados durante ejercicios militares.

Silicon Valley entra de lleno en la guerra

Durante décadas, el mercado estadounidense de defensa estuvo dominado por gigantes como Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, RTX y General Dynamics.

Pero la velocidad del cambio tecnológico abrió espacio para una nueva generación de empresas, como Anduril, Palantir y Shield AI, que aplican inteligencia artificial, autonomía y software al desarrollo militar.



Ahora, el Ejército pretende ampliar ese ecosistema y encontrar a las próximas compañías de defensa antes de que se conviertan en gigantes.

El video de Driscoll representa, en ese sentido, un cambio cultural. El Ejército estadounidense ya no espera que las startups aprendan por sí solas a navegar la burocracia del Pentágono: sale directamente a buscarlas y les ofrece dinero, infraestructura y la posibilidad de probar sus inventos en condiciones militares.

Para los emprendedores tecnológicos, la invitación abre un mercado gigantesco. Para Washington, representa una carrera contrarreloj: conseguir que la velocidad de innovación de Silicon Valley llegue al campo de batalla antes que la tecnología de sus adversarios.



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