Múgica: "Argentina debe transitar una línea delgada para intentar aprovechar las oportunidades del contexto internacional"
Aunque durante gran parte del siglo XXI la política internacional estuvo guiada por la cooperación y el multilateralismo, desde hace unos años una serie de eventos disruptivos han elevado considerablemente la tensión mundial.
Así, eventos como la pandemia del COVID o las guerras en Ucrania y Medio Oriente, a lo que se suman el Brexit y la doble llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos, han desembocado en un mundo mucho más competitivo.
Pero, pese a la pugna entre las grandes potencias, antiguos sistemas de cooperación, como el Grupo de los 7, aún se mantienen intactos con el objetivo de, en menor o mayor medida, intentar solucionar los conflictos.
Así fue como esta semana los líderes de Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón se reunieron en París para abordar algunos de los problemas más importantes de la actualidad, en particular el apoyo a Ucrania en su guerra contra Rusia o la actual crisis energética provocada por el cierre del estrecho de Ormuz.
Sin embargo, más allá de que la cumbre terminó en buenos términos, quedó en evidencia las actuales diferencias entre Washington y sus aliados, más si se considera que, guste o no, el G7 ya no representa a todas las potencias del mundo (China, Rusia e India, entre otras). Por ejemplo, el grupo BRICS ampliado ya representa cerca del 50% de la población mundial y más del 40% del PIB mundial.
Ahora bien, la gran pregunta es si, más allá de debatir sobre el retroceso o no de Occidente, es momento de abarcar los problemas globales desde una perspectiva mucha más integradora (Rusia tiene argumentos sólidos para exigir que Ucrania no se una a la OTAN y China los tienen para vincularse con Irán). Y, en este contexto, cabe también preguntarse qué oportunidades puede haber en este "nuevo mundo" para países como Argentina y sus socios del Mercosur.
Intentando resolver estas cuestiones, El Economista dialogó en exclusiva con Tomás Mugica, politólogo, director del Centro de Estudios Internacionales de la UCA (CEI) y director del Programa Unión Europea: Integración Regional y Vínculos con Argentina (UCA).
-Esta semana se celebró la cumbre de jefes de Estado del G7. ¿Cree que el grupo sigue siendo relevante en términos de definir los lineamientos de la gobernanza global? ¿O ya es momento de poner la mirada en otras regiones como Asia?
Creo que el G7 sigue siendo un espacio importante. Obviamente su peso ha declinado en relación con el que tenía en el momento de su creación, fundamentalmente en términos económicos. Basta pensar que estos países representaban, a mediados de los 70, cuando se crea el grupo, aproximadamente el 70% del PIB mundial; y hoy representan el 55%. Pero claramente reúne a un grupo importante de las economías más avanzadas, que cuentan con capacidades materiales de primer nivel.
Es decir, tienen mucho peso en el comercio internacional (aproximadamente el 65% del total), importantes capacidades tecnológicas, fundamentalmente Estados Unidos, y además cuentan con un aparato militar de primer nivel.
En el grupo, hay tres potencias nucleares (Estados Unidos, Francia y el Reino Unido), seis socios de la OTAN más Japón, que tiene un acuerdo militar con Estados Unidos.
Son países que tienen importantes capacidades y que, además, son aliados, a pesar, obviamente, de las grietas, de las divergencias que hemos visto en los últimos años, fundamentalmente a partir de la llegada de Trump al poder.
En definitiva, más allá de las tensiones que existen entre estos socios, que son evidentes, como por ejemplo en su posicionamiento frente a la invasión rusa de Ucrania y el conflicto de Medio Oriente, estos países continúan siendo aliados y, básicamente, bajo el paraguas militar norteamericano. Además, tienen una relación económica muy intensa y mantienen una alianza que resiste estas tensiones y con adversarios comunes, fundamentalmente China y Rusia. Con lo cual me parece que sigue siendo un espacio con muchos elementos en común que puede hablar como una voz para los principales países de Occidente.
Un último punto sobre esto, en relación con los países como la Argentina: es importante no suscribir de manera acrítica y apresurada a las tesis sobre el derrumbe de Occidente.
Hay un declive relativo, gradual, pero, de nuevo, especialmente Estados Unidos mantiene capacidades económicas, tecnológicas y militares de primer nivel y una influencia que es determinante en ciertas áreas del mundo, incluyendo América Latina. No podemos dejar de tener en cuenta esto; es una variable de primer nivel para tener en mente con respecto al diseño de la política exterior.
-En plena crisis económica por la guerra en Irán, con una evidente reconfiguración de la cadena de suministros y en un momento en el cual las potencias buscan diversificar sus socios comerciales para evitar crisis al estilo UE-Rusia, ¿qué oportunidades tiene el Mercosur?
Las oportunidades del Mercosur están vinculadas, principalmente, a la provisión de energía, minerales críticos y alimentos. Los países de la región pueden ser proveedores confiables, principalmente de gas, cobre y litio, que son claves para la transición energética. Y estos son recursos que necesitan, por un lado, los países occidentales, especialmente los países europeos, que han visto resentida su producción de gas a raíz del conflicto con Rusia.
Obviamente, algunos de estos recursos también son importantes para Estados Unidos, como los minerales críticos, ya sea para sí o porque a Estados Unidos le interesa garantizar el suministro de este tipo de recursos para sus aliados. Podemos pensar también en países de otras regiones del mundo, como Corea del Sur en el caso de Asia.
Además, el tipo de recursos que Argentina y los países del Mercosur pueden proveer son importantes para China. Esto hay que tenerlo en cuenta porque, en definitiva, podemos transformarnos en socios confiables, en proveedores confiables tanto para Estados Unidos y sus aliados como para China.
Hay una oportunidad que, para ser aprovechada plenamente, requiere ꟷademás de un esfuerzo importante en materia de estabilidad macro, reglas del juego claras, inversión en infraestructuraꟷ de una sintonía fina a nivel de la política internacional que mantenga abiertas las opciones de Argentina a nivel económico y que, al mismo tiempo, evite cruzar líneas rojas en materia de seguridad internacional, especialmente en relación con Estados Unidos. Es decir, allí hay que transitar una línea delgada para intentar aprovechar al máximo las oportunidades del contexto internacional.
-La UE acaba de aprobar un nuevo pacto comercial con USA. ¿Esto puede impactar en el acuerdo UE-Mercosur teniendo en cuenta que los países de nuestro bloque son "competidores" de Washington?
Evidentemente, el acuerdo contribuye a una normalización de la relación transatlántica a nivel comercial que, desde el punto de vista de la Argentina, del Mercosur, introduce un elemento de competencia. Uno pensaría fundamentalmente en el sector de los alimentos, más allá de que pueda haber otros.
Hay que tener en cuenta que el problema principal para los países del Mercosur sigue siendo el proteccionismo agrícola europeo y que, en todo caso, la apuesta argentina del Mercosur ꟷtal como decía respecto a la pregunta anteriorꟷ tiene que ser la de situarse como un proveedor confiable de alimentos, pero también de energía, de minerales críticos.
En definitiva, dinámicas de este tipo son inevitables porque se van a seguir dando acuerdos comerciales con terceros que nos terminen afectando, pero, en todo caso, hay que concentrarse en aprovechar las oportunidades que tenemos.
Eso requiere, en buena medida, de la política doméstica, de hacer los deberes internamente y también, por lógica, de mantener o lograr cierta sintonía fina en la política exterior que evite que las decisiones, que los alineamientos políticos, perjudiquen los intereses económicos.
-Tanto con Francisco como con León XIV estamos viendo un rol muy activo de los papas en temas de política internacional. ¿Por qué cree que esto sucede o cómo valora dichas intervenciones?
Francisco y León XIV son papas que continúan la tradición de la Iglesia en este tema. Es decir, la Iglesia Católica siempre ha tenido un involucramiento activo en los asuntos internacionales y, claramente, ese es el caso de la Iglesia contemporánea, en especial a través del magisterio de los pontífices y de la acción diplomática de la Santa Sede.
Por ejemplo, Benedicto XV y su llamamiento a la paz durante la Primera Guerra Mundial o el caso de Juan Pablo II, que ejerció un liderazgo importante en la caída de los socialismos en Europa del Este. Y Francisco tuvo un involucramiento también muy activo en la agenda internacional, de diversas maneras, proponiendo o llevando temas de agenda global al debate público, como el caso del ambiente con la encíclica Laudato si′, y también interviniendo en conflictos internacionales para tratar de acercar a las partes. En este aspecto, podemos recordar el caso de su intervención, muy destacada, para que Estados Unidos y Cuba reanuden sus relaciones. León XIV continúa en la misma línea, con una preocupación central que es siempre por la paz.
Me parece importante recordar que la Santa Sede, como cabeza de la Iglesia, es un actor diplomático de primer nivel, que mantiene vínculos con 184 estados, que es observador en organizaciones internacionales como Naciones Unidas, y que tiene una agenda internacional con temas varios como la búsqueda de la paz, el combate a la pobreza, la libertad religiosa, el cuidado del ambiente.
Son temas que son muy importantes para la Santa Sede, que busca impulsarlos desde la perspectiva evangélica, la perspectiva de la Iglesia. También es un actor bastante particular e idiosincrático de las relaciones internacionales, ya que no cuenta con fuerzas armadas y sus capacidades económicas son limitadas; pero, en todo caso, es sobre todo un poder moral y busca construir un liderazgo moral fundamentalmente a partir de la figura del pontífice.
Por último, diría que, en el caso de León XIV, al igual que en el de Francisco, hay un énfasis muy importante en la cuestión de la paz. Incluso su reciente encíclica, Magnifica humanitas, puede ser leída bajo esa luz, a través de una preocupación por la búsqueda de la paz, y eso incluye la necesidad de regular el uso de la inteligencia artificial y una preocupación por conflictos concretos, como por ejemplo en Medio Oriente y en el este de Europa. Así continúa el legado de los últimos pontífices. Hay que recordar la actitud crítica de Juan Pablo II en el momento de la invasión americana a Irak en 2003 o el planteo de Francisco a lo largo de todo su papado acerca de la existencia de una "guerra mundial a pedazos". Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar