La previsible postura de China frente a la guerra en Irán
La reacción de China frente al ataque de EEUU e Israel contra Irán estuvo dentro de lo previsible: Dura retórica y solidaridad con su aliado estratégico, pero ningún plan de involucramiento en el conflicto. Se trata de una reacción coherente con los lineamientos de la política exterior china y la estrategia de defensa, que es eminentemente defensiva y está diseñada para proteger su soberanía territorial.
Al igual que cuando se dio la intervención en Venezuela, muchos analistas han intentado presentar la guerra en Irán como parte de una supuesta gran estrategia de EEUU contra China, a la vez que dieron por descontado un involucramiento directo de China para defender a sus socios.
Nada más alejado de los intereses y planes de Beijing. La acción china seguirá circunscripta sólo al plano diplomático. Eventualmente, China podría ejercer acciones directas e indirectas en el plano económico, pero eso también parece por ahora poco probable.
Este mismo grupo de analistas también ha pronosticado que la guerra en Irán puede derivar en la cancelación del viaje de Donald Trump a China, previsto para el próximo 31 de marzo. Por ahora, el viaje se mantiene, con negociaciones previas que han sido calificadas como "exitosas" por ambas partes. El propio Trump dijo esta semana que su relación actual con China es "excelente".
La situación en Medio Oriente no es un tema menor para China. Sin dudas, se trata de un evento mucho más crítico que la caída de Nicolás Maduro en Venezuela. De hecho, para los intereses de China no ha cambiado prácticamente nada desde que gobierna Delcy Rodríguez.
Ahora bien, Irán representa casi el 10% de las compras de petróleo de China, mientras que todos los países del Golfo Pérsico constituyen aproximadamente el 50% de las compras chinas. Así y todo, Irán y la región no son parte de los pilares fundamentales de la gran estrategia china de política exterior. La máxima prioridad sigue siendo la estabilidad en el vecindario próximo. Y luego aparece la relación con EEUU.
China no se compromete en relaciones permanentes que impliquen la mutua defensa con ningún país, salvo los casos excepcionales -aunque plagados de ambigüedades y salvedades- de Corea del Norte, Pakistán y Rusia.
De hecho, en este último caso, no eran pocos los analistas que también descontaban un involucramiento militar de China para asistir a Rusia contra Ucrania. Jamás sucedió, pese a la "alianza sin límites" que sostienen ambos países. Es que los límites siempre existen, sobre todo para los eximios estrategas del PCCh.
Nunca hay que perder de vista que la política china está enfocada predominantemente en la situación doméstica. Esto históricamente ha sido así y es algo que ni siquiera ha cambiado en la era de Xi Jinping, con China consagrada como superpotencia económica, tecnológica y militar.
Esto no significa que China sea indiferente a los conflictos extranjeros y que no tenga lógicas ambiciones globales, como lo demuestra sobradamente su creciente influencia en el plano multilateral, con la promoción de plataformas de cooperación e iniciativas propias, que desde hace tiempo van más allá de lo económico. Pero lo doméstico sigue primando y eso difícilmente cambie, más allá de las muy complejas y volátiles circunstancias externas.
China tiene verdaderos intereses materiales y geopolíticos en juego en la guerra con Irán, cuyas duras consecuencias deberá afrontar y resolver de alguna u otra forma. Lo que es seguro, no entrará en esa guerra, que para colmo es el juego propuesto por EEUU e Israel (o mejor dicho por Israel arrastrando a EEUU).
En cambio, sí es esperable un mayor activismo y confrontación con EEUU en el plano diplomático multilateral por parte de China, como así también acciones económicas para asistir a Irán, junto a la búsqueda de alternativas para compensar la pérdida de suministros energéticos críticos mientras dure la guerra.
Como sea, China buscará ejercer un balance que no comprometa el deshielo diplomático y la posibilidad inminente de alcanzar un gran acuerdo comercial con EEUU durante la visita de Trump. De momento, China está muy contenta con la decisión de Trump de garantizar seguros y escoltas de la Armada estadounidense a todos los buques comerciales que transiten por el Golfo Pérsico. Esas garantías incluyen a los buques que transportan petróleo a China.
Desde la perspectiva de Beijing, nunca más vigente la máxima de Napoléon: "Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error". Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar