Aniversario

Guerra en Ucrania: Kiev y Zelenski se enfrentan al peor aniversario posible

El próximo 24 de febrero, se cumplirán tres años desde que Rusia decidió invadir Ucrania y, aunque la situación siempre fue negativa para el país agredido, actualmente el presidente Volodímir Zelenski se enfrenta a un panorama crítico tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
Damián Cichero 21-02-2025
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Pese a ser un patrón que se repite a lo largo de la historia de la humanidad, las guerras nunca dejan de ser acontecimientos terribles, y el caso de Ucrania no ha sido la excepción.

Este 24 de febrero, se cumplirán tres años desde que Rusia decidió invadir Ucrania: en total, Moscú se ha apoderado del 20% del territorio ucraniano, por lo que más de 7 millones de personas tuvieron la obligación de desplazarse.

Además, 12.600 civiles y más de 46.000 soldados ucranianos han perdido la vida, mientras que unos 380.000 soldados han resultado heridos según cifras oficiales. En el caso de Rusia, ha perdido unas 850.000 tropas desde que estalló el conflicto.

Y si todas estas cifras no resultan aterradoras por sí mismas, según el Banco Mundial, Ucrania necesitaría más de US$ 400.000 millones para reconstruirse.

Sin dudas, en el marco de un nuevo aniversario, el presidente Volodímir Zelenski debe estar mucho más preocupado por una cuestión puntual: Estados Unidos le está soltando la mano. 

En total, Washington le ha enviado a Kiev la increíble cifra de más de US$ 175.000 millones, algo que fue trascendental para que Ucrania pudiera resistir. 

Sin embargo, además de no obtener importantes triunfos en el campo de batalla, Kiev también se enfrenta al cambio de gestión en EE.UU.: tras la salida de Joe Biden del poder, Donald Trump ha decidido dar un giro de 180° en este asunto.

El mandatario parece ser consciente de dos cuestiones: por un lado, ha aceptado que la propia expansión de la OTAN hacia Europa oriental es lo que ha obligado a Rusia a actuar. Por el otro lado, sabe que el principal desafío de su país es contener a China en el Indo-Pacífico. Por ello, ha iniciado lo que parece ser un repliegue histórico de Europa, incluso sugiriéndole al Viejo Continente que, a partir de ahora, su seguridad dependerá de ellos mismos. 

De paso, fiel a su estilo, Trump no ha escapado de la polémica: acusó a Zelenski de ser un dictador por no celebrar elecciones. 

Con dicha acusación, Trump intenta deslegitimizar la idea de que esto es una guerra entre una democracia y un autoritarismo, lo que obligaría a Washington a intervenir por una cuestión moral.

Y, aunque la realidad es que muchos países han suspendido sus elecciones cuando están en guerra (recuérdese el caso del Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial), lo cierto es que Trump podría tener razón: por ejemplo, la India, la democracia más grande del mundo, y Brasil, la democracia más grande de América Latina, nunca se han alineado con Kiev e incluso mantienen firmes vínculos con Moscú. 

En diálogo con El Economista, Federico Bauckhage, secretario de Redacción en el Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos del CARI, consideró que "hay que tener en cuenta que el estilo de Trump es extremadamente brusco e impredecible comparado con la manera habitual de hacer las cosas tanto en política doméstica como en política internacional".

"Esto es un estilo de negociación que está pensado para mantener descolocados a los adversarios y así poder negociar una posición más ventajosa. Pero no estoy convencido de que necesariamente vaya a tener éxito en política internacional, ya que no es lo mismo intimidar a un rival comercial o político que a una gran potencia. No creo que los rusos estén particularmente impresionados con este estilo y, por el contrario, les puede parecer impredecible y peligroso", agregó. 

Para Bauckhage, a la hora de intentar concretar el repliegue de EE.UU., Trump se enfrenta al "estado profundo" de su propio país, que, como consecuencia de la falta de liderazgo de Joe Biden, posiblemente desarrolló iniciativas propias en torno al conflicto. Pero, además, debe hacerle frente a la inercia proveniente de sus aliados europeos, muchos de los cuales, especialmente desde Alemania hacia el este, son relativamente más beligerantes.

Sin embargo, el entrevistado explicó que "la trayectoria de la guerra no ha sido una sorpresa a lo largo de los últimos años. Ucrania ha estado perdiendo la guerra y, aunque podría resistir durante algunos meses, ya no logra reclutar suficientes hombres para reponer sus pérdidas, por más que hayan bajado la edad de reclutamiento forzado".

"Además, no tienen suficiente material para continuar la guerra, porque la producción industrial de defensa de Rusia sigue excediendo a toda la producción combinada de defensa de Occidente. La ayuda militar que han entregado los países europeos y Estados Unidos está agotada, ya no quedan grandes stocks de materiales o municiones que puedan entregar sin poner en riesgo su propia seguridad", agregó.

Respecto a las negociaciones, Bauckhage aclaró que, hasta ahora, lo único que se ha hecho es reabrir los canales de comunicación: "Trump no ha cedido nada y realmente no ha entregado Ucrania. Pero la reapertura de los canales de comunicación es una medida muy importante".

"Muchos no toman dimensión de que en los últimos tres años prácticamente no hubo contactos diplomáticos oficiales entre Estados Unidos y Rusia. El hecho de que no quisieran ni siquiera hablar con sus contrapartes es algo que nunca debería haber sucedido. Por lo menos, ahora están empezando a conversar e intercambiar perspectivas", añadió.

Pero, más allá de las especulaciones, para el especialista hay que tener en cuenta dos cosas: en primer lugar, Rusia está ganando militarmente la guerra, por lo que no está bajo ninguna presión de sentarse a negociar y, mucho menos, de hacer concesiones, ya que la situación económica por las sanciones tampoco es crítica para Moscú. 

"Si es por Rusia, ellos podrían seguir sistemáticamente destruyendo la capacidad de defensa de Ucrania hasta que Kiev decida capitular sin condiciones. Y, si seguimos por el camino actual, tarde o temprano va a suceder", explicó. 

El otro gran problema con las negociaciones para Bauckhage es que, "incluso si Trump hace concesiones para Rusia, hay un historial de desconfianza tan grande entre Moscú y Occidente, resultado de una diplomacia fallida de los últimos 20 años, que los rusos tendrían muy poca confianza en que esto se cumpla", expresó.

"Por ejemplo, EE.UU. no cumplió con la promesa informal de no extender la OTAN al final de la Guerra Fría, mientras que el propio Trump abandonó el acuerdo nuclear con Irán que firmó Barack Obama. Y algo similar sucedió con Corea del Norte y Estados Unidos entre el fin del gobierno de Clinton y el primer gobierno de Bush hijo. Entonces, desde el punto de vista de ellos, Estados Unidos tiene una mala reputación de firmar pactos y después no cumplirlos cuando decide que no le convienen. Por lo tanto, Rusia debe estar analizando que, si Trump no tiene éxito en doblegar a la burocracia permanente, va a ser difícil llegar a un acuerdo", sentenció.  Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar