Durante la reciente cumbre del Mercosur, la gran novedad de la jornada fue que el presidente Javier Milei se ausentó al evento, pese a que todos sus pares dijeron presentes en Asunción, lo que alimentó los rumores de nuevas tensiones políticas con el presidente de Brasil, Lula da Silva.
Pero, más allá de las cuestiones políticas, la cumbre fue muy positiva para el Mercosur porque, además de seguir puliendo detalles para implementar, de la mejor manera posible, el acuerdo con la Unión Europea, el bloque anunció que iniciaría negociaciones para un TLC con Japón, a lo que se suma que Lula sugirió su intención de seguir el mismo camino con China.
Así, después de mucho tiempo, quedó en evidencia que el Mercosur por fin ha decidido abrirse al mundo para aprovechar las oportunidades comerciales que están surgiendo como consecuencia directa de las tensiones geopolíticas internacionales. Aunque, como siempre, el gran interrogante es si el bloque está listo, y si hará el esfuerzo necesario para conseguirlas.
Intentando analizar el presente y futuro del bloque, El Economista habló en exclusiva con Ignacio Bartesaghi, doctor en Relaciones Internacionales y director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica de Uruguay.
-¿Cuánto tiempo cree que le demandará al mundo recuperarse de la crisis económica generada por el cierre del estrecho de Ormuz? Los ataques se han reanudado y una paz definitiva no parece vislumbrase a corto plazo.
Los impactos podrían generar cambios estructurales. Estos impactos están asociados al aumento del precio del petróleo, pero hay que recordar que muchos otros productos pasan por el estrecho y se han visto afectados por su cierre, a lo que se suma el efecto económico en los países del Golfo, que son un hub turístico y comercial muy importante.
Pero, pensando a largo plazo, la gran discusión es qué efectos tiene esta guerra en lo que respecta a las dependencias energéticas, el suministro de energía y las energías renovables, ya que las cadenas de abastecimiento no están siendo aseguradas por conflictos de esta naturaleza o de otros que puedan venir.
Ahora, los países dependientes del petróleo y el gas que pasa por el estrecho parecen estar apostando por estrategias alternativas para asegurar el abastecimiento y creo, casi sin dudar, que esto va a impulsar nuevamente a las energías renovables.
La discusión, en realidad, empezó hace ya bastante tiempo, durante la pandemia del coronavirus, cuando todos los países quedaron expuestos a un corte abrupto de las cadenas de abastecimiento.
Y tanto ese suceso, como la guerra en Ucrania o la actual en Irán, muestran que la discusión de fondo en lo que respecta al comercio internacional es la seguridad de las cadenas de abastecimiento más que los precios, ya que los precios pueden subir o no, pero si el producto directamente no se puede comercializar, la situación es mucho más compleja.
Por ello, más allá del impacto de este año, lo que se viene es una revisión de la estrategia de muchos países. Por un lado, los países del Golfo, y regiones como Dubai y Doha, ahora son conscientes de que Irán puede atacarlos en cualquier momento, afectando de lleno tanto sus exportaciones de petróleo como la llegada de turistas. Y ninguno de estos países tiene la capacidad necesaria para defenderse.
Por el otro, también habrá que repensar lo que tiene que ver con el modelo de desarrollo y el modelo económico, porque si un país tiene un modelo económico basado en el turismo o en el petróleo, puede quedar paralizado de un día para el otro. Además, muchos de los países asiáticos que dependen del petróleo, y especialmente del petróleo que es comercializado a través del Golfo, van a tener que hacer una reflexión profunda sobre cómo abastecerse de manera más segura.

-¿La crisis en Medio Oriente representa una oportunidad para la región/Mercosur?
En todo plazo, las guerras siempre pueden tener beneficios para algunos países. Entonces, obviamente, Brasil es un productor de petróleo, hay algunos países de la región que también lo son y, energéticamente, hay un papel que cumplir.
Pero también otros países de la región son importadores de petróleo, y por eso el precio del petróleo genera impacto, a lo que se suma también la suba de los insumos agropecuarios, ya que los fertilizantes a su vez aumentaron de precio por estar muy vinculados al precio del petróleo y la comercialización a través del estrecho de Ormuz. Por lo tanto, la región puede ganar, por un lado, pero podría perder, por el otro.
De todas formas, con una mirada de largo plazo, el Mercosur puede posicionarse como un socio confiable en el sentido de la paz, la estabilidad y su potencialidad logística en estos corredores que se están manejando del Atlántico al Pacífico.
Tenemos una región que, en épocas de guerras, puede convertirse en un socio estratégico confiable. Esto, por ejemplo, explicaría la aceleración del acuerdo del Mercosur con la Unión Europea.
Es allí, en la búsqueda de esos nuevos socios, en un contexto de una inestabilidad tan fuerte a nivel mundial ꟷademás de la política de Trump que rompe una visión única o compartida con Occidente y afecta las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europeaꟷ donde existe una oportunidad interesante para el Mercosur a fin de posicionarse muy bien como socio a partir de los atributos que tiene.
Para ello también depende de cómo hace las cosas el propio Mercosur y cómo logra estar a la altura en cuanto a los vínculos internos, la institucionalidad y la buena política. Y eso es algo que el Mercosur todavía no tiene.
Hay líderes que no pueden ni siquiera sentarse a conversar, como es el caso de Lula y de Milei. Por lo que es difícil tomar decisiones estratégicas a nivel regional cuando los dos líderes más importantes no pueden ni siquiera cruzarse en una cumbre. Si no existe esa cohesión mínima en el Mercosur, parece ser difícil poder aprovechar el contexto.
-Desde ya hace tiempo, el Mercosur intenta flexibilizarse y actualizarse en términos económicos, siendo la firma del acuerdo con la UE el gran logro de los últimos años. ¿Cuál es su opinión sobre el pacto comercial? ¿Traerá los beneficios que se cree?
El acuerdo con la Unión Europea es, sin dudas, lo más importante que le pasó al bloque desde su constitución. Y esto no es porque vaya a tener un impacto económico y una dimensión brutal, porque este acuerdo, entre otras cosas, llegó tarde. Pero, como el Mercosur tiene tan pocos acuerdos, este es el pacto más importante que ha cerrado y el de mayor impacto económico.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el impacto económico depende mucho de los deberes que haga el Mercosur, y cada país en particular, para ser más competitivos y poder exportar más a la Unión Europea.
Lo importante es que está cerrando un acuerdo con una economía central, con un bloque desarrollado que lidera en lo que tiene que ver con las ramas de comercio internacional y es un gran mercado. Y los dos bloques juntos se transforman en un gran mercado de 700 millones de personas.
Por supuesto que, en este contexto, hay oportunidades, pero, más que las oportunidades económicas y comerciales que se van a dar en términos de PIB y de crecimiento del comercio, creo que la oportunidad mayor está a futuro y en cómo te ayuda a transformarte. Con este acuerdo, el Mercosur pasa de la Liga C en términos de fútbol a la Liga A, ya que nos obliga a llevar a cabo reformar internas para ser un mejor bloque y, a su vez, a ser más atractivos para otros socios, como ya está ocurriendo. Porque ahora que el mundo ve que la Unión Europea cerró un acuerdo con el Mercosur, otros actores se empiezan a mostrar interesados en lo mismo.
Ya se cerró un acuerdo con el EFTA y, antes de acuerdo con la Unión Europea, se cerró con Singapur, y se va a cerrar con Canadá. Además, se está avanzando con los Emiratos Árabes Unidos y se empieza a hablar de Japón.
Respecto al cierre del acuerdo, es cierto que fue más por el impulso de Europa que del Mercosur. Lula tuvo cierto liderazgo, Milei no trabó el acuerdo y Paraguay y Uruguay lo acompañaron desde siempre. Pero diría que esto ocurrió porque la Unión Europea se ha visto forzada a cambiar su estrategia de forma más acelerada a nivel internacional, especialmente por Trump y la guerra en Ucrania. Además, también es una respuesta a la presencia de China en la región, algo que siempre a Europa le preocupaba.
En términos comerciales, el Mercosur se va a beneficiar más que la Unión Europea, porque ellos son mucho más para nosotros que viceversa. Pero, igualmente, el impacto económico será relativo porque Bruselas estableció cuotas en los principales productos de exportación y eso limita un poco el beneficio que podemos tener.
La Unión Europea también aplicó una salvaguardia agrícola ante la posibilidad de un crecimiento en comercio o una baja de precio interno en los productos que nosotros exportamos en la Unión Europea. Eso también nos puede restringir. Ya vemos que está restringiendo algunos productos exportados por Brasil debido a razones sanitarias y Brasil está intentando demostrar que eso no ocurre.
Entonces, allí se observa una visión de una Unión Europea que va a seguir siendo proteccionista en lo que más nos duele. Pero, de todas formas, se abrió, el acuerdo se cerró y aparece ese beneficio de estar jugando con un socio de primera relevancia en la economía mundial. Creo que eso es lo más relevante.
Por su parte, desde un punto de vista geopolítico, la Unión Europea suma un socio en un momento en el que se ve muy amenazada por Trump, Rusia y la compleja decisión que tiene que tomar acerca de cómo se va a relacionar con China en los próximos años en términos comerciales. Una Unión Europea que, además, tiene problemas de crecimiento y políticos.
Por último, creo que el Mercosur sigue en deuda con la cuestión de las cuotas. El acuerdo dice que tenemos que pactar nosotros en la definición de las cuotas y no nos ponemos de acuerdo por diferencias políticas.

-Siguiendo con el Mercosur, una de las grandes cuestiones es si avanzar o no con un posible acuerdo de libre comercio con China ¿qué tan viable es esta opción?
No veo posible un acuerdo con China con el Mercosur en conjunto. Creo que este acuerdo con China no lo va a liderar ni lo va a apoyar Argentina, que está muy focalizada en Estados Unidos. Paraguay tiene relaciones con Taiwán, por lo tanto, no va a empujar tampoco un acuerdo con China.
Por su parte, Brasil lo hace desde el punto de vista de la retórica, porque no reaccionar a China es un error histórico que está cometiendo el Mercosur. Pero, lamentablemente, Uruguay es el único país que puede intentar liderar eso y lo va a hacer durante su presidencia pro tempore del bloque, aunque Orsi, en su discurso, tampoco nombró a China. Esto habla de que no hay una definición muy clara de Uruguay respecto a China.
Creo que la posibilidad de tener un acuerdo con China es lejana y está todavía cargada de retórica porque, en el fondo, para empujar, no están preparados ni Brasil ni Argentina, y por supuesto tampoco Paraguay, por lo que solo Uruguay podría hacerlo, pero el actual gobierno no lo tiene como una prioridad.
-En sintonía con la pregunta anterior, ¿un TLC con China no sería perjudicial a la hora de mantener intactos los vínculos con Estados Unidos? Washington no parece muy conforme con la influencia de Pekín en la región e incluso ya mantiene tensas relaciones con países del bloque como Brasil.
La puja por el liderazgo internacional entre Estados Unidos y China vino para quedarse. Todos los países del mundo van a estar sometidos a esa tensión y, si se avanza con uno, se puede complicar con el otro.
Eso se ve mucho más desde el lado de Estados Unidos, porque China no estaría aplicando esa lógica de que impedir profundizar los vínculos de cada país con Washington. Por ahora, Trump parece estar teniendo bastante suerte, porque en América Latina, al estar experimentando un cierto giro hacia la derecha, los aliados de EE.UU. en la región están aumentando. Así, empiezan a darse también algunas propuestas específicas de EE.UU. para ir, de cierta forma, excluyendo a China de la región. Pero China sigue teniendo una gran ventaja, que es su presencia comercial y algunas inversiones en países de la región.
Hay que actuar pragmáticamente, ya que Estados Unidos sigue comerciando con China e, incluso, Trump visitó a Xi Jinping en Pekín. Por lo tanto, nosotros debemos tener esa misma independencia, pero siendo conscientes de que algunos pasos en particular con Pekín pueden traernos problemas con Washington, principalmente en términos de inversiones estratégicas y de seguridad.
En el plano comercial, no hay que ceder a esas tensiones y debemos intentar tener un buen vínculo con China y profundizarlo. Y también intentar profundizar ese vínculo con Estados Unidos, aunque eso no será tan fácil porque Trump está aplicando políticas proteccionistas.
Pero lo que hay que entender es que China constituye un socio central para la región, lo va a seguir siendo, y nosotros no podemos ir en contra de eso. Mejorar los vínculos comerciales con China no va en contra de Estados Unidos, porque también América Latina debe mejorar sus vínculos comerciales con Estados Unidos, que son claves y sumamente importantes. Entonces, no es uno u otro, son los dos.
Ahí la clave será saber diferenciar temas, ya que no es lo mismo seguridad que comercio, infraestructura estratégica. Hay cosas que pueden tener más nivel de sensibilidad que otras.
Y, siguiendo con la idea de pragmatismo, aquellos valores que impedían sostener conversaciones con algunos países, ahora por razones de urgencias y de necesidades, los países progresivamente van dejándolos de lado así como sus históricas definiciones de política internacional. Eso abre, de cierta forma, un escenario de diversificación de las relaciones internacionales en un momento de una tensión tan fuerte que se da a partir de esta puja por el liderazgo entre Estados Unidos y China. El mensaje es claro: no hay que elegir socios, sino elegir agendas y momentos.
-Mas allá de la UE y China, ¿dónde están las otras oportunidades del Mercosur? Posibles TLC con Japón o Canadá aparecen en el radar
Hay negociaciones muy avanzadas con Canadá, que seguramente se cierren este año. También con Emiratos Árabes Unidos, que, si no es este año, será el que viene. Hay una posibilidad de profundizar un acuerdo con India, pero con un gran signo de interrogación, y se espera el lanzamiento de una supuesta negociación con Japón. Además, hay expectativas de avanzar con Indonesia y Vietnam.
Entonces, la clave de todo esto es que el Mercosur sigue de espalda a Asia, que es el gran mercado a nivel internacional en lo que tiene que ver con alimentos y con crecimiento en los últimos años.
El Mercosur le vende mucho a Asia, pero lo hace sin acuerdos y pagando aranceles. Por este motivo, el bloque tiene un desafío enorme acerca de cómo relacionarse con Asia en conjunto. El problema es que para lograr esto es necesario abrir la economía, algo que no quieren ni Brasil ni Argentina. Los países chicos, como Uruguay, son los que históricamente han querido abrir la economía con Asia.
Por otra parte, debemos tener en cuenta también el asunto de cómo el Mercosur maneja las estrategias de bilateralización o de flexibilización, por ejemplo, en el caso de Argentina con Estados Unidos.