Análisis

¿Argentina viaja a contramano del mundo?

En un momento en el que el mundo se aleja de Estados Unidos, el gobierno de Javier Milei continúa incrementando sus lazos con Washington.
Damián Cichero 17-10-2025
Compartir

A pocas semanas de las elecciones legislativas en Argentina, la influencia extranjera en estos comicios parece ser la más alta en décadas: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que su país observará con gran atención lo que suceda.

"Las elecciones se acercan muy pronto y son unas elecciones muy importantes que todo el mundo sigue de cerca. Nuestra aprobación depende en cierta medida de quién gane las elecciones, porque si gana un socialista, la opinión sobre invertir es muy diferente", aseguró el mandatario norteamericano.

Y, al ser consultado sobre si el apoyo de EE.UU. a la Argentina dependía del resultado de las próximas elecciones, Trump contestó: "Bueno, creo que, si no lo hacen, no vamos a estar por ahí mucho tiempo (...) Si el presidente no gana, conozco a la persona contra la que compite. Esta persona se ubica extremadamente a la izquierda y es quien llevó a Argentina a esta situación en primer lugar. No vamos a ser generosos con Argentina si eso pasa. Si no gana, no vamos a perder el tiempo".

Así, en una situación muy poco habitual para Argentina en el siglo XXI, el poder estadounidense impacta de forma peculiar, aunque cabe preguntarse si, al alinearse de esta manera, el Gobierno está tomando una buena decisión al respecto.

La era unipolar ya no existe 

En la década de los 90, tras el fin de la Guerra Fría y la caída de la URSS, el alineamiento del gobierno de Carlos Saúl Menem con Washington era inevitable: por primera vez en la historia de la humanidad, un país era lo suficientemente poderoso para desafiar a todo el mundo. 

Pero, desde ese momento, los tiempos han cambiado: no solo por la sobreexpansión de Estados Unidos (claros ejemplos de esto han sido sus costosas intromisiones en Afganistán e Irak -de donde debió retirarse por la puerta trasera-), sino también por el accionar de potencias como China y Rusia para restablecer el equilibrio de poder a nivel mundial, por lo que hoy el poderío norteamericano está en claro retroceso.

Incluso esto último es reconocido por la propia administración de Trump que, consciente de que su principal desafío está en Asia-Pacífico, ya le ha dejado de manifiesto a los europeos que no los defenderá por mucho más tiempo, ya que necesita destinar todos sus recursos a contener a China. 

Sin embargo, en una situación paradójica, Trump, al mismo tiempo, continúa amenazando a propios y ajenos con el poder estadounidense para obtener concesiones aunque, por ahora, no le ha dado mucho resultado.

Esta misma semana, Trump anunció que impondrá un arancel adicional del 100% a los productos de China, además de los aranceles del 30% ya vigentes, a partir del 1 de noviembre, en respuesta al anuncio de Pekín de que incrementará los controles de exportación de sus tierras raras críticas (algo fundamental para las industrias militares y tecnológicas de Washington).

Pero el problema para Trump es que Pekín está lejos de retroceder: el Ministerio de Comercio chino declaró que "las amenazas deliberadas de aranceles elevados no son la manera correcta de llevarse bien con China. La postura de China sobre la guerra comercial es consecuente: No la deseamos, pero no le tememos".

Que China, país que de alguna manera busca disputar la hegemonía norteamericana, no ceda ante Washington parece algo lógico. No obstante, el verdadero problema para Trump es que países como India (hasta este mismo año un aliado fundamental para contener a Pekín), Rusia o Brasil también comienzan a darle la espalda. 

Hace apenas un par de semanas, tanto el primer ministro indio Narendra Modi como el presidente ruso Vladimir Putin visitaron China y se reunieron con su par Xi Jinping, lo que demuestra que EE.UU. ya no dicta unilateralmente las reglas de juego. 

Por un lado, Putin, quien mantuvo una serie de encuentros privados con Xi Jinping, dejó en claro a Trump que, pese a ver con buenos ojos el restablecimiento de los lazos entre Washington y Moscú, su alianza con China está más firme que nunca.

Por su parte, Modi, y pese a que su país tiene importantes disputas territoriales y comerciales con China (es su principal socio comercial), busca profundizar la histórica política exterior de autonomía estratégica de India. Y así lo expuso en su encuentro con Xi: "Estamos comprometidos a progresar en nuestras relaciones basadas en el respeto mutuo, la confianza y las sensibilidades".

Por otra parte, Trump se comunicó telefónicamente con Lula da Silva recientemente y confirmó que "nos reuniremos en un futuro no muy lejano, tanto en Brasil como en Estados Unidos (...) ¡a nuestros países les irá muy bien juntos!".

Pero Lula, que este año vio cómo la administración Trump impuso aranceles y sanciones a Brasil en represalia por lo que Trump consideró un trato injusto al expresidente Jair Bolsonaro, ya ha revelado en el pasado que su país "no volverá a ser colonia de nadie".

Y lo interesante es que la ideología no estaría teniendo mucho peso en estas decisiones si se tiene en cuenta que la India es la democracia más grande del mundo, mientras que Brasil lo es en América Latina. 

Un gran dilema para Argentina 

Sin dudas, la simpatía ideológica de Javier Milei por Estados Unidos ha generado un considerable acercamiento que, incluso para muchos, está pasando a ser una política de subordinación.

De todas formas, solo con observar cómo Brasil, China e India (primer, segundo y cuarto socio comercial más importantes de Argentina) se relacionan con Washington, queda en evidencia que la distribución de poder en el mundo ha cambiado. 

Por eso, en un momento en el que el país necesita estabilidad, inversiones y más exportaciones, el gran dilema a resolver para el oficialismo es si el considerable acercamiento a EE.UU. podría repercutir negativamente en los vínculos con otros socios de gran relevancia para el país, algo que, sin dudas, terminaría siendo muy negativo a largo plazo (al día de hoy, ganar las elecciones parece ser la única preocupación de Milei y compañía).  Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar