Análisis

Alemania, entre la inestabilidad y la insatifacción

Las elecciones alemanas nos muestran un cambio sostenido en el eje de competencia política, y reafirman lo que se observa a nivel global: la política competitiva parece girar en torno a un clivaje que se divide por el nivel de satisfacción con el sistema político y económico en su conjunto, que no es lo mismo que hablar de satisfacción o insatisfacción con el gobierno.
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Las elecciones del pasado fin de semana en Alemania no dejaron sorpresas, pero sí mucho para analizar y pensar de cara a la turbulencia política internacional que se observa, sobre todo, desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump

La mayoría de los medios titularon dos grandes características del resultado electoral alemán: la vuelta al triunfo de la Democracia Cristiana, de la mano del conservador Friedrich Merz -pero con la necesidad de una alianza con el oficialismo socialdemócrata para poder gobernar-; y el supuesto éxito electoral de Alternativa por Alemania (AfD), fuerza populista radical de derecha, que fue elegida por uno de cada cinco votantes. 

Adicionalmente, en un tercer lugar se destaca la influencia de Los Verdes y el resurgir de la izquierda, como se pudo leer recientemente en este mismo medio. El espacio con las elecciones nos permite pensar sobre que subyace detrás de este resultado, y qué lecciones podemos extraer para el resto del mundo democrático.

Mientras que en Europa los distintos países, con éxito dispar, se están abriendo a coaliciones de gobierno que integren a los partidos populistas radicales de derecha, en Alemania subsiste el cordón sanitario hacia la extrema derecha que es característico de la república federal desde su creación. Este cordón se aplica, particularmente, al caso de Alternativa por Alemania.

En ello, la política alemana juega su reputación de estabilidad pese a la fragmentación, que se observa con la experiencia de múltiples gobiernos de coalición. El electorado alemán sigue respaldando la política de coaliciones, con la excepción de ese veinte por ciento que reclama un cambio de raíz.

Ahora, ¿quiénes son los que conforman esa quinta parte de la población alemana que busca un cambio de raíz? Si vemos el mapa de resultados electorales, nos encontramos con que AfD gana -y obtiene su mayor diferencia- en la ex Alemania Oriental. Esto puede deberse a múltiples factores, pero enfocaremos en tres particularmente. 

La principal deuda pendiente de la reunificación es la profunda diferenciación en términos sociales, económicos, productivos y hasta culturales entre las dos Alemanias. La ex República Democrática Alemana es, en la práctica, el vagón de cola de la principal potencia europea, y pide un lugar más cómodo en el tren. 

También, detrás de ello, se desnudan otros factores socioeconómicos, como las diferencias en términos salariales, o incluso educativos. ¿En qué electorados ganó AfD y en simultáneo son predominantes en el este? Votantes de clase obrera y de menor salario, y votantes con menor nivel educativo. AfD se convirtió en el medio para expresar la bronca del bando oriental para mostrar su rechazo al incumplimiento de la promesa de bienestar de la reunificación alemana. 

La segunda perspectiva para mirar el electorado de AfD es indagar e interpretar cuál fue el comportamiento anterior de sus votantes. A diferencia de lo observado en elecciones anteriores, los nuevos votantes de AfD son personas que no votaron en comicios anteriores -y dentro de ellos, principalmente hombres jóvenes-. 

Dicho de otro modo, la derecha alemana no pareciera tener muchos más espacios para pescar votos que los que ya utilizó. Estos votos son de los ciudadanos que expresan bronca contra el sistema social, económico y político, principalmente por haber quedado fuera de él. Ello hace, adicionalmente, que la pecera sea pequeña.

Aquí, es donde entra el otro actor sorprendente de la última elección: Die Linke. El partido heredero del antiguo partido comunista de Alemania Oriental se recuperó de su caída, apalancándose principalmente en jóvenes, de ambos lados del muro, desencantados de la gestión socialdemócrata y verde. 

La izquierda se convirtió en la opción dentro del sistema y reactiva ante la emergencia de la derecha. Asimismo, el crecimiento de la Democracia Cristiana, provino principalmente de votantes del Partido Social Demócrata insatisfechos con la gestión de Olaf Scholz. En otras palabras, la izquierda es la opción extrema dentro de un cordón sanitario, y los  que sigue más vivo que nunca, y parece tener futuro. 

Las elecciones alemanas nos muestran un cambio sostenido en el eje de competencia política, y reafirman lo que se observa a nivel global: la política competitiva parece girar en torno a un clivaje que se divide por el nivel de satisfacción con el sistema político y económico en su conjunto, que no es lo mismo que hablar de satisfacción o insatisfacción con el gobierno. 

La inmensa mayoría del electorado alemán mostró su satisfacción con el sistema, pero insatisfacción con el gobierno. AfD tendrá futuro solamente cuando pueda lograr combinar ambos mensajes -la insatisfacción con el sistema y la insatisfacción con el gobierno-, y resulte creíble su posibilidad de acceder al gobierno. 

Desde allí, el resto de los países que vivimos bajo este dilema podemos repensar nuestras estrategias electorales y de gobierno, para lograr responder a la pregunta que ordena, finalmente, todo el juego político: ¿está satisfecha la gente con lo que hace la política con su vida? Alemania nos dio pistas de algunas de las soluciones, pero también de las áreas sobre las cuáles poner la lupa para dar respuesta a ello. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar