El Economista - 70 años
Versión digital

mar 28 Jun

BUE 11°C
Versión digital

mar 28 Jun

BUE 11°C

Triunfos y confesiones

Los países que crecen, prerrequisito del progreso, ejecutan políticas propias para lograr el incremento de la inversión, la ampliación de los mercados, las condiciones de progreso colectivo. Políticas de ataque a los problemas que no llegarán de afuera.

Carlos Leyba Carlos Leyba 22-06-2016
Compartir

 por Carlos Leyba

Exitos políticos del Gobierno, confesiones espontáneas K y problemas económicos de la realidad.

El Gobierno logró la designación de sus candidatos a la Corte Suprema, la media sanción del blanqueo y la “reparación histórica” a los jubilados.

La casualidad, o lo que fuere, presentaron una escena pornográfica para la confesión espontánea (“yo robé”) de quien durante un cuarto de siglo administró la obra pública de la familia Kirchner. La confesión y los bolsos de José López, la aparición de “efedrina” Daniel Peréz Gadín, las máquinas de contar plata de los Báez (sur) y de Milagros Sala (norte), ponen en evidencia razones, no todas, de la quiebra fiscal, la debilidad de la infraestructura y la consolidación, durante la década K, de una nueva oligarquía de concesionarios que ha generado un modelo improductivo.

La intensidad de la inflación y el estancamiento de larga duración (cuatro para cinco años) heredadas no cambian y no hay una mejora que valga la pena anunciar. “Basta de pronósticos, algunas realidades”.

Los éxitos políticos, más el desfile de espantosos K, ayudan a tramitar calmamente, en la opinión pública, una situación económica grave que no mejora. Pero, ¿por cuánto tiempo se podrán capitalizar éxitos políticos y denuncias del pasado? ¿Cuánto tiempo necesita este “programa” ?si lo hay? para cambiar el signo de la economía? ¿Hasta cuándo la realidad económica (y su agravamiento) podrán ser compensadas, en la opinión pública, por los “éxitos políticos” del presente y los delitos del pasado?

De eso depende la intensidad de “la confianza espontánea” con la que aspira a gobernar Mauricio Macri. La confianza no aparece y cuanto más tarde menos valiosa será su aparición.

Estando en minoría parlamentaria, el Gobierno logra que se acompañen sus propuestas. La realidad muestra actividades corruptas del Gobierno anterior, pero nadie imagina que el abastecimiento permanente de escándalos y mucho menos que esta Justica proceda a dictaminar su existencia. Para la confianza de Mauricio es imprescindible que amainen los vientos negativos de la economía.

Hay una innegable habilidad del PRO para la convivencia de una mayoría de legisladores. Pero los triunfos legislativos son transitorios. Se acaban con la sanción de la ley. Es cierto que el PRO puede predicar una nueva gobernabilidad entendida como la aceptación, en el Parlamento, de la voluntad minoritaria del Ejecutivo. Esa gobernabilidad depende de la iniciativa del Ejecutivo y de la adhesión del Parlamento.

En el período K y en el M, el Parlamento fue una escribanía, a veces trucha. Hoy las sanciones requieren de negociaciones. Es verdad. Pero por ahora no hay ninguna señal del potencial de iniciativa de los legisladores. Y sin ese valor es dificil mejorar la salud de la República y advertir al Ejecutivo de sus errores. Veamos.

Con el triunfo PRO, la Corte Suprema dejó de ser un eslabón abierto. Pero el blanqueo cierra poco. ¿Cuántos recursos fiscales se sumarán? Las estimaciones hablan de un mínimo de US$ 2.000 millones de dólares. Pero menos sabemos cuántos dólares podrían ingresar al país. Cuantos más recursos fiscales se obtengan en el blanqueo más energía presupuestaria se obtendrá, más allá del compromiso de financiamiento jubilatorio. Pero cuántos mas dólares ingresen al país tendremos una nueva presión a la baja del tipo de cambio.

El retraso cambiario puede funcionar como ancla inflacionaria, pero garantiza un proceso de declinación en el valor agregado de las actividades transables o, dicho de otra manera, mayores importaciones y menores exportaciones de trabajo. Y si gobernar es crear trabajo o multiplicar inversiones, el retraso cambiario es la madre del desgobierno, más allá de los éxitos políticos y la corrupción del pasado.

El PRO tiene que entender que lo que se gobierna es la Nación y lo que se administra es el Estado. El elenco actual presume de su experiencia de administradores a pesar que no han logrado equilibrar las cuentas del Estado. No es fácil con la herencia recibida. Puede que lo logren. Pero para equilibrar la Nación hace falta otra dimensión que es la de “hombre de Estado”, por ejemplo, para saber que el retraso cambiario es un mecanismo esencial de la economía para la deuda. La dinámica negativa del comercio exterior obliga al ingreso de financiamiento externo (deuda) y su combinación con el alza de las tasas de interés incentiva el flujo de capitales especulativos.

La economía para la deuda, desde la dictadura, nunca fue abandonada (aún con la negociación de la deuda y la quita) y este proceso la hará recrudecer nuevamente. El problema no es la deuda sino una estructura económica que la genera.

La deuda es la consecuencia de una enfermedad estructural. La deuda es pan para hoy y hambre para mañana. Fue así con la dictadura, el deme dos y la crisis, que pagó Raúl Alfonsín, con la hiperinflación. Con el menemismo, el deme dos, y la crisis que pagó la Alianza con la hiperdesocupación. Y también con el kirchnerismo, en el que hubo deme dos importado y un manto que, como siempre, ocultó la crisis que se tornó inevitable en las manos de Cambiemos. Crisis que amenaza con prorrogar ad infinitum la estanflación de larga duración y su secuela de pobreza, inequidad, conflicto social y acción directa. Baltasar Gracían: “O se crece o se declina” (Siglo XVII).

Las importaciones están golpeando balances de muchas actividades, la demanda interna se achica y la externa se desvance. Meten bala las importaciones que siguen siendo chinas tanto por su origen como por su curiosidad: se han importado casi todos los materiales para un megaedificio de alto valor inmobiliario. En China sobra todo y tiene que colocarlo.

Caída del consumo (estudios señalan el incremento de hogares de una sola comida por día) y ausencia de inversión (el empleo se estanca o declina). La cuestión social se expande de la periferia al centro.

En ese marco los estrategas del PRO se entusiasman con la Alianza del Pacífico. ¿Consultaron con los sectores amenazados? ¿Hicieron los números? ¿Cuál es el equipo que analiza ?con teoría y estadística? las repercusiones posibles de tamaña aventura?

Si esas tareas existen no son públicas. Razonable duda acerca de si saben lo que hacen. La ideología, que la tienen, los informa acerca de lo que quieren pero no de las consecuencias inevitables de lo que quieren si eso se realiza. Para ellos, la Alianza con el Pacifico es un oasis de capitales, mercados y progreso. Somos hijos -en estas últimas décadas- de imaginar que siempre la solución llega de afuera.

El Mercosur fue para ampliar mercados, incrementar la inversión y un salto en la productividad y en el progreso. ¿Ocurrió? El PRO ahora conjuga la Alianza del Pacífico y hasta la negociación con la Unión Europea como aquel verbo exterior que nos generará lo que nos falta. ¿Ocurrirá?

Es una visión defensiva. Los países que crecen, prerrequisito del progreso, ejecutan políticas propias para lograr el incremento de la inversión, la ampliación de los mercados, las condiciones de progreso colectivo. Políticas de ataque a los problemas. Esas no llegarán de afuera. La globalización y cualquiera de sus variantes, sin trabajo propio interno, es una quimera propia de la ausencia de pensamiento estratégico. El Gobierno no lo ha revelado y tampoco manifiesta preocupación por tenerlo.

Es que el pensamiento estratégico supone una meta colectiva de largo plazo. El PRO ha renunciado al consenso para la meta colectiva. Así la meta es imposible.

¿Un acuerdo internacional de envergadura sin acuerdo acordado con los sectores económicos, sociales, políticos? ¿Saben los proponentes que Chile tiene un arancel único de 6% y que el Mercosur dispone de la posibilidad del 35% como herramienta defensiva y una estructura arancelaria que refleja y condiciona la capacidad de exportación? ¿Saben que, a largo plazo, está proponiendo la estructura productiva que se deriva de esa potencial estructura arancelaria de aproximación al modelo chileno? Ese será un país sin industria y con la desaparición de los principales sectores empleadores y en particular, por ejemplo, las empresas de Tierra del Fuego.

Esa estrategia podrá imponerse por ausencia de iniciativas parlamentarias y por la habilidad PRO para lograr sanciones legislativas. Recorrer ese camino profundizará el estancamiento y la desindustrialización, disimulado transitoriamente por la economía para la deuda.

Son 40 años de economía para la deuda y tal vez con dólares del blanqueo, especulativos y deuda pura, podamos tener 4 y otros 4 más sobre la base de un nuevo déme dos.

Recordemos las consecuencias de la deuda. Primero hiperinflación sin desempleo y, luego, hiperdesempleo sin inflación. Ahora estancamiento con inflación. Un grado peor.

El éxito de esta filosofía puede que aplane la inflación pero dificilmente resuelva el crecimiento que no es natural ni espontáneo. Requiere de políticas sistémicas que lo procuren.

El consenso nos alejaría de los bandazos habituales. Con el peronismo, las mismas personas, fueron neoliberales, privatistas y amantes de las relaciones carnales y, en la década siguiente, fueron antiliberales (aunque no en la práctica), abominaron del mercado y lo privado, aunque construyeron una oligarquía de ladrones concesionarios y, amantes de las relaciones con el socialismo bolivariano, en la práctica se sometieron al Celeste Imperio. Tamaña contradicción destruye el largo plazo y habilita a la imposición del capricho transitorio.

Los éxitos parlamentarios, alentados por los escandalos de la corrupción K, no obligan al PRO a acuerdos de largo plazo. Un problema colectivo.

El “Estado del Estado” sintetiza la espantosa herencia administrativa. Pero, ¿el estado de la Nación y sus profundidades? Para mirarlo hay que partir del bien común, ideología en desuso no por inútil sino por exigente. Sin ese alfa el camino más probable es la efímera frivolidad.

Lee también

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés