Lo que está atravesando Javier Milei es un poco más que una luna de miel. Es eso, y algo más también. Porque, además de tener índices de aprobación elevados más allá del típico período de gracia inicial, las cosas le están saliendo bien y eso siempre empodera. En código futbolero, gana, gusta y golea. Y lo está haciendo con su propio libreto. Nadie le impuso su agenda. Ni el FMI, ni el Congreso, ni el PRO.
Y le está yendo mejor que lo que muchos (casi todos) pensaban, y ese es otro dato porque revalida al conductor e invalida a los que presagianan "que no llega a marzo".
¿Un Gobierno sin poder legislativo, que ajusta (y lo dice con ganas), que tiene al PJ enfrente, no tiene control de las organizaciones sociales ni los sindicatos llega a su primer aniversario así? Realmente impensado.
"Milei está disfrutando de un período dorado, un hecho que casi nadie anticipó en diciembre pasado. La mayoría de los indicadores económicos y financieros han mejorado significativamente desde que arrancó inauguró su mandato", asegura un inofmre de Econviews.

- La inflación cayó de un pico del 25% en diciembre al rango del 2,5% al 3% recientemente
- El riesgo país se desplomó a 750 puntos
- La brecha cambiaria ahora se mantiene por debajo del 10% en comparación con el 180% de principios de diciembre
- La economía está comenzando una recuperación lenta y desigual, donde el consumo aún sigue rezagado.
"Estos indicadores han impulsado la popularidad de Milei, que se recuperó en los últimos dos meses casi 23%, volviendo a niveles similares a los que disfrutó al inicio de su mandato. Su mayor activo político ha sido la caída de la inflación y la estabilidad del tipo de cambio", dice el reporte.
- Lo malo: el consumo sigue dormido, la economía no está generando nuevos empleos y los niveles de pobreza han aumentado por encima del 50% de la población.
La imagen de Milei
"Es demasiado pronto para afirmar si la popularidad de Milei puede mantenerse intacta", admite el informe. "Hasta ahora, se ha beneficiado de la falta de una oposición fuerte, que sigue fragmentada y sin poder presentar propuestas alternativas que seduzcan a los votantes. Además, la oposición no ha logrado generar nuevos líderes políticos, donde las referencias siguen siendo Macri y Cristina Kirchner, ambos con una imagen negativa muy alta", agrega el reporte.
¿Cepo para rato?
Parece que la popularidad de Milei depende en gran medida de la reducción de la inflación y el mantenimiento de un tipo de cambio estable, además de seguir destapando escándalos de corrupción y a políticos, sindicalistas y líderes sociales que se beneficiaron de un gasto público exorbitante. En estas circunstancias, no es sorprendente que el Gobierno vea a la inflación como un activo político clave.
Una implicancia de esto, sin embargo, es que el Gobierno no tiene incentivos para unificar el tipo de cambio y levantar el cepo si el riesgo es un aumento de la inflación. "En principio, esto debería ser solo temporal, aunque la historia muestra que en Argentina nunca se puede estar seguro de que este será el caso. Incluso si el riesgo es pequeño, la política podría dictar que el Gobierno, al final, posponga la unificación de los mercados cambiarios para después de las elecciones de medio término del próximo año", dice el informe.
Un trade off en el corto plazo
La población viene apoyado hasta ahora la reducción de la inflación, incluso si ello implicó sacrificar ingresos reales y crecimiento. Hay que tener en cuenta que el punto de partida era una tasa de inflación mensual del 25%, que recientemente se redujo al 2,7%.
"Los beneficios de esta reducción en la inflación fueron enormes. Sin embargo, no es tan obvio que el apoyo se mantendrá tan fuerte si las personas perciben que los costos de reducir aún más la inflación son un crecimiento lento del empleo, los ingresos reales y la economía", advierte el informe de Econviews.
Algunas encuestas de opinión indican que está comenzando a haber un cambio en las preferencias, y que los votantes están cada vez más preocupados por los ingresos reales, el empleo y el crecimiento.
En Argentina, 2,7% ya representa una inflación relativamente estable.
Mientras tanto, hasta que no haya evidencia clara de un cambio en las preferencias, el Gobierno no tiene incentivos para cambiar su estrategia y, de hecho, parece que el gobierno reducirá la tasa de devaluación a un uno por ciento mensual a principios del próximo año en sus esfuerzos por acelerar la caída de la inflación. Asimismo, la reciente reducción de aranceles y restricciones a las importaciones parece estar principalmente dirigida a reducir la inflación más que a aumentar la eficiencia económica.
Cepo hasta 2026
Con todos estos elementos económicos y políticos en la coctelera, desde Econviews cambiaron su proyección sobre el cepo: "Hemos modificado nuestra opinión de que el cepo se levantará a finales de este año o a principios de 2025 y ahora creemos que es más probable que lo haga hacia finales del próximo año, después de las elecciones de medio término que tienen lugar a fines de octubre".
El riesgo país
El principal obstáculo para una mayor reducción drástica del riesgo país es la falta de reservas, que en Argentina son cruciales dado que la mayoría de la deuda está en moneda extranjera. El Banco Central aún tiene reservas netas negativas, aunque tiene suficiente liquidez para cubrir los requerimientos del próximo año. Sin embargo, la mayoría de los inversores cree que, para estar cómodos, el país necesita tener reservas para cubrir las importaciones y los requerimientos financieros al menos seis meses por delante, y estamos lejos de esa cifra.
En resumen, la economía está en el camino correcto. La recuperación económica ha comenzado lenta pero firmemente, la inflación ya está en niveles soportables (por estándares argentinos), la brecha entre los tipos de cambio oficial y paralelo está en niveles muy bajos y los mercados financieros están "rugiendo". El panorama es positivo, pero Argentina tiene una tradición de ser una montaña rusa.

Hace apenas tres meses, todos estaban preocupados por el riesgo país (que era de 1.600 puntos), por una brecha cambiaria del 60% y por el hecho de que el Banco Central estaba perdiendo reservas cada mes.
"Así como no nos dejamos llevar por un pesimismo excesivo en ese momento, debemos abstenernos de ser demasiado optimistas ahora", reconoce Econviews.