Cepo cambiario

El sistema de bandas y el día que quebraron al Banco de Inglaterra: ¿se repetirá la historia?

El Gobierno pone en marcha un sistema que a lo largo de la historia ha sabido tener resultados disímiles.

El fin del cepo.
El fin del cepo. .

En el marco del anuncio de la -tan ansiada- salida del "cepo cambiario" el gobierno argentino estableció ciertos parámetros que pueden hacer recordar a la experiencia inglesa de principios de la década del '90. Más precisamente, el "sistema de bandas" de flotación del tipo de cambio se asemeja al sistema de flotación sobre el cual fluctuaba la libra esterlina, antes de que fuera dinamitado en septiembre de 1992 -otros ejemplos de bandas cambiarias, entre muchos otros, fueron los empleados por Chile entre 1984 y 1999, y Colombia entre 1994 y 1999-. 

Repasando un poco la historia, en el año 1979 Europa estableció el "ERM" -Exchange Rate Mechanism- con el objeto de estabilizar los tipos de cambio de las monedas europeas y así prepararlas para la eventual adopción de una moneda común -el "Euro"-. 

Por su parte, el mecanismo también buscaba "armonizar" las tensiones económicas entre las principales economías de Europa, todo ello con miras a evitar la repetición de un escenario que propiciase un nuevo enfrentamiento como lo fueron las dos Guerras Mundiales -a tal respecto vale recordar que la Segunda se gestó en cierta medida a partir del gran descontento alemán luego de la fuerte depresión económica sufrida post sanciones de la Primera-. 


  • Por último, y en relación a lo que hace al eje del artículo, el ERM sólo permitía la intervención de los respectivos bancos centrales en caso de que las cotizaciones de las monedas se acercasen a los límites de las respectivas bandas cambiarias, cuyo margen de fluctuación estaba establecido en el orden del 2,25% -es decir, las monedas estaban sometidas a unas "bandas muy estrechas"-. 

Como es habitual, en un principio Inglaterra rehusó formar parte del ERM -sus miembros originales fueron Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos-, accediendo recién en 1990 so pretexto del "compromiso de la primer ministro inglesa Margaret Thatcher para con el proceso de integración europeo". No obstante, la verdadera razón por la cual Inglaterra finalmente solicitó formar parte del ERM radicó en la necesidad/esperanza de fortalecer su moneda y de beneficiarse de tasas de interés y de inflación más bajas -dentro de este contexto vale recordar que el marco alemán se había convertido en la moneda más estable y de referencia para el bloque europeo-. 

Ahora bien, al unirse al ERM Inglaterra lo hizo bajo un tipo de cambio elevado -2,95 marcos alemanes por libra-, lo cual derivó en que sus exportaciones fueran menos competitivas, todo ello dentro de un contexto ya recesivo fruto de las duras políticas económicas implementadas por el gobierno conservador de Margaret Thatcher durante toda la década anterior. 

Esta contracción de las exportaciones, y por ende del PBI, profundizó la depresión económica de Inglaterra, aumentando como contrapartida la presión devaluatoria contra la libra esterlina, la cual rápida -y peligrosamente- se acercó a la banda inferior fijada en el marco del ERM -recordemos que la "banda de fluctuación" era muy estrecha, de 2,25%, por lo que el tipo de cambio de entrada resultaba determinante en extremo-. 



Siguiendo con ello, el Banco de Inglaterra podía entonces optar por subir la tasa de interés a fin de fortalecer la libra lo cual, amén de ofrecer una salida transitoria, tan sólo empeoraría la depresión al reducir aún más su competitividad, lo cual mostraba a las claras que el gobierno inglés no contaba en la práctica con muchas opciones para revertir la situación. 

Atento a ello, a la aparente insostenibilidad de este escenario, rápidamente dos posiciones encontradas surgieron, respecto de lo cual sólo una podría prevalecer: a. Que el gobierno inglés adoptaría todas las medidas atinentes a mantener a la libra dentro de las bandas fijadas por el ERM -sin importar los efectos recesivos-, o b. Que el gobierno inglés eventualmente capitularía y se saldría del ERM. Ésta última era la posición de George Soros y su Quantum Fund, el cual para ese entonces contaba entre sus filas con un joven Stanley Drückenmiller -a la postre inversor legendario- y Scott Bessent -actual Secretario del Tesoro de EEUU-. 

Para Soros y su equipo la estrategia consistía en "torpedear" la libra esterlina a fin de forzar una devaluación por fuera de las bandas del ERM, para lo cual se diseñó un plan en tres grandes bloques: 


  1. Tomar una "montaña de deuda" -se habla de 10.000 millones de libras-.
  2. Adquirir divisas -principalmente marcos alemanes y dólares estadounidenses- y operar también en el mercado de futuros por dicho valor.
  3. Hablar públicamente -en especial Soros- de la insostenibilidad del tipo de cambio -esto último recuerda a declaraciones recientes de un ex Ministro de Economía sobre el "atraso cambiario del gobierno de Milei"-. 

En la otra vereda naturalmente se encontraba el Gobierno británico.

Finalmente, llegó el día cúlmine, el 16 de septiembre de 1992. Según refiere Soros, con su equipo decidieron "ir a la yugular" luego de que el día anterior el titular del Bundesbank -banco central alemán- manifestara públicamente que "ciertas monedas estaban sufriendo una fuerte presión y que podrían seguir el camino devaluatorio de la lira italiana", lo cual fue entendido como un mensaje de que la libra inglesa era la próxima en caer, y que el gobierno alemán no colaboraría en sostenerla. 

En función de ello, durante el miércoles 16 -a la postre "Black Wednesday"- tanto Soros y su Quantum Fund como muchos otros especuladores -p. ej.: Paul Tudor Jones, titular de "Tudor Investment Corporation"- libraron literalmente un bombardeo masivo contra la libra, forzando al Banco de Inglaterra a subir la tasa de interés del 10% al 12% y luego de nuevo al 15%, como así también a gastar hasta 27.000 de millones de libras de sus reservas para recomprar libras a los especuladores, todo lo cual concluyó con Norman Lamont -Ministro de Hacienda británico- anunciando a las 7.40PM de dicho día que Inglaterra se retiraba del ERM -como contrapartida Soros y su Quantum Fund embolsaron una ganancia estimada en mil millones de libras-.



Yendo ahora al caso argentino, ¿se podría repetir esta historia? 

Por el momento resulta muy prematuro conjeturar pero ciertos datos explican que el camino sería distinto. 

  1. En primer lugar, porque Argentina cuenta actualmente con superávit fiscal mientras que Inglaterra contaba con un elevado déficit, lo cual arrojaba mayor presión sobre el tipo de cambio. 
  2. Segundo, el ajuste fiscal, la generación de incentivos y la recuperación de la actividad están derivando en un paulatino mayor ingreso de divisas mientras que Inglaterra conjugaba fuerte contracción de la actividad y de las exportaciones, acentuado especialmente con la entrada al ERM. 
  3. Tercero, el acuerdo de Argentina con el FMI acaba de aportar unos 12.000 millones de dólares a las reservas del Banco Central -dentro de un programa global de 20.000 millones-, lo cual hace más creíble la sostenibilidad del sistema de bandas, mientras que Inglaterra sufría salida de capitales, debilitando en consecuencia su poder de fuego ante especuladores. 
  4. Cuarto, y en relación a lo anterior, el sistema adoptado por el gobierno argentino establece bandas muchas más amplias que el sistema adoptado por Inglaterra -de $1.000 a $1.400 en el caso argentino (amplitud de 40% entre los extremos) vs. 2,25% de variación total en el caso británico-, por lo que el gobierno argentino cuenta con mucha más flexibilidad para contrarrestar los ataques especulativos y shocks externos, además de que las bandas argentinas son dinámicas al ajustarse mensualmente al 1% a diferencia  de las bandas británicas que no se ajustaban. 
  5. En quinto lugar, mientras tanto la titular del FMI y el Secretario del Tesoro de EEUU apoyan públicamente al gobierno argentino, lo cual genera un gran respaldo frente al establishment financiero y la comunidad internacional, Inglaterra recibía fuego amigo de parte del titular del Bundesbank, alimentado la desconfianza generalizada que reinaba respecto de Inglaterra a principios de los '90. 
  6. Sexto y último, a pesar de algunos escándalos -p.ej.: caso $Libra- y situaciones polémicas el gobierno argentino viene avanzando en el fortalecimiento institucional, lo cual refuerza la convicción en el eventual éxito de las medidas que decida implementar, mientras que Inglaterra se encontraba internamente muy convulsionada, generando así serias dudas sobre la sostenibilidad de sus políticas. 

En definitiva, y si bien es muy temprano para hacer pronósticos definitivos sobre el caso argentino, la comparación de ambas situaciones -Argentina 2025 vs. Inglaterra 1992- sirve para graficar cómo herramientas similares pueden tener distintos efectos derivado ello no tanto del punto de partida sino más bien de la credibilidad que se genere en torno a la hoja de ruta, para lo cual resultan claves la disciplina fiscal y la acumulación de reservas internacionales, como así también que las políticas fiscal y monetaria actúen coordinadamente y no una en detrimento de la otra.



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