El riesgo país perforó los 400 puntos y el mercado ya mira la próxima jugada de Caputo
La Argentina volvió a recibir una buena noticia financiera. Después de la mejora de calificación que Fitch había anunciado en mayo, S&P subió la nota soberana del país desde CCC+ hasta B- y el mercado reaccionó con euforia: los bonos avanzaron, las acciones argentinas subieron con fuerza y el riesgo país volvió a ubicarse cerca de los 430 puntos básicos, con momentos en los que llegó a perforar la zona de los 400 puntos.
Para GMA Capital, el dato no es menor. La mejora de la nota marca una salida de la zona de mayor estrés crediticio y confirma que el mercado empieza a mirar a la Argentina con otros ojos. Pero el informe también deja una advertencia clave: el upgrade no es el punto de llegada, sino apenas el inicio de un recorrido mucho más exigente.
El mercado argentino metió tres goles, pero no todos son de Messi
El clima financiero cambió rápido. En la semana del upgrade, el S&P Merval volvió a superar los US$ 2.200, impulsado especialmente por los bancos, que subieron en promedio cerca de 11%. La deuda soberana también acompañó: el GD38 avanzó 2,3% y el GD35 ganó 2%, dentro de una mejora generalizada de los bonos largos.
El movimiento se dio incluso en un contexto cambiario más exigente. Según GMA, el dólar subió 1,6% y alcanzó los $1.451, su nivel nominal más alto desde febrero.
El dato más potente estuvo en el riesgo país. Desde los máximos de enero de 2024, la compresión acumula más de 1.500 puntos básicos. Es una mejora enorme, pero todavía insuficiente para cantar victoria.
La razón es simple: Argentina sigue pagando una prima de riesgo mucho más alta que sus vecinos. Mientras el país se mueve por encima de los 400 puntos básicos, México ronda los 164 puntos, Brasil los 178 y Perú apenas los 91.
En otras palabras, el mercado festeja, pero todavía no perdona del todo.
La mochila que Argentina todavía no logra sacarse
El informe de GMA Capital pone el dedo en una de las heridas más profundas de la economía argentina: la credibilidad. El país acumula 10 rupturas de contratos con bonistas a lo largo de su historia y esa memoria sigue presente en los precios.
Por eso, aunque la suba de nota de S&P mejora el perfil crediticio, no borra de un día para el otro décadas de desconfianza. Brasil, México y Chile construyeron durante años la reputación que hoy les permite financiarse a tasas mucho más bajas. Argentina, en cambio, recién acaba de salir de la categoría CCC.
La comparación es brutal. Si Argentina lograra converger hacia niveles de riesgo similares a los de sus pares regionales, podría reducir cerca de un cuarto de su costo financiero total, que hoy GMA ubica en torno a 873 puntos básicos.
Ese es el verdadero premio. Pero también muestra la dimensión del camino pendiente.
Los fundamentos mejoran, pero todavía falta
La buena noticia es que la foto macro luce bastante mejor que hace algunos meses. Según GMA Capital, la economía argentina habría cerrado 2025 con un crecimiento de 4,5% y un superávit primario de 1,4% del PIB. Para 2026, el informe espera que la mejora continúe, con una expansión proyectada por el REM de 2,9% y un resultado primario de 1,6% del PIB.
En esos dos frentes, Argentina aparece mejor parada que la mediana de los países con calificación B y B-. Incluso muestra una foto fiscal más sólida que varios créditos con mejor rating.
Pero el problema es que la película sigue siendo frágil. La inflación, aunque bajó con fuerza respecto de los peores momentos, todavía se mantiene por encima de los estándares regionales. Y las reservas, aunque mejoraron, continúan siendo una variable sensible.
- El dato que miró el mercado fue la recomposición del Banco Central. GMA señala que el compromiso de compras del BCRA, por US$ 10.800 millones desde el inicio del programa, permitió llevar las reservas netas a valor de mercado nuevamente a terreno positivo, por encima de los US$ 3.700 millones.
Eso ayudó a explicar la decisión de S&P. Pero no alcanza para declarar resuelto el frente externo.
La advertencia de MSCI: la normalización todavía no llegó
El informe también marca una señal de cautela desde el mercado accionario. MSCI mantuvo sin cambios la clasificación de Argentina como Standalone Market en su último Accessibility Review.
Aunque se trata de una evaluación distinta a la de las calificadoras de deuda, el mensaje va en la misma dirección: la normalización financiera todavía es incompleta. En bonos, el upgrade marca una salida de la zona de mayor estrés. En acciones, en cambio, los controles de capitales siguen funcionando como una barrera para pensar en una reclasificación hacia mercado emergente.
El mercado puede festejar. Pero, para los grandes índices globales, Argentina todavía no terminó de volver.
El problema de fondo: Argentina crece, pero con demasiado vértigo
GMA Capital plantea que la discusión no debe limitarse al ajuste fiscal o al nivel de reservas. El verdadero desafío es bajar la volatilidad estructural de la economía.
La comparación regional es clara. En las últimas décadas, Argentina mostró un crecimiento promedio cercano al 2,6% anual, pero con una volatilidad próxima al 6%, la más alta de la muestra analizada por la firma.
Chile, por ejemplo, creció alrededor de 4,2% anual con una volatilidad cercana a 3,6%. Perú también avanzó a un ritmo similar, con un desvío estándar inferior al 4%. Uruguay, pese a estar expuesto a shocks regionales, consiguió un crecimiento parecido al argentino con prácticamente la mitad de volatilidad.
La conclusión es incómoda: Argentina no solo necesita crecer. Necesita crecer durante más tiempo, con menos sobresaltos y sin destruir credibilidad en cada ciclo.
El rol clave del RIGI y la inversión extranjera
Para salir de esa trampa, la inversión aparece como una pieza central. Por eso, el Gobierno apuesta al RIGI y al denominado "Súper RIGI" como herramientas para atraer proyectos de gran escala, ampliar la capacidad productiva y generar más divisas en el largo plazo.
Según GMA Capital, desde la implementación del régimen se presentaron proyectos por aproximadamente US$ 95.000 millones, de los cuales US$ 41.000 millones ya se encuentran aprobados.
Los números todavía son incipientes, pero empiezan a mostrar señales. La inversión extranjera directa volvió a terreno positivo y acumula US$ 712 millones en lo que va del año. Aun así, el informe advierte que el nivel sigue muy lejos de otros períodos: representa apenas el 10% de lo que era en 2008.
La clave, entonces, será cambiar la calidad de los flujos. Menos "hot money" de corto plazo y más inversión en capital físico. Menos bicicleta financiera y más proyectos que produzcan, exporten y generen dólares.
La gran pregunta: ¿es momento de volver al mercado?
Con el riesgo país en fuerte baja y el upgrade de S&P sobre la mesa, volvió la pregunta que incomoda al Gobierno: ¿debe Argentina volver a emitir deuda en los mercados internacionales?
GMA Capital recuerda que la última emisión de títulos bajo ley extranjera fue en agosto de 2020, en el marco del canje de deuda. Desde entonces, el país quedó prácticamente fuera del financiamiento voluntario.
Los vencimientos de julio de 2026 parecerían estar cubiertos con las fuentes disponibles. El problema empieza a mirar más hacia adelante: en 2027, los compromisos ascienden a US$ 23.600 millones.
En ese contexto, las garantías multilaterales aparecen como una herramienta clave. El Banco Mundial aprobó un paquete por US$ 2.000 millones y el BID podría aportar otros US$ 550 millones. Ese respaldo puede funcionar como puente para reducir el riesgo de una primera emisión y mejorar las condiciones de salida.
La ventana existe, pero no es gratis
El dato favorable es que el EMBI argentino cayó cerca de 140 puntos básicos en lo que va del año y hoy se ubica en niveles similares al promedio observado durante la gestión Cambiemos entre 2016 y 2018, el último período en el que Argentina tuvo acceso relativamente fluido al mercado internacional.
Pero hay una diferencia enorme: el mundo ya no es el mismo.
Entre 2016 y 2018, la tasa libre de riesgo rondaba el 2%. Hoy, el Treasury a 10 años se ubica cerca del 4,5%. Eso significa que, aun con un spread parecido, el costo total de financiamiento para Argentina sería mucho más alto.
Según GMA, entre 2016 y 2018 el Tesoro colocaba deuda en dólares a una tasa promedio cercana al 6,4% anual. Hoy, una emisión difícilmente podría ubicarse en esos niveles. El Gobierno quizá podría colocar por debajo del 9% anual, pero convalidando un costo bastante más elevado que en aquel momento.
Para volver a tasas similares a las de la era Macri, el riesgo país debería caer por debajo de los 200 puntos básicos, un umbral muy exigente incluso Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar