Qué pasó:
Pese a la mejora de los datos macro —desinflación, rebote de actividad, superávit proyectado y un acuerdo fluido con el FMI— la deuda argentina sigue rezagada. El riesgo país ronda los 700 puntos y la curva soberana no logra subirse a la ola global de apetito por emergentes.
Por qué importa:
Mientras Angola, Egipto o Nigeria registraron fuertes compresiones de spreads, los bonos argentinos (como el GD35) se mantienen con rendimientos en torno al 11%. Hoy, Angola ya rinde menos que Argentina. La deuda local sigue penalizada a pesar de tener mejores métricas fiscales y de crecimiento.
Entre líneas:
Las tenencias de bonos en manos de no residentes siguen cayendo, dice Delphos. El mercado no compra ni expectativas ni delivery. Todo gira en torno a una sola variable: las elecciones de medio término del 26 de octubre, con una escala muy importante el 7 de septiembre en la madre de todas las batallas.

El dato:
Según el FMI, Argentina tendría un superávit financiero de 0,4% del PBI en 2025, frente a déficits de dos cifras en Egipto y Pakistán. Además, lidera en crecimiento proyectado (+5%).
Lo que frena:
La debilidad oficialista en el Senado —que aprobó cinco proyectos con fuerte impacto fiscal— y el riesgo de reversión política mantienen a los inversores al margen. Milei promete vetos y apuesta todo a noviembre.
Qué mirar:
Las encuestas posicionan al oficialismo como favorito. Si se confirma el rumbo en las urnas, analistas proyectan un upside de hasta 40% para los bonos soberanos. Los fundamentals están. Falta el voto. "Los fundamentos están. Solo falta que el resultado electoral acompañe", resume Delphos.