Economía

2024 fue un año superlativo para los activos argentinos

Repaso de un 2024 al "verde vivo": la piedra fundamental para los elevados retornos fue el ajuste fiscal sin precedentes.
2024 fue un año superlativo para los activos argentinos
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No cabe duda de que la piedra fundamental para los elevados retornos fue el ajuste fiscal sin precedentes, donde no sólo se logró un importante superávit primario (1,9% del PBI según estimación del MECON) sino que se ejecutó en un contexto social de relativa calma. Entre mayo y julio se observó una pausa por el estancamiento en la acumulación de reservas, pero el blanqueo acalló las dudas sobre la falta de dólares y volvió a darle impulso al rally

En noviembre hubo un nuevo sprint con el triunfo de Donald Trump, al cual el mercado leyó como positivo por la afinidad ideológica con Javier Milei, restando relevancia al viento de frente que implicó para el resto de los emergentes. 

En paralelo, la desaceleración inflacionaria mayor a la esperada a partir de septiembre apuntaló el proceso, lo que permite presagiar un buen desempeño electoral del oficialismo en las legislativas. 

Tanto la Confianza del Consumidor como la Confianza en el Gobierno reflejaron esa mejora a partir de octubre. Adicionalmente, la relación entre el gobierno y FMI mejoró marcadamente a partir de septiembre y podría hacerlo más con Trump en el poder. 

Los factores antes mencionados provocaron que en 2024 los bonos en dólares alcanzaran un retorno promedio de 95%. Cabe destacar que, en el segundo semestre del año (tras superar el período de mayor incertidumbre, marcado por la escalada de los dólares financieros) el flujo comenzó a concentrarse en los instrumentos más largos de la curva a partir del mencionado círculo virtuoso que desencadenó el blanqueo. Este cambio de tendencia se vio reflejado en la dinámica de los Credit Default Swaps (CDS), que recién mostraron una menor probabilidad de default en la parte larga curva recién en septiembre. 

Como muestra de ello, la probabilidad acumulada de default a 10 años apenas recortó de 100% a 96% entre el balotaje y fines de agosto, pero cerró 2024 en 81%. 

A pesar de esto, y dado el historial de crédito del país, el mercado asigna una probabilidad de default mayor al 50% a cuatro años, lo que muestra el amplio camino por transitar.

El correlato de este mayor optimismo en la perspectiva de la deuda fue la vertiginosa caída del riesgo país, que cerró 2024 en 635 puntos básicos (pbs), luego de comprimir 1.741 pbs desde los 2.500 pbs pre-balotaje. No deben ser soslayados los vaivenes del EMBI argentino a lo largo del año. Mientras los primeros datos fiscales y el cambio en la orientación general de la política económica dieron lugar a una fuerte compresión hasta 1.140 pbs en abril, las dudas en torno a la acumulación de reservas generaron una suba hasta 1.650 pbs a comienzos de agosto. Fue la dinámica positiva del blanqueo lo que reinició el descenso para cerrar el año apenas por encima de los 600 pbs. Los niveles actuales son los mínimos en casi seis años y se ubican apenas 149 pbs por encima de la mediana de la era Macri.

La caída en la percepción del riesgo argentino toma más relevancia al compararse con la dinámica de los mercados emergentes/fronterizos. Estos no tuvieron un contexto global muy favorable, sobre todo a partir de la perspectiva de triunfo de Trump en septiembre, que impulsó al DXY 8,5% hacia un máximo de más de dos años y a la tasa de 10 años a un pico de 4,60%. 

Con estos elementos, el ETF EMB culminó el año donde lo empezó. De hecho, dado el beta de nuestros bonos, Argentina hubiera terminado prácticamente flat si se hubiera acoplado a la tendencia internacional, lo que evidencia que los factores idiosincráticos explicaron enteramente su sobresaliente performance.

Mientras la política económica mantenga este enfoque, el riesgo país podría extender su trayectoria bajista, y los rendimientos de la curva soberana deberían acercarse cada vez más al de sus comparables de crédito CCC+/B-

Sin embargo, el camino por recorrer no estará exento de riesgos, teniendo en el horizonte dos desafíos exógenos como las elecciones legislativas y el viento de frente para emergentes que podrían implicar las políticas de Trump (tasas más altas, dólar fuerte,  bajos precios de commodities y un menor crecimiento en China). 

Además, en el debe de la política económica sigue figurando la normalización cambiaria. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar