Exportación

Vaca Muerta: de promesa a realidad, con cinco años decisivos por delante

Analistas internacionales coinciden en que Argentina será uno de los protagonistas del crecimiento global del shale oil en la próxima década.

Actualmente, hay tres grandes proyectos de gas natural licuado (GNL) en marcha
Actualmente, hay tres grandes proyectos de gas natural licuado (GNL) en marcha Archivo

Argentina se encuentra atravesando un punto de inflexión en su historia energética. Tras décadas de déficits crónicos, caída en la producción nacional y dependencia de las importaciones, el país empieza a transitar una senda de recuperación con proyección de superávit comercial en el sector. El corazón de esta transformación es Vaca Muerta, la formación no convencional que, tras años de inversiones y planificación, comienza a consolidarse como un pilar del desarrollo energético nacional.

En mayo, Vaca Muerta alcanzó un récord de producción de crudo de 448.000 barriles diarios, lo que representó un incremento interanual del 22,5%. A nivel país, la producción total se ubicó en 756.000 barriles diarios, con una suba del 9,1 % respecto del mismo mes del año anterior. Estos datos no son anecdóticos: indican que el potencial largamente anunciado empieza a traducirse en resultados concretos. Sin embargo, el verdadero desafío es sostener y escalar esta senda de crecimiento, y para eso los próximos cinco años serán clave.

Una oportunidad estratégica

Con las principales cuencas de Estados Unidos acercándose a una meseta productiva y varios países enfrentando el declive de su producción, analistas internacionales coinciden en que Argentina será uno de los protagonistas del crecimiento global del shale oil en la próxima década. No obstante, para que ese potencial se traduzca en liderazgo exportador, el país necesita avanzar decididamente en dos frentes: la infraestructura de evacuación del crudo y la consolidación de la capacidad exportadora de gas natural licuado (GNL).



Vaca Muerta Sur y el cuello de botella logístico

La producción no puede crecer indefinidamente si no se resuelve el cuello de botella actual para transportar el crudo desde la cuenca neuquina. En este punto, el proyecto Vaca Muerta Sur (VMOS) resulta fundamental. Este consorcio, integrado por YPF, Vista Energy, Pampa Energía, Pan American Energy, Chevron, Pluspetrol, Shell y Tecpetrol, ya cuenta con financiamiento aprobado por US$ 2.000 millones a través de un préstamo sindicado internacional.

El proyecto prevé una capacidad inicial de evacuación de 550.000 barriles diarios hacia 2028, con posibilidad de expansión en años posteriores hasta 700.000 barriles diarios, si se suman nuevas fases. Esta obra se complementa con la reciente ampliación del oleoducto Duplicar y la expansión del Puerto Rosales, generando una capacidad de evacuación total cercana a los 1,2 millones de barriles diarios, una cifra que liberaría un cuello de botella crítico para el desarrollo sostenido del sector.

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El proyecto Vaca Muerta Sur prevé una capacidad inicial de evacuación de 550.000 barriles diarios hacia 2028



GNL y la puerta hacia el mercado internacional

En paralelo, la clave para el gas natural está en la capacidad de licuar y exportar excedentes. Actualmente, hay tres grandes proyectos de gas natural licuado (GNL) en marcha: uno impulsado por Golar-PAE, y otros dos liderados por YPF, en asociación con Shell y ENI, que en conjunto totalizan una capacidad proyectada de 28 millones de toneladas anuales (MTPA).

El proyecto de Golar y PAE dio un paso clave el 1 de mayo, con la decisión final de inversión (FID) para la primera unidad flotante de 5,95 MTPA, y se espera una segunda FID antes de fin de año, que incluirá un gasoducto dedicado desde Vaca Muerta y una segunda unidad flotante. El segundo proyecto, entre YPF y Shell, espera FID en 2026, mientras que el tercero, con ENI, prevé definiciones hacia fines de 2025. Las empresas aseguran que, con un precio FOB estimado de US$ 7,5 por millón de BTU, estos desarrollos son competitivos en el mercado global.

Además del GNL, se proyecta exportar hasta 30 millones de metros cúbicos diarios de gas a Brasil hacia 2030, ya sea a través de gasoductos o como offtakers de los proyectos de GNL. Este camino, sin embargo, exige resolver varias cuestiones estructurales: nuevas obras de transporte, acuerdos tarifarios con Bolivia, y contratos de largo plazo. Las empresas argentinas aspiran a acuerdos de 15 años que aseguren retorno y estabilidad, mientras que los compradores brasileños prefieren plazos más cortos, confiando en su futura oferta de presal. Las negociaciones continúan, con proyectos de reversión de ductos bolivianos y enlaces por Paraguay aún en análisis.



Estrategias empresariales y prudencia fiscal

Los principales jugadores del sector avanzan con estrategias diferenciadas, pero todas apuntan a un mismo norte: consolidar a Argentina como exportador neto de energía.

  • YPF, la empresa de mayoría estatal, lidera con una estrategia de transformación profunda. Desinvierte en activos convencionales, concentra su Capex en shale y proyecta una producción de 1 millón de barriles equivalentes diarios para 2030. Es también el actor principal en VMOS y en los proyectos de LNG.
  • Pampa Energía, por su parte, concentra su apuesta en el bloque Rincón de Aranda, donde proyecta producir 45 mil barriles diarios hacia 2027, y participa con un 20 % en la unidad flotante de Golar-PAE.
  • Vista Energy adquirió recientemente las operaciones locales de Petronas obteniendo un 50% de participación en el bloque La Amarga Chica, lo que implicó un salto del 47 % en su producción. Sin embargo, mantiene una estrategia de inversión cauta, con fuerte disciplina financiera después de una compra que requirió mucho efectivo. Con un costo operativo de US$ 20 por barril y sin compromisos contractuales exigentes, ajusta su Capex en función del precio del Brent (recorta si cae a US$ 60, acelera si supera los US$ 70).

Es momento de decidir

El gran factor de incertidumbre sigue siendo la volatilidad del precio internacional del petróleo y las tensiones geopolíticas globales. A pesar de ello, Vaca Muerta mantiene márgenes sólidos, con un breakeven estimado en US$ 45 por barril dependiendo del operador, lo que le permite ser rentable aún en escenarios moderados.

Si los proyectos avanzan según lo previsto, se completan las ampliaciones de infraestructura y se alcanza una decisión final de inversión en los proyectos de GNL, Argentina no solo podrá alcanzar el autoabastecimiento, sino que podría convertirse en exportador neto de petróleo y gas, con un ingreso estimado de al menos US$ 20.000 millones anuales por exportaciones energéticas hacia 2030.



Queda por delante un desafío mayor: construir la confianza y la coordinación necesarias entre el sector privado, el Estado y el sector financiero para que estos proyectos se concreten y Argentina llegue a 2030 con un Vaca Muerta plenamente desarrollado. Hoy la formación es una realidad innegable, pero su verdadero éxito y su contribución a la prosperidad del país dependerán de las decisiones, la ejecución que se logren y un poco de suerte con los precios internacionales, en los próximos cinco años.

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