La producción petrolera sudamericana está experimentando una transformación histórica. Mientras Brasil consolida su liderazgo mundial con los yacimientos de presal, y Argentina escala su producción gracias al shale de Vaca Muerta, la región proyecta un crecimiento conjunto que enfrenta desafíos estructurales que limitan su expansión.
Según consignó la agencia Blomberg, desde Control Risks, destacan que esta ventaja se debe a que los tres países concentran los activos con mayor capacidad productiva futura, combinando tecnologías offshore profundas y no convencionales en tierra con alto potencial de retorno.
Brasil ha diseñado una estrategia de largo plazo centrada en el presal, un horizonte exploratorio profundo en aguas del Atlántico, que ya representa casi el 80 % de la producción nacional. Con cifras récord de cerca de 4 millones de barriles diarios, el presal no solo asegura el liderazgo regional, sino que posiciona al país como proveedor confiable en mercados internacionales.
El modelo brasileño combina inversión tecnológica, plataformas flotantes de última generación y contratos estables que atraen capital global, generando un efecto multiplicador en la industria y en empleos locales.
Vaca Muerta: el gigante no convencional
Por su parte, Argentina impulsa su crecimiento a través del shale de Vaca Muerta, considerado uno de los reservorios no convencionales más grandes del mundo fuera de Norteamérica. Con técnicas de perforación horizontal y fracking, la producción ha registrado récords históricos, consolidando al país como exportador neto de crudo liviano y con una producción que hoy supera los 800.000 barriles diarios. Este ritmo de expansión podría llegar al millón de barriles antes de 2030.
Proyectos estratégicos como Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), oleoductos y terminales marítimas facilitan la salida de petróleo al exterior y atraen inversiones, ampliando la capacidad de exportación y mejorando la balanza energética.
Guyana: la frontera emergente
Guyana, aunque más reciente en la escena, se convierte rápidamente en un actor relevante con su offshore del bloque Stabroek, que podría superar 1 millón de barriles diarios en los próximos años. La combinación de recursos probados, contratos estables y acceso a inversión extranjera coloca al país como un socio estratégico en la nueva configuración energética regional.
El presal brasileño y el shale argentino representan así dos modelos complementarios: el presal asegura volumen y estabilidad en aguas profundas, con inversiones de largo plazo, en tanto el shale permite flexibilidad y velocidad en la producción, con tecnología de punta en tierra.
Esta nueva dinámica, según los expertos, está cambiando el poder relativo de los productores sudamericanos. Brasil, Argentina y Guyana emergen como líderes regionales, dejando atrás a países que dependen de yacimientos tradicionales o enfrentan problemas internos.
Además, la atracción de inversión extranjera refuerza infraestructura, empleo y capacidad exportadora. De esta manera, se consolida un nuevo eje energético basado en tecnologías avanzadas y recursos estratégicos, que proyecta a Sudamérica como proveedor confiable en un contexto global cambiante.