La estructura productiva argentina

Energía en alza, economía estancada: el sector que empieza a mover la aguja

El sector energético es uno de los pocos que crece de forma sostenida en la economía argentina, pero su bajo punto de partida limita su impacto agregado, según un reciente informe de la consultora Criteria.
Las proyecciones oficiales apuntan a exportaciones energéticas de US$ 16.000 millones en 2026 y US$ 21.000 millones en 2027 (Archivo)
Daniel Barneda 24-04-2026
Compartir

El sector energético argentino se consolida como uno de los pocos motores de crecimiento dentro de una economía estancada, aunque todavía con un peso acotado en la estructura del PIB, de acuerdo con un análisis de Criteria.

En los últimos quince años, la matriz productiva del país prácticamente no cambió. El agro se mantuvo como principal sostén de la actividad, mientras industria y comercio conservaron su relevancia sin mostrar una expansión sostenida. Según el informe, firmado por Guadalupe Birón, no se observan transformaciones estructurales significativas en la composición del producto.

En ese marco, el sector energético incluido dentro de "explotación de minas y canteras" aparece como una de las pocas excepciones. Tras un período de expansión parcial en la década pasada, su desarrollo se vio limitado por inestabilidad macroeconómica, restricciones cambiarias y falta de financiamiento.

Ese escenario comenzó a revertirse después de la pandemia. La mejora relativa del sector, el impulso de Vaca Muerta y el mayor flujo de inversiones dieron lugar a un nuevo ciclo de crecimiento. Desde 2017, cuando tocó un mínimo cercano al 2,6% del PIB, la participación del sector comenzó a recuperarse hasta ubicarse en torno al 4,5% hacia 2026.

  • Según Criteria, esto implica un incremento de casi 2 puntos del PIB en ocho años, equivalente a una suba superior al 70% en términos relativos. Sin embargo, el informe advierte que el impacto agregado sigue siendo limitado por el bajo punto de partida: en la base 2004, el sector representaba apenas el 5% del producto.

En valores actuales, esa participación equivale a unos US$ 29.000 millones, lo que permite dimensionar la escala alcanzada, aunque aún lejos de alterar de manera significativa la estructura global de la economía.

El análisis también destaca que la mejora reciente no es puntual sino sostenida. Desde 2022 se observa un quiebre claro en la tendencia, con una suba consistente de la participación del sector y un promedio móvil que confirma su avance estructural.

Proyecciones: salto exportador en marcha

De cara a los próximos años, Criteria señala que el sector podría ganar aún más relevancia, impulsado por inversiones ya comprometidas y proyectos en ejecución.

Las proyecciones oficiales apuntan a exportaciones energéticas de US$ 16.000 millones en 2026 y U$S 21.000 millones en 2027, con un potencial de hasta U$S 75.000 millones hacia 2035. En ese escenario, el sector pasaría a representar cerca del 7% del PIB.

Este crecimiento está respaldado por una cartera de proyectos que incluye desarrollos en petróleo, gas natural licuado y minería, muchos de ellos bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).

En total, los proyectos aprobados en energía y minería suman unos US$ 26.000 millones, mientras que otros U$S 53.000 millones se encuentran en evaluación. Para Criteria, esto confirma que el proceso de expansión ya está en marcha y no depende únicamente de supuestos optimistas.

Más allá del crecimiento sectorial, el informe subraya un cambio más profundo: la energía comienza a consolidarse como un proveedor estructural de divisas en una economía históricamente condicionada por la restricción externa.

En ese sentido, el sector no solo gana participación en el PIB, sino también relevancia financiera y estratégica, tanto en el mercado de capitales como en la generación de exportaciones. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar