El sector energético argentino transita un escenario de contrastes profundos, con señales positivas en el plano exportador y severas deficiencias en el abastecimiento local.
Así lo expresó el ingeniero Gerardo Rabinovich, vicepresidente del Instituto Argentino de la Energía "General Mosconi", quien advirtió que esta dinámica "a dos velocidades" genera incertidumbre y afecta negativamente la posibilidad de atraer inversiones de largo plazo.
Según Rabinovich, el país ha logrado revertir la balanza comercial energética gracias al crecimiento de la producción de petróleo y gas en Vaca Muerta, lo que alimenta expectativas favorables de cara a los próximos años.
Sin embargo, este impulso externo convive con problemas estructurales en la provisión interna, como los cortes de electricidad en los picos estivales y la falta de gas durante el invierno.
A su juicio, el sistema energético arrastra limitaciones físicas en toda la cadena de valor, desde la producción hasta la distribución, pasando por una infraestructura de transporte obsoleta y saturada. A esto se suma un esquema de precios alejados de condiciones de mercado, en particular en los segmentos regulados.
Aunque se ha avanzado en la eliminación de subsidios y el aumento de tarifas —en línea con los objetivos del gobierno nacional de bajar el déficit fiscal y controlar la inflación—, la caída del consumo eléctrico revela un problema de fondo. Según los datos citados por Rabinovich, en mayo de 2025 la demanda de electricidad cayó un 10,4 % respecto al año anterior, con un desplome del 18 % en el consumo residencial.
A pesar de este retroceso general, el sistema se enfrenta a picos de demanda cada vez más altos. En febrero pasado, por ejemplo, se alcanzó un récord de 30.257 MW, solo resuelto mediante la importación de 2.000 MW desde Brasil.
Con ese antecedente, el especialista anticipa que el verano 2025/2026 podría presentar cortes masivos, ya que no se han sumado nuevas centrales de generación ni hay proyectos en construcción que puedan aliviar la carga.
Por otra parte, cuestionó la falta de avances concretos en proyectos históricos, como la finalización de las represas sobre el río Santa Cruz, condicionadas a acuerdos poco claros con China, que ya han sido pospuestos en múltiples ocasiones.
En materia de energías renovables, si bien algunas empresas mantienen actividad, el crecimiento es lento y choca con un límite físico: la saturación del sistema de transmisión en Extra Alta Tensión (500 kV).
No se inauguran nuevas líneas desde hace más de diez años, y tampoco hay grandes obras en marcha. Las redes de media tensión (220 kV y 132 kV) también están desbordadas y anticuadas, situación que provocó cortes de suministro este verano en el NEA y el centro del país.

Más preocupación que certezas
Aunque el Gobierno ha vuelto a lanzar un plan de expansión de redes, Rabinovich subraya que el financiamiento es la gran incógnita. La intención oficial es que el sector privado invierta unos U$S 6.600 millones, pero el analista considera poco probable que ese objetivo se cumpla sin señales claras.
El estado de los gasoductos también genera preocupación. La red que conecta Vaca Muerta con Buenos Aires se detuvo en Saliqueló, y no está claro si se completará hasta San Jerónimo (Santa Fe). Mientras tanto, TGS impulsa una iniciativa para sumar compresión al actual Gasoducto Perito Moreno, lo que permitiría ampliar capacidad hacia el GBA y el Litoral.
Si bien se logró avanzar en la reversión del Gasoducto Norte, permitiendo abastecer con gas nacional al centro y NOA —antes provistos por Bolivia—, la capacidad para exportar a Brasil es limitada, lo que frena el desarrollo de proyectos de venta firme al exterior en el corto plazo.
En contraste con esta realidad interna, el upstream de petróleo y gas mantiene una dinámica positiva. A pesar de que se prevé una baja de actividad en Vaca Muerta durante el segundo semestre del año, se sostiene la meta de alcanzar 1 millón de barriles diarios, con foco en la exportación. Las operadoras privadas invierten en la expansión de oleoductos para evacuar crudo hacia la costa atlántica y de allí, al mercado global.
En este punto, Rabinovich recordó que Argentina es tomadora de precios internacionales: mientras estos se mantengan por encima de los 60 dólares por barril, la producción continuará a buen ritmo. Sin embargo, señaló que el alza de costos por parte de proveedores y la volatilidad global son dos amenazas latentes.
En el caso del gas natural, el gran proyecto de GNL impulsado por YPF ha perdido protagonismo. La petrolera estatal optó por sumarse con prudencia al desarrollo liderado por PAE y Golar, más austero y con mayor viabilidad en el corto plazo.
La posibilidad de consolidar un mercado exportador de gas dependerá, según Rabinovich, de lograr precios competitivos que también beneficien al consumo doméstico, como sucedió con el shale gas en EE.UU., donde el desarrollo exportador contribuyó a reducir tarifas internas y promover industrialización.
En síntesis, el especialista plantea un escenario dividido: el petróleo avanza con fuerza, mientras la electricidad y el gas para el consumo interno están en "punto muerto". Las principales operadoras ya están virando hacia yacimientos de líquidos en Vaca Muerta, pero sin un marco regulatorio sólido y con un mercado interno "a la deriva".