Región

América Latina produce más petróleo que nunca, pero sigue atada al gas de Estados Unidos

La región incrementó fuerte su producción de hidrocarburos en 2025, aunque mantiene una alta dependencia energética externa y profundiza su perfil exportador de materias primas.

América Latina produce cada vez más energía, pero todavía no logra convertir ese poder energético en autonomía económica.
América Latina produce cada vez más energía, pero todavía no logra convertir ese poder energético en autonomía económica. (Archivo)

América Latina atraviesa un nuevo boom petrolero, pero lejos de consolidar autonomía energética, el crecimiento de la producción convive con una dependencia cada vez más marcada del gas importado desde Estados Unidos y con un modelo centrado en exportar crudo sin industrialización.

El dato surge del informe  "Producción y comercio exterior de petróleo y gas natural en América Latina y el Caribe", elaborado por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), que muestra una región cada vez más relevante para el mercado energético global, aunque todavía atrapada en desequilibrios estructurales. 

Durante 2025, América Latina y el Caribe aportaron el 11% de la producción mundial de petróleo y cerca del 6% del gas natural, con Brasil, México, Argentina, Guyana, Venezuela, Colombia y Ecuador concentrando casi el 87% de toda la producción regional. 



El petróleo fue el gran motor del crecimiento energético regional. La producción aumentó 20% respecto de 2024, impulsada principalmente por Guyana —la nueva estrella petrolera de la región— y por Brasil, que consolidó su liderazgo como principal productor latinoamericano. 

Sin embargo, detrás de esos números récord aparece una realidad incómoda: casi la mitad del petróleo producido en América Latina se exporta y el grueso de esas ventas sigue saliendo de la región como materia prima, sin agregado de valor ni industrialización local.

China ya absorbe el 31% de las exportaciones petroleras latinoamericanas, seguida por Estados Unidos con el 18% y la Unión Europea con el 15%. El dato refleja el giro acelerado de la región hacia la demanda asiática y una creciente dependencia de los mercados externos para sostener ingresos y actividad. 



El escenario del gas natural deja todavía más expuestas las contradicciones regionales. Aunque la producción creció un 10% por ciento en 2025, América Latina continúa dependiendo fuertemente del abastecimiento externo, especialmente del gas estadounidense.

Según el informe, Estados Unidos representó el 59% de las importaciones regionales de gas natural, principalmente por los enormes flujos enviados hacia México. 

La situación expone una paradoja energética: mientras América Latina incrementa su producción de hidrocarburos y gana peso global como exportadora, buena parte de sus economías todavía no logra garantizar autoabastecimiento ni desarrollar infraestructura suficiente para integrar mercados regionales.



México aparece como uno de los casos más sensibles. A pesar de seguir siendo uno de los principales productores regionales de gas, depende crecientemente de los envíos estadounidenses para sostener generación eléctrica e industria.

barril petroleo
La expansión del petróleo y gas también reabre el debate sobre el verdadero rumbo de la transición energética latinoamericana.

En paralelo, Trinidad y Tobago mantiene un rol estratégico como proveedor regional de GNL, mientras Brasil empieza a ganar presencia exportadora con envíos hacia Turquía y otros mercados internacionales. 



La expansión del petróleo y gas también reabre el debate sobre el verdadero rumbo de la transición energética latinoamericana. Aunque la región sigue mostrando avances en energías renovables y electrificación, OLACDE reconoce que el petróleo y el gas continuarán ocupando un lugar dominante en la matriz energética durante las próximas décadas. 

Las proyecciones al 2050 indican que ambos hidrocarburos mantendrán participaciones cercanas al 26% dentro de la matriz primaria regional, mientras el gas natural seguirá siendo clave para sostener la generación eléctrica y respaldar la expansión renovable. 

En otras palabras, la región que promete acelerar la transición energética sigue dependiendo del petróleo y el gas para crecer, exportar y sostener sus sistemas eléctricos.



El problema es que ese crecimiento no necesariamente se traduce en desarrollo industrial o integración regional. La mayor parte de los países continúa exportando recursos naturales sin transformar, mientras importan combustibles, tecnología o insumos energéticos a precios más altos.

En ese escenario, Vaca Muerta emerge como una de las pocas excepciones capaces de modificar parte de esa lógica. El shale argentino no solo comienza a aumentar exportaciones de petróleo y gas, sino que también abre expectativas para desarrollar petroquímica, GNL y cadenas industriales vinculadas al agregado de valor energético.

Aun así, el panorama regional deja una advertencia clara: América Latina produce cada vez más energía, pero todavía no logra convertir ese poder energético en autonomía económica ni en una estrategia industrial de largo plazo.



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