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Varsavsky reveló por qué Argentina puede ser el gran ganador del caos mundial (y puso su propia plata)

Martín Varsavsky aseguró que Argentina puede ser uno de los grandes ganadores del nuevo escenario global por su energía, agro, litio y estabilidad geopolítica. La ironía: lo dice desde España.

Milei con Varsavsky y su mujer Nina en Olivos.
Milei con Varsavsky y su mujer Nina en Olivos. EE
17 marzo de 2026

En medio de una escalada bélica global, con Medio Oriente alterando la energía y los mercados, Martín Varsavsky asegura Argentina podría transformarse en uno de los grandes ganadores del nuevo mapa geopolítico.

La idea central de su columna es simple y potente. Según Varsavsky, Javier Milei no exagera cuando dice que al Banco Central "le van a salir los dólares por las orejas". Para el empresario, ese ingreso masivo de divisas no dependería solo de las reformas económicas, sino también de una combinación excepcional de geografía, recursos naturales y distancia respecto de los grandes focos de conflicto del planeta.

La clave de su argumento: Argentina ofrece lo que el mundo más necesita

En otras palabras, Varsavsky plantea que mientras buena parte del mundo se complica por guerras, bloqueos comerciales y crisis energéticas, la Argentina aparece como un proveedor confiable de lo que hoy más vale: petróleo, gas, alimentos, litio y capacidad para desarrollar infraestructura tecnológica intensiva en energía.



Su planteo no se limita a una sola industria. Lo que intenta mostrar es que la Argentina reúne varios activos estratégicos al mismo tiempo, algo que pocos países pueden exhibir en un contexto internacional cada vez más inestable.

Varsavsky vio algo que pocos ven: por qué Argentina puede llenarse de dólares en medio del caos global
Varsavsky vio algo que pocos ven: por qué Argentina puede llenarse de dólares en medio del caos global

Vaca Muerta, el corazón de la promesa

El primer gran pilar de su razonamiento es Vaca Muerta. Ahí ve una fuente concreta de dólares, sobre todo en un escenario de petróleo caro y tensión global. La formación neuquina gana atractivo porque puede exportar crudo sin depender de rutas marítimas calientes como el Estrecho de Ormuz o el Mar Rojo.



La conclusión de Varsavsky es que, en este contexto, cada barril argentino vale más no solo por su precio, sino por su seguridad de suministro. Es decir: no se trata solo de tener energía, sino de poder venderla desde un lugar relativamente alejado del conflicto.

Agro y minería: más dólares por exportaciones

Después amplía la mirada al agro. Sostiene que, si el conflicto global golpea la oferta de fertilizantes y complica la producción en otras regiones, la Argentina vuelve a quedar bien posicionada como proveedor de alimentos. A eso le suma la minería, con especial foco en el litio, pero también en cobre, oro, plata y uranio.

La lógica es la misma: en un mundo convulsionado, los países capaces de garantizar abastecimiento de bienes esenciales pasan a jugar en otra liga. Y ahí Varsavsky cree que la Argentina tiene una ventaja que todavía no se está valorando del todo.



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El giro más original: la Patagonia como base de data centers

Probablemente el punto más novedoso de su columna está en los data centers. Varsavsky cree que la inteligencia artificial va a demandar cada vez más energía, más estabilidad y más lugares seguros donde alojar infraestructura crítica.

Por eso imagina a la Patagonia como un activo estratégico: clima frío, energía abundante y una distancia considerable de los grandes escenarios bélicos. En su visión, la Argentina no solo puede exportar petróleo o litio: también podría vender seguridad energética y territorial para la nueva economía digital.



La ironía inevitable: el paraíso argentino contado desde Europa

Hasta ahí, la tesis cierra bastante bien dentro de su propia lógica. Si el mundo entra en una etapa más inestable, los países que puedan ofrecer recursos clave sin ruido geopolítico pasan a valer más. Y la Argentina, efectivamente, tiene varios de esos atributos.

Ahora bien, también hay algo de Varsavsky en estado puro en toda esta historia. Porque cuando describe a la Argentina como uno de los mejores refugios del planeta, casi como una especie de paraíso estratégico del siglo XXI, aparece inevitable una pregunta con una sonrisa de costado: si es tan claramente el mejor lugar del mundo, ¿por qué la oda la escribe desde España?

"Algún gran operador global va a querer tener capacidad de cómputo en un lugar donde no le puedan cortar la energía ni tirar un misil. Ese lugar es Argentina", dice.



Ese detalle no destruye su argumento, pero sí le agrega un matiz bastante argentino. Es el clásico entusiasmo por el país visto a distancia: mucho amor por el potencial local, aunque la convicción residencial siga en Europa.

Aún así, para matizar esa crítica, asegura que que el arriesga su propia plata en esta cruzada. "Yo no me quedé en la teoría: junto con cinco amigos, todos emprendedores de tecnología, compramos un campo de 32.000 hectáreas en Mendoza que se llama Wamani. No solo porque es uno de los paisajes más lindos del mundo, sino como posible refugio en caso de una tercera guerra mundial", dijo en su columna de Infobae.

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Más que una defensa de Milei, una apuesta geopolítica

El corazón del planteo merece atención. Varsavsky no está diciendo solamente que la Argentina tiene recursos. Está diciendo algo más ambicioso: que el desorden global puede funcionar como un acelerador inesperado para una economía que durante años convivió con su propio caos doméstico.

Donde antes había lejanía y marginalidad, él ahora ve una ventaja competitiva. Donde antes había aislamiento, hoy ve seguridad estratégica. En ese punto, su columna intenta cambiar el lente con el que se mira a la Argentina.

Una tesis exagerada, pero no delirante

La visión puede sonar exagerada. Y por momentos lo es. Pero tiene un mérito: obliga a mirar a la Argentina desde un ángulo menos resignado y más global. Varsavsky exagera, sí, como suele hacer. Pero exagera sobre una base real: pocos países combinan recursos energéticos, potencial minero, capacidad agroexportadora y relativa distancia de los grandes conflictos internacionales como la Argentina.



Por eso su columna se puede leer de dos maneras. Como un acto de fe en la promesa de Milei. O como una advertencia más pragmática: si el Gobierno logra ordenar mínimamente la macro, el mundo puede empezar a mirar a la Argentina con otros ojos.

El nuevo activo argentino: estar lejos del fuego

En resumen, Varsavsky dice que la lluvia de dólares puede llegar. No solo por Milei, ni solo por el ajuste, ni solo por Vaca Muerta. También por algo más brutal y menos ideológico: porque mientras otras regiones arden, la Argentina queda lejos del fuego. Y en el nuevo capitalismo del miedo, eso también cotiza.

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