Panorama

Vademécum tributario: qué realidad se esconde detrás de los 150 "tributos"

El informe del IARAF sobre la cantidad de impuestos, tasas y contribuciones no solo es bueno para mostrar el quantum sino también el problema que hay tras ese número

Luis Caputo
Luis Caputo Captura

El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) presentó el Vademécum tributario 2026, en el que aseguró que hoy existen en la Argentina 150 tipos de tributos en todos los niveles de Estado (es decir, Nación, provincia y municipios).

La novedad es que, a comparación de lo sucedido el año pasado, la entidad detectó 5 menos: el que recae sobre los vehículos automotores, objetos suntuarios, seguros, servicios de telefonía celular y embarcaciones de recreo o deportivas.

Todos estos "tributos" en realidad estaban dentro de uno solo, que es el Impuesto Interno. Recordemos que, con la Ley de Modernización Laboral, se introdujeron algunos cambios en el sistema tributario y, entre ellos, figuró justamente la eliminación de estos gravámenes.



Este dato nos deja una enseñanza importante: el número, que impresiona, en realidad no es la lista taxativa de impuestos que existe, sino, como bien dice el informe, se trata de un racconto de las bases imponibles de los distintos tipos de impuestos.

Así, como en el ejemplo, no es que existían 5 impuestos distintos que fueron eliminados, sino que quedaron fuera del Impuesto Interno 5 bases imponibles correspondientes a esos bienes o servicios.

El otro dato que también hay que tener en cuenta a la hora de ver este informe es que no todos abonan al mismo tiempo todos estos "tributos".  Y tiene lógica si consideramos que las bases imponibles a veces son para empresas y otras para personas.



El trabajo, no obstante, deja en evidencia dos cosas importantes: que casi todas las manifestaciones de capacidad contributiva están alcanzadas y, al mismo tiempo, que los criterios de selección varían mucho entre los tres niveles de Estado.

Pero hay más, según aseguró Alberto Mastandrea al ser consultado sobre el tema por El Economista. El socio de BDO analizó el informe y llegó a la conclusión de que el sistema tributario esconde una paradoja: máxima dispersión nominal, máxima concentración efectiva.

Los números clave

En primer lugar, el especialista realiza un repaso por uno de los datos que tiene el Vademécum 2026: el 86% de la recaudación total está concentrado en solo 6 tributos (que son IVA, Cargas Sociales, Ganancias, Ingresos Brutos, al Cheque y las tasas municipales).



"La consecuencia técnica es que la complejidad del sistema y su capacidad recaudatoria corren por andariveles separados", aseguró y explicó que "la primera depende de la cantidad de tributos existentes; la segunda, de un núcleo reducido". 

Y lanzó la primera advertencia: "Cualquier diagnóstico que no distinga ambos planos confunde el costo de cumplimiento con la estructura de financiamiento, y termina proponiendo reformas que operan sobre la variable equivocada".

No obstante, aporta otro aspecto que surge de ese análisis y es que, considerando una presión consolidada proyectada del 26,6% del PBI, casi el 50% de los impuestos corresponden a imposiciones directas y sobre transacciones.



En efecto, el Impuesto al Valor Agregado representa el 25%, mientras que Ingresos Brutos suma casi 15%, el Impuesto sobre Débitos y Créditos bancarios aproximadamente 6% y las tasas municipales de seguridad e higiene (TISH), 2,6%.

Sobre este punto, Mastandrea aseguró que "un sistema que financia casi la mitad de su recaudación con gravámenes que se incorporan al precio, sin atender la capacidad contributiva del sujeto que lo soporta, es estructuralmente regresivo en su incidencia".

El segundo eje de análisis -que según el socio de BDO Argentina es decisivo para el análisis empresarial- es la calidad de esos tributos, no sólo su peso.



Ingresos Brutos
Ingresos Brutos

"Ingresos Brutos y la TISH son plurifásicos y no neutrales: gravan cada etapa sobre base bruta, sin crédito por el impuesto soportado en la etapa anterior, lo que produce efecto cascada y piramidación", sostuvo.

Y razonó qué "el resultado es un componente tributario en el precio final que crece con la cantidad de eslabones de la cadena de valor -penaliza la integración vertical de mercado, premia la informalidad y distorsiona decisiones de localización y estructura societaria-".



"Débitos y Créditos agrega un sesgo adicional contra la bancarización, con un costo financiero que no es deducible en su totalidad contra otros tributos", añadió Mastandrea.

El especialista explicó que "son, en términos de teoría de la imposición, los gravámenes de peor calidad del sistema, y a la vez los de mayor rendimiento y menor costo de administración, lo que explica su persistencia pese al consenso técnico adverso".

"El punto estratégico es que estos dos ejes definen dos agendas de reforma que no son sustitutas ni intercambiables", remarcó. O sea, por un lado, estaría la eliminación de los impuestos que no tienen un peso significativo en la recaudación total y, por el otro, corregir la regresividad.



Una posible solución

Por este motivo es que Mastandrea considera importante entender que una reforma seria tiene que arrancar reconociendo algo simple: no hay un problema, sino dos. Y, además, es clave saber que cada uno necesita su propia solución.

"El primer problema es que el sistema es complicado: hay demasiados impuestos chicos que casi no recaudan pero hacen perder tiempo y plata en trámites", explicó y añadió: "La solución es ordenar y eliminar esos impuestos. Es la reforma fácil: barata, rápida y que queda bien cuando se anuncia".

"El segundo problema es que el sistema es injusto: se apoya demasiado en impuestos que se trasladan al precio y terminan pesando más sobre los que menos tienen", sostuvo el experto.



La solución, no obstante, es mucho más difícil desde su perspectiva, ya que hay que tocar los 6 impuestos grandes que sostienen casi toda la recaudación. "Es la reforma incómoda, porque cuesta plata y choca con las provincias, que viven de esos impuestos", resaltó.

"El error que se repite es creer que con resolver el primer problema -limpiar los impuestos chicos- ya está hecha la reforma. No es así. Eso ordena, pero no cambia el fondo: el sistema sigue siendo injusto", indicó.

Para el especialista es necesario secuenciar las reformas. "Primero, o en paralelo, la limpieza de los impuestos chicos, que es sencilla. Y después -o sobre todo- la difícil, la que de verdad cambia la estructura: la que se mete con los 6 impuestos grandes", explicó.



Y, para concluir, Mastandrea aseguró que "si solo se hace la fácil y se la presenta como 'la gran reforma', se gana el aplauso de la simplificación pero el problema de fondo queda intacto".
 

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