Desde este primer día hábil del año, el mercado cambiario argentino opera bajo un nuevo esquema de flotación administrada, que modifica la forma en que se ajustan los límites superior e inferior del dólar oficial. La medida marca el inicio de una etapa en la que el Banco Central busca acumular reservas y ordenar el frente externo, en un contexto de fuerte atención sobre las expectativas inflacionarias, la demanda de divisas y la reacción de los mercados financieros.
El principal cambio es que el techo y el piso de la banda cambiaria dejan de ajustarse a un ritmo fijo del 1% mensual. A partir de ahora, ambos límites se actualizarán cada mes en función del último dato de inflación informado por el INDEC, con un rezago de dos meses. De este modo, por ejemplo, el ajuste de enero se calcula según la inflación de noviembre. Este mecanismo introduce mayor flexibilidad, pero también incorpora la inflación pasada como referencia central del régimen.
En paralelo, el Banco Central puso en marcha un programa de compras de divisas para fortalecer las reservas, aun cuando el dólar no se acerque al piso de la banda. La intervención será gradual y limitada: podrá alcanzar hasta el 5% del volumen diario operado, actualmente unos US$ 400 millones, con el objetivo de evitar distorsiones abruptas en el mercado. Según proyecciones oficiales, la expansión monetaria se canalizará principalmente a través de estas compras, con una meta de acumulación de hasta US$ 10.000 millones hacia fines de 2026.
Para los analistas, el nuevo esquema apunta a corregir una de las principales debilidades del programa económico: la escasez de reservas internacionales. Además, redefine el posicionamiento en instrumentos en pesos, en especial los bonos ajustados por inflación (CER), que ganan atractivo en un escenario donde la desinflación podría ser más lenta. Desde el ámbito académico y financiero señalan que el régimen permite mayor margen de intervención oficial, aunque sigue siendo transitorio y mantiene restricciones que afectan la inversión de largo plazo.
No obstante, también aparecen dudas y riesgos asociados al funcionamiento del régimen. Entre ellos, la indexación de las bandas por inflación pasada, que puede generar tensiones en la formación de la curva de tasas y afectar la previsibilidad de las estrategias a tasa fija. En ese sentido, Emilio Botto, jefe de Estrategia de Mills Capital Group, advirtió en díalogo con Infobae, que "al atar las bandas a la inflación con un rezago de dos meses, lo que se provoca es un efecto de retroalimentación: ahora el tipo de cambio seguirá a la inflación y la inflación moverá la banda", lo que obliga al mercado a recalibrar expectativas y convalida tasas nominales más altas. En la misma línea, un informe de IERAL sostuvo que el esquema "introduce tensiones en la formación de tasas de interés y en la extensión de plazos a tasa fija" y remarcó que, al tratarse de un régimen transitorio, sigue condicionando la inversión y el crecimiento sostenido, especialmente mientras no se levante el cepo para personas jurídicas.


