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Reforma tributaria: comienza la discusión

La reforma se orienta a cambios graduales en los incentivos para la inversión, pero sin alivio fiscal efectivo en el corto plazo

Héctor Rubini Héctor Rubini 03-11-2017
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Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Cs. Económicas (USAL)

Pasan los días, y la “letra chica” del proyecto de reforma tributaria es ahora la incógnita a develar. El Ministro de Hacienda dio a conocer el martes los lineamientos básicos del proyecto de reforma tributaria, pero una evaluación completa requiere la lectura del texto que se remitirá al Congreso. Llamativamente, un matutino hizo referencia ayer a “borradores del proyecto”, lo que no fue desmentido oficialmente. ¿Hay más de uno? ¿Cuándo ingresa al Congreso de la Nación? ¿O está todavía en elaboración? Hay que esperar.

Como lo señalara ayer el profesor Juan Llach en La Nación, sigue sin solución aparente el listado de problemas de nuestro sistema tributario: a) excesiva presión impositiva; b) alta evasión, c) impuestos predominantemente indirectos, distorsivos, con sesgo anticompetitivo (antiinversión, y en buena medida antiempleo), y d) estructura tributaria poco equitativa. La propuesta de Hacienda apunta hacia los puntos c) y d) dado que no reduce la presión tributaria en el corto plazo ni se han anunciado cambios sustanciales con relación al combate a la evasión impositiva.

La reforma parece orientarse hacia cambios graduales en los incentivos para la inversión productiva en el largo plazo, pero sin alivio fiscal efectivo en el corto plazo. Recién dentro de cinco años, según el ministro de Hacienda, se reduciría la presión tributaria en apenas 1,5 puntos del PIB de entonces. En la transición, los cambios en los incentivos a la inversión, el empleo y la producción provendrían de instrumentos no tributarios y la reforma debería ser coherente con los mismos. Evaluar su impacto exige, sí o sí, conocer el texto completo de la propuesta. Caso contrario la percepción de incertidumbre, y hasta de confusión, va a ir in crescendo, junto con la catarata de críticas vía redes sociales que no va a cesar, al menos por varios días.

Pasan los días, y la “letra chica” del proyecto de reforma tributaria es ahora la incógnita a develar. El Ministro de Hacienda dio a conocer el martes los lineamientos básicos del proyecto de reforma tributaria, pero una evaluación completa requiere la lectura del texto que se remitirá al Congreso

Según Hacienda, se siguieron ejemplos recientes como los de Uruguay y Chile. Uruguay aprobó una reforma tributaria en diciembre de 2006. Chile lo hizo en septiembre de 2014, a lo que siguió una simplificación tributaria de enero de 2016. En ambos países se requirió opinión a la sociedad, junto al debate parlamentario, pero en un período acotado: poco más de nueve meses en Uruguay y sólo cinco meses en Chile. No parece que el acuerdo se vaya a lograr en tan poco tiempo en nuestro país.

Los aspectos más aceptados son la reducción de la carga tributaria sobre el factor trabajo, el aumento de la deducción especial de Impuesto a las Ganancias para trabajadores autónomos, los mecanismos de alivio fiscal en IVA y Ganancias para incentivar la inversión real y al empleo de las empresas, la eliminación del Impuesto a la Transferencia de Inmuebles (ITI) y la reducción de la carga tributaria efectiva sobre el precio de los combustibles. Además, se tomará el Impuesto al Cheque a cuenta de Ganancias en porcentajes progresivos, pero no sería derogado.

Las críticas se focalizan en la no reducción inmediata de la presión fiscal, la creación de un impuesto a la venta de un segundo inmueble, la extensión a personas físicas del impuesto a las Ganancias sobre la renta de todo activo financiero, y la fuerte suba de impuestos internos sobre algunos productos específicos junto a la baja de otros.

La reforma parece orientarse hacia cambios graduales en los incentivos para la inversión productiva en el largo plazo, pero sin alivio fiscal efectivo en el corto plazo. Recién dentro de cinco años, según el ministro de Hacienda, se reduciría la presión tributaria en apenas 1,5 puntos del PIB de entonces

Además, la falta de detalles sobre la efectiva implementación sobre nuevos montos punibles del régimen penal tributario, entre otros, ha generado cierta incertidumbre, y la esperable irritación de sectores y economías regionales que se verán perjudicados. En particular, varias de las preguntas que nos planteábamos hace algunos días siguen sin respuesta.

¿Qué se ofrecerá a las provincias para que acepten reducir las alícuotas en Ingresos Brutos o eliminar el Impuesto de Sellos?

¿Se aplicará alguna vez una política de gasto público más austera y eficiente, y con un comportamiento anticíclico?

¿Incluirá cambios institucionales para desalentar y combatir con mayor eficacia la evasión impositiva?

Por otro lado, la información suministrada no permite cuantificar, al menos de manera preliminar, el impacto de la propuesta de reforma tributaria sobre la sustentabilidad de las finanzas de Gobierno Nacional y de los provinciales. Algo básico para que los inversores recalculen la futura capacidad de repago de los bonos de deuda interna y externa. Y también para que los gobiernos de cada provincia evalúen cuál sería la reducción admisible en los Impuestos a Sellos y a Ingresos Brutos sin desestabilizar la capacidad de financiar sus gastos primarios y los vencimientos de sus deudas.

Las críticas se focalizan en la no reducción inmediata de la presión fiscal, la creación de un impuesto a la venta de un segundo inmueble, la extensión a personas físicas del impuesto a las Ganancias sobre la renta de todo activo financiero, y la fuerte suba de impuestos internos sobre algunos productos específicos junto a la baja de otros

Es de esperar que el Poder Ejecutivo remita sin más demoras el proyecto de ley de reforma tributaria al Congreso. Caso contrario, no va a desaparecer cierta percepción de que es una reforma “con sabor a poco”, parafraseando al profesor Juan Carlos de Pablo. Especialmente para los que esperaban una contundente propuesta de baja de la presión tributaria, y algún anuncio de baja de algún ítem del gasto público.

En consecuencia, el Gobierno probablemente tendrá que enfrentar mayor resistencia que la esperada para este proyecto de reforma, y no pocas complicaciones para lograr su aprobación parlamentaria en el transcurso de año próximo.

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