El proyecto que ingresará al Congreso replica punto por punto la reforma de Temer de 2017, cuya promesa de crear 6 millones de empleos terminó en fracaso documentado. Mientras tanto, la contrarreforma española de 2021 redujo la temporalidad a la mitad y batió récords de contratación formal.
Dos modelos, resultados opuestos: la evidencia que el Gobierno omite
Mientras Patricia Bullrich negocia votos en el Senado para aprobar los artículos de la "modernización laboral", existe abundante evidencia internacional sobre reformas similares. Argentina enfrenta una encrucijada con antecedentes documentados: el modelo brasileño de 2017 y el español de 2021 representan caminos antagónicos con resultados verificables.
La pregunta que ningún funcionario responde: ¿por qué replicar una fórmula que fracasó en el país vecino cuando existe una alternativa exitosa en Europa?

Brasil 2017: la promesa de 6 millones de empleos que nunca llegaron
La reforma laboral de Michel Temer entró en vigencia en noviembre de 2017 con una promesa concreta: generar seis millones de puestos de trabajo. El primer mes arrojó pérdida neta de 12.292 empleos, poniendo fin a siete meses consecutivos de creación de vacantes.
Según datos del IBGE citados por Brasil de Fato, cinco años después los resultados fueron devastadores:
- Aumento de informalidad en lugar de formalización prometida
- Estancamiento de ingresos reales de los trabajadores
- Concentración del ingreso hacia sectores empresariales
- Reducción del poder de negociación sindical
El propio ministro de Trabajo de Temer, Mário Magalhães, renunció semanas después de conocerse los primeros datos negativos. La reforma fue judicializada con 11 acciones de inconstitucionalidad ante el Supremo Tribunal Federal.
Paralelismo inquietante: el capítulo IV del DNU 70/23 de Milei —suspendido por la Justicia argentina— reproduce casi textualmente artículos de la ley brasileña. Dirigentes sindicales como Federico Giuliani (CTA) denuncian que el proyecto fue "escrito en escritorios de estudios de abogados de corporaciones".
España 2021: la contrarreforma que funcionó
En diciembre de 2021, el gobierno de Pedro Sánchez implementó una reforma con orientación exactamente opuesta. En lugar de flexibilizar, priorizó la estabilidad laboral y fortaleció la negociación colectiva sectorial.
Los resultados tras un año de vigencia, según el Ministerio de Trabajo español:
- Temporalidad sector privado: cayó del 27% al 13,7% (récord histórico)
- Contratos indefinidos: aumentaron 4,5 millones respecto a 2019
- Rotación laboral: reducción de 2,2 millones de contratos de menos de 7 días
- Empleo femenino: diferencial con Europa se redujo a la mitad
La vicepresidenta Yolanda Díaz sintetizó: "Hemos conseguido en un año lo que no se logró en 37 años de cinco reformas flexibilizadoras". El FMI, la OCDE y el Banco de España validaron los resultados positivos.
La diferencia conceptual es abismal: mientras Temer y Milei apuestan a que abaratar el despido genera contrataciones, España demostró que estabilizar el empleo existente y penalizar la precariedad produce mejores resultados agregados.
El contexto argentino: 43,2% de informalidad como punto de partida
Según el INDEC, la informalidad laboral alcanzó el 43,2% en el segundo trimestre de 2025, 1,6 puntos más que el año anterior. Este dato contradice la narrativa oficial que presenta la reforma como solución al trabajo no registrado.
Contradicción estructural: ¿cómo puede una reforma que facilita despidos y reduce protecciones incentivar la formalización cuando el problema de fondo es el costo fiscal y la evasión previsional?
Los puntos más resistidos del borrador de 182 artículos:
- Fondo de cese laboral reemplazando indemnizaciones tradicionales
- Jornadas de hasta 12 horas mediante banco de horas
- Indemnizaciones en 12 cuotas (licuación inflacionaria garantizada)
- Fin de la ultraactividad de convenios colectivos
- Salarios "dinámicos" vinculados a productividad individual
La encuesta Atlas Intel/Bloomberg de noviembre registró que el 69% de los argentinos evalúa negativamente el mercado laboral actual. La preocupación por el desempleo creció 7 puntos en un solo mes, ubicándose como segundo problema nacional.
Visión productiva: flexibilizar no equivale a crear empleo
La evidencia comparada sugiere que las reformas flexibilizadoras no generan empleo por sí mismas. La creación de puestos de trabajo depende del crecimiento económico, la inversión productiva y la demanda agregada.
Patricia Pelatieri, subdirectora del DIEESE brasileño, lo expresó claramente: "No hay manera de generar empleo sin crecimiento. Y no cualquier crecimiento genera empleos de calidad".
El error conceptual del modelo argentino:
- Confunde costo laboral con barrera a la contratación
- Ignora que la informalidad responde principalmente a presión tributaria y controles deficientes
- Asume que reducir derechos atrae inversiones, cuando la evidencia muestra lo contrario
- Omite que España creó más empleo fortaleciendo protecciones
La CGT propuso un régimen diferenciado para menores de 30 años como alternativa gradualista. Sectores del Gobierno escucharon la propuesta pero el texto final mantiene la orientación flexibilizadora generalizada.
El riesgo de repetir errores documentados
El primer informe post-reforma en Brasil mostró destrucción de empleo. La promesa de "6 millones de puestos" quedó en el olvido. Cinco años después, Lula ganó las elecciones comprometiéndose a revisar la legislación.
Argentina tiene la ventaja de conocer estos resultados antes de implementar. La pregunta es si el Gobierno elegirá ignorarlos.
Los datos disponibles configuran una advertencia clara: replicar el modelo Temer en un contexto de consumo deprimido, informalidad récord y expectativas negativas sobre el empleo no parece una apuesta basada en evidencia sino en preferencias ideológicas.
El debate parlamentario de las próximas semanas definirá si Argentina aprende de la experiencia internacional o repite errores que otros países ya pagaron.