Tensión

Petróleo a US$ 110 y récord de exportaciones: ¿por qué Vaca Muerta genera dólares pero no empleo ni desarrollo?

Argentina logra exportaciones energéticas récord con el petróleo arriba de US$ 110, pero pierde 300.000 empleos formales: la paradoja que expone el modelo económico.
Petróleo récord, empleo en crisis: la paradoja clave
Gustavo Reija 01-05-2026
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Mientras el petróleo Brent supera los US$ 110 por barril por el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz y Argentina celebra un récord histórico de exportaciones energéticas, el mercado laboral argentino acumula 300.000 empleos formales menos que en noviembre de 2023. Los datos oficiales configuran una paradoja que debería estar en el centro del debate económico este 1° de mayo: el país produce más petróleo que nunca, exporta más energía que nunca, y genera menos empleo formal que en cualquier momento de los últimos tres años.

No es una contradicción aparente. Es el resultado predecible de un modelo que confunde extracción de recursos con desarrollo económico.

La bonanza que no llega al empleo

Los números de la bonanza energética son impactantes. Según datos del Indec, en el primer trimestre de 2026 las exportaciones energéticas totalizaron US$ 2.837 millones. Las importaciones del sector cayeron 35,7%, hasta US$ 432 millones. En marzo, el superávit energético alcanzó US$ 1.090 millones: la mayor marca para un mes individual desde que se tiene registro. La producción de shale oil de YPF alcanzó 196.000 barriles diarios en el cuarto trimestre de 2025, un salto del 42% interanual. El oleoducto VMOS, una inversión de US$ 3.000 millones que conectará Vaca Muerta con el Atlántico en Punta Colorada, completó su última soldadura automática y despachará 180.000 barriles diarios desde fines de 2026, escalando a 550.000 en 2027. YPF proyecta exportaciones energéticas por US$ 14.000 millones el próximo año.

Son cifras extraordinarias. Pero hay otras cifras que el relato oficial prefiere no cruzar con las anteriores.

Según el SIPA, el empleo en minería y petróleo se encuentra casi 10% por debajo de los niveles de hace dos años, pese al boom productivo. Son 8.071 puestos de trabajo formales menos. La intermediación financiera, otro sector de alto crecimiento de actividad, tocó mínimos de empleo desde 2011. El empleo industrial cayó 3,2% interanual en enero de 2026. En total, el empleo asalariado privado registrado acumula 300.000 puestos menos desde noviembre de 2023. La tasa de desocupación cerró 2025 en 7,5%, con 1,64 millones de personas sin trabajo, y Invecq proyecta que se mantendrá en ese nivel durante todo 2026.

La ecuación es simple: el barril sube, las divisas entran, pero el empleo no se crea. No es una anomalía cíclica. Es la arquitectura misma del modelo.

El espejismo del derrame

El argumento clásico sostiene que las divisas petroleras eventualmente se derraman hacia el resto de la economía. Los datos disponibles sugieren exactamente lo contrario.

Con el dólar oficial a $1.415 y el blue a $1.400 (brecha negativa del 1%), el BCRA compra dólares en el mercado pero pierde reservas por pagos de deuda: solo el miércoles 30 de abril perdió US$ 728 millones netos por compra de DEGs para pagar intereses al FMI. El carry trade que sostuvo la apreciación cambiaria durante meses comienza a mostrar rendimientos decrecientes: las tasas de plazo fijo bajaron a 20,6% anual mientras la inflación acumulada del primer trimestre alcanzó 9,4%. El salario real, con base 100 en noviembre de 2023, se ubicaba en apenas 103 puntos en febrero de 2026. Tres puntos de mejora real en 27 meses de gobierno.

La consultora Analytica proyecta crecimiento del PIB inferior al 3% para 2026 porque ni el financiamiento ni el ingreso disponible permiten una recuperación sostenida del consumo. En el panel de ExpoEFI, Marina Dal Poggetto advirtió sin rodeos que "la economía de a pie va a estar bastante afectada", mientras Andrés Borenstein de BTG Pactual sintetizó: "Nadie espere un boom, salvo en los sectores que todos sabemos".

Los sectores que todos saben son precisamente los que menos empleo generan por unidad de producto.

El invierno que viene: GNL, inflación y el costo de no tener gasoductos

La guerra en Medio Oriente introduce un factor adicional que pocos análisis integran: Argentina necesita importar Gas Natural Licuado durante el invierno para cubrir la demanda residencial. Con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado (el tráfico marítimo se redujo 95% desde marzo) y el GNL entre los commodities más golpeados por las restricciones, el costo de importación de gas invernal se disparará en los próximos meses.

La paradoja es brutal: el mismo país que bate récords de exportación de petróleo pagará sobreprecios por gas importado porque no terminó de construir la infraestructura de transporte necesaria para autoabastecerse durante el pico de demanda invernal. Vaca Muerta produce gas en abundancia, pero los gasoductos para llevarlo al centro de consumo operan al límite de su capacidad.

El IPC de marzo fue 3,4%, llevando la inflación acumulada del año a 9,4%, y el Gobierno ya anticipó que el dato de abril reflejará el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre los precios de la energía. El REM del BCRA corrigió al alza la inflación proyectada para 2026: de 22,4% a 26,1% en apenas un mes. Caputo prometió que a mediados de 2026 la inflación desaparecería. Los precios minoristas viajan al 3% mensual.

La pregunta estructural: ¿para qué sirve el petróleo si no se industrializa?

Argentina exporta crudo y reimporta derivados. Produce petróleo pero no tiene refinería nueva desde hace décadas. Extrae gas pero no procesa petroquímicos suficientes para abastecer su propia industria. El patrón es idéntico al que describió Raúl Prebisch hace setenta años: exportar materias primas de bajo valor agregado e importar productos elaborados, en un intercambio donde el deterioro de los términos de intercambio es cuestión de tiempo.

La diferencia es que hoy el precio del barril está arriba de US$ 110 y la Argentina no tiene una sola planta petroquímica nueva en construcción bajo el RIGI. Las ocho inversiones del RIGI vinculadas al sector energético son todas de extracción y transporte. Ninguna agrega valor. Ninguna transforma el crudo en plásticos, fertilizantes, caucho sintético o combustibles refinados que el país importa por miles de millones de dólares anuales.

El VMOS es una obra de infraestructura extraordinaria. Pero un oleoducto que evacúa crudo hacia el exterior sin procesamiento local no es industrialización. Es logística extractiva de clase mundial al servicio de refinerías ajenas.

1° de mayo: radiografía de una clase trabajadora excluida del modelo

Los datos del Indec para el cuarto trimestre de 2025 configuran un panorama que debería avergonzar a cualquier gestión que se pretenda exitosa: 1,64 millones de desocupados. 5,8 millones de trabajadores informales (43% del total). 30% de la PEA en situación de presión laboral. El cuentapropismo en máximo histórico (3,34 millones). Los patrones cayeron 6,8% (-32.808 empleadores menos). La informalidad entre jóvenes menores de 29 años alcanza el 58,4%.

La Encuesta de Expectativas de Empleo de ManpowerGroup para el primer trimestre de 2026 arroja una expectativa neta de contratación de +10% para Argentina, la más baja de toda América. Brasil registra +57%. Guatemala +28%. Estados Unidos +27%. Argentina, con petróleo arriba de US$ 110, exportaciones energéticas récord y el PIB creciendo, tiene la peor perspectiva de contratación del continente.

El CETyD de la UNSAM ofrece el diagnóstico más preciso: el desacople entre actividad económica y generación de empleo no es circunstancial sino estructural, propio de un modelo apoyado en sectores de baja capacidad de absorción laboral que simultáneamente desestructura el tejido industrial.

Lo que hace falta

La agenda ausente tiene nombre: integración productiva vertical del sector energético. Significa invertir en refinación, petroquímica, producción de fertilizantes, manufactura de equipamiento para la propia industria petrolera, capacitación técnica masiva y encadenamientos productivos con las economías regionales.

Noruega construyó un fondo soberano y una industria de servicios petroleros de clase mundial. Arabia Saudita está invirtiendo US$ 500.000 millones en diversificación industrial con Visión 2030. Canadá desarrolló un ecosistema de innovación tecnológica alrededor de las arenas bituminosas de Alberta.

Argentina exporta crudo, importa combustible refinado y festeja el superávit comercial energético como si fuera un logro de política industrial, cuando es exactamente lo contrario: la confesión de que no existe una.

El petróleo a US$ 110 es una oportunidad histórica. Pero sin una estrategia de industrialización que transforme recursos naturales en empleo, valor agregado y complejidad productiva, la bonanza energética será recordada como otra oportunidad desperdiciada en la larga historia de oportunidades desperdiciadas de la Argentina.

Los dólares del petróleo entran. El empleo sigue saliendo. Y el 1° de mayo de 2026 encuentra a la clase trabajadora argentina más precarizada, más informal y más excluida del modelo económico que la clase dirigente celebra. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar