Panorama

No apto para libertarios: los mandriles dicen que el auto hace ruido

El modelo de Milei empieza a sentir algunas tensiones. Algunas son responsabilidad propia, otras de la oposición y otras del amigo del norte (con amigos así....).
El modelo de Milei empieza a sentir algunas tensiones. Algunas son responsabilidad propia, otras de la oposición y otras del "amigo" del norte. EE
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Si crees que el Gobierno de Javier Milei es el mejor de la historia de la humanidad y que estamos viajando quinta a fondo hacia el desarrollo y a ser el país más libre del mundo, y además pensás que las personas que ponen algún reparo o cuestionan eso son kukas, mandriles, ensobrados o ladrones (o todo junto, y algunas cosas más), esta nota no es para vos.

Si seguís acá, te cuento que hay una serie de analistas dicendo que el Gobierno de Milei está, desde el prisma de la gobernabilidad (que puede resumirse en capacidad para imponer la agenda y lograr avanzarla), en su peor momento desde 2023. No hablan de crisis, pero dan cuenta, eso sí, de que se van acumulando problemas y frentes de batalla. "El Gobierno choca contra su techo operativo", dice Carlos Pagni. En parte, eso tiene que ver con la economía. Dice Andrés Malamud que cuando la economía no enamora tanto, aparecen los defectos. Es como la cara sin maquillaje de la mañana siguiente. A la vez, esa disatisfacción política retroalimenta la economía.

El modelo económico de Milei empieza a sentir algunas tensiones. Algunas son responsabilidad propia, otras de la oposición y otras del amigo del norte (con amigos así....).

Miguel Kiguel dice que el segundo semestre arrancó picante para el Gobierno. 

En el plano económico, dice el cerebro de Econviews, hay muchos desafíos. 

Estas frases (en bastardillas) forman parte de la última editorial del reconocido consultor:

En primer lugar, el tipo de cambio vuelve al ruedo y se va acomodando en niveles más altos, en parte porque se termina la cosecha gruesa y el incentivo a liquidar por la baja de retenciones, y en parte por el ruido electoral. 

En segundo lugar, porque la recuperación de la actividad empieza a mostrar señales de fatiga. 

Y, en tercer lugar, porque la desinflación viene encontrando más resistencia. 

A ese combo se sumó el fallo adverso de la justicia en Nueva York por la expropiación de YPF, y más recientemente la sesión del Senado, en la que se aprobaron varios proyectos que comprometen la estabilidad fiscal. 

En particular, se avaló un aumento en jubilaciones y pensiones, la prórroga de la moratoria previsional y la declaración de emergencia en la atención de personas con discapacidad. Una vez más quedó en evidencia la fragilidad política del oficialismo y la irresponsabilidad de una oposición que encontró un hueco para golpear en vísperas de las elecciones. Tal vez haya algo de revancha frente al estilo confrontativo del Gobierno, poco dado al diálogo. 

Pero también hay motivaciones más terrenales: la ansiedad de muchos gobernadores por fondos para obra pública, y las tensiones propias del cierre de listas. En ese contexto, aprobar leyes que ponen en jaque el equilibrio fiscal es una forma de presionar al gobierno y tratar de ponerlo contra las cuerdas. 

El tema de la obra pública no es algo menor. El gasto nacional en ese rubro sigue planchadísimo y el gobierno insiste con la idea dogmática de que todo lo resolverá el sector privado. Pero la realidad es que los privados pueden interesarse por ciertos proyectos donde ven rentabilidad, y no por otros. Ahí el Gobierno pone el carro delante del caballo, más aún cuando las inversiones todavía no llegan. 

Miguel Kiguel

En el fondo, lo que está en juego es la sostenibilidad fiscal. Hasta ahora, el ajuste (meritorio en términos de resultados) se logró con una buena dosis de licuadora y algo de motosierra. Pero a mediano plazo es difícil imaginar que rubros como las jubilaciones o la obra pública no vuelvan a crecer. Para que eso no desestabilice las cuentas, deberían crecer los ingresos atados al crecimiento y darse reformas estructurales que impulsen el empleo formal. Hoy estamos en esa transición: difícil, frágil, llena de obstáculos. 

La película sigue con el veto presidencial a las leyes aprobadas, y con la oposición intentando voltear el veto. Para evitarlo, el Gobierno necesita que no se le junten los dos tercios en el Congreso, lo que requiere cintura política y algún puente con los bloques más dialoguistas. 

Todo este ruido se refleja en el riesgo país, que no logra perforar el piso de los 700 puntos. Mientras otros emergentes comparables comprimieron spreads por casi 200 puntos en los últimos dos meses, Argentina se quedó estancada. Los inversores no sólo esperan que las elecciones despejen el riesgo político, también necesitan señales más claras sobre cómo sigue esta etapa del programa económico, que se presenta más áspera. 

De todos modos, las encuestas muestran que el Gobierno conserva un buen nivel de apoyo y podría obtener un resultado favorable en las urnas. Esa sigue siendo su principal carta. Pero todavía queda tiempo y el escenario se embarra cada vez más. La necesidad de mayor pragmatismo político y económico será clave para sostener la estabilidad y recuperar la confianza. 

LLA, pero sola

Desde LCG hablan de "la visibilidad, contundente, de una mayor fragilidad política" y dice que "el Gobierno parece estar perdiendo el acompañamiento de un sector dialoguista". 

El oficialismo viene apostando, con algunas excepciones (como la alianza en Buenos Aires con el PRO, nada menos), a una configuración de "sangre pura". El último ejemplo fue la decisión de jugar en soledad la elección en Corrientes, con un frente propio para enfrentar al de Gustavo Valdés, gobernador de esa provincia. La mesa estaba servida para un acuerdo y LLA dijo "no, soy alérgico a la casta". A veces.

"La sensación que se recibe en general (ciudadanía, inversores internos y externos, etc) es la de un Gobierno que se muestra en un estado de mayor soledad que el año pasado. Esa aparente soledad podría estar atada únicamente a los métodos empleados para continuar una agenda reformista", dice LCG. De hecho, el Gobierno festeja que están todos en contra suyo. Así lo leen ellos. 

Esto dijo Luis Caputo tras la sesión del Congreso. "El periodismo tradicional habla de la 'derrota' de ayer con frases como: 'Duro revés para el gobierno', 'Golpe autoinflingido', 'torpeza política', etc. Permítanme disentir y decir que lo de ayer, es lo mejor que pudo haber pasado. La casta política NO VA A CAMBIAR nunca. Son los mismos que vetaron a los jubilados el 82% móvil, que les robaron sus ahorros al llevarse las AFJPs, y que en el 2023 les bajaron las jubilaciones 30%! Con este gobierno, que evitó el infierno hiperinflacionario que nos habían plantado, las jubilaciones ya recuperaron un 15 por ciento, y seguirán mejorando, ya que no nos desviaremos nunca del rumbo. La táctica de la oposición es siempre la misma: cuando no están gobernando, van a hacer lo imposible por destruir al país, porque es su única posibilidad de volver a manejar lo que para ellos es el negocio de la política. Lo que necesita el país es que cada vez más gente se dé cuenta. Votaciones como la de ayer, son pruebas contundentes que confirman esto". 

Caputo: "La casta política NO VA A CAMBIAR nunca".

El enfrentamiento también incluye a ciertos sectores del agro (decepcionados con la marcha atrás con las retenciones) y con el principal conglomerado mediático del país. El viernes, Milei se refirió a Clarín como "una basura inmunda".

"La exposición de estas dos fragilidades (económica y política), coincidentes, abrió la pregunta, cada vez más fluida en conversaciones privadas, de si no se está en un contexto similar a la de comienzos de 2018, en donde el desequilibrio externo también fue ninguneado, y el gobierno de Macri, de algún modo envalentonado, también descuidó el apoyo de sectores hasta ese momento dialoguistas. Como aquella experiencia terminó mal (digámoslo sin eufemismos: con el regreso del kirchnerismo, abanderado del descuido de la macro y microeconomía), hoy son cada vez más los que dudan en cómo descontar un flujo futuro de fondos y eso genera nuevas inquietudes que pueden afectar decisiones de consumo e inversión", dicen desde LCG. 

En política hay que tener enemigos, pero acumular demasiados o sumarlos sin tanto criterio no suele ser aconsejable en contextos donde algunas variables lucen débiles.

De todas maneras, desde LCG aclaran que esto "no significa que la sociedad esté dejando de acompañar, mayoritariamente, las iniciativas del gobierno".

"La actividad económica, luego de la recuperación de abril, sigue mostrando indicadores mixtos para mayo y junio. Y apareció la novedad de mayores dificultades de repago de deuda bancaria por parte de las familias. Sabiendo que el crédito al consumo fue importante como driver del mismo (hubo meses con crecimientos del 10% mensual en estos préstamos), aparece un nuevo elemento que puede poner paños fríos a la actividad, en tanto que el repago de las deudas obligará a un mayor ahorro familiar", añade Econviews.

Y, por último, si bien Milei es lo nuevo de lo nuevo y "esta vez es distinto" porque esto nunca pasó antes, es curioso, concluye LCG, que merodean dos problemas tan antiguos como el tango. 

"Así, de a poco, Argentina vuelve a enfrentar desafíos que son de carácter estructural: su dificultad de encontrar acuerdos políticos amplios y duraderos, y su dificultad para generar divisas suficientes para permitir el crecimiento", dicen.

El Gobierno entró en una nueva etapa, muy importante para lo que vendrá en el bienio 2025-2027, con activos a su favor (el apoyo social es, sin dudas, el más importante de ese poroteo), con una economía que acompaña (un poco menos ahora), con algunos posibles casos de corrupción tomando envión nuevamente y con un diálogo golpeado con los gobernadores y otros espacios. Un desafío más que interesante para un Gobierno que, hasta ahora, fue mucho más pragmático que lo que todos pensaban.

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