Menos dolarización y más inversión productiva
Entre los economistas proclives al plan del gobierno, más allá de críticas que tienen que son más de matiz que de esencia, cunde el optimismo de que el modelo estaría dando resultados.
En lo que va del 2026, la balanza de pagos se estabilizó, el Banco Central compra dólares, siguen caminando los proyectos de energía y minería y bajó el riesgo país. Visto de esta manera, no hay dudas que hay luz al final del túnel.
Sin embargo, sería conveniente echar un poco de luz dentro del túnel para ver si llegamos al final del túnel.
La Argentina sufre un estancamiento económico secular. No crece en el largo plazo. A períodos de crecimiento, le siguieron otros de caída y estancamiento. Se creció mucho en la década del '60 gracias a la inversión extranjera en industria pesada y de consumo durable, luego vino el porrazo en las décadas del '70 y '80. Se creció mucho en la década del '90, luego vino el porrazo de finales de dicha década y principios de los 2000. De nuevo, se creció mucho entre el 2004 y 2012, luego vino el estancamiento del PBI en el nivel del 2012 hasta hoy. Un optimista diría: "Bueno, por lo menos no hubo porrazo". No le faltaría razón.
¿Por qué Argentina sufre estancamiento secular?
El estancamiento secular se explica por la muy baja tasa de inversión que históricamente sufre la economía argentina. Los datos a mano se remontan a 1993. Entre 1993 – 1998, que fue el período de crecimiento de la década del '90, la tasa de inversión nunca superó el 20% del PBI y el promedio fue de 19% del PBI. Entre 2004 – 2012, que fue el otro período de crecimiento, la tasa de inversión nunca pasó del 20% del PBI y el promedio fue 17% del PBI. En el período 2013 – 2025 la tasa de inversión promedio fue de 16%. Cada vez menos inversión.
Para tener una idea de magnitud, cuando Chile creció mucho tuvo una tasa de inversión del 25% y los asiáticos que crecen clavan tasas de inversión por arriba del 30% anual del PBI sostenidas por décadas.
Si Argentina no eleva por lo menos a 25% del PBI su tasa de inversión, y por varios años, no saldrá de su decadencia secular.
¿Por qué la Argentina tiene tan baja tasa de inversión?
Porque los argentinos no colocan sus ahorros en proyecto de inversión productiva. Los colocan en el dólar.
De esta forma, el ahorro pasa a ser un esfuerzo que en lugar de destinarse a sostener la inversión productiva para el crecimiento económico se inmoviliza debajo del colchón, en cajas de ahorro en dólares o directamente se va del país.
La larga y alta propensión de los argentinos a ahorrar en dólares es producto de la sistemática violación de contratos.
La inflación es una violación del contrato que es la moneda entre el Estado y sus ciudadanos. Cuando el Estado reprograma deuda pública viola otro contrato. Cuando el Estado aplica regulaciones arbitrarias para beneficiar a algunos sectores en perjuicios de otros viola el contrato social entre los ciudadanos. Cuando la justicia es lerda y burocrática se viola el contrato de la seguridad jurídica que establece la Constitución.
Ante tantas violaciones, la compra de dólares para sacarlos del circuito formal es la defensa más segura para los ahorros. El fenómeno es transversal a toda la sociedad. Porque se dolariza Doña Rosa y los coloca debajo del colchón y se dolariza el empresario y los coloca en el exterior; luego, hace lobby para que haya financiamiento subsidiado por el Estado para promover la inversión productiva (los dólares del él no los pone ni loco).
¿Cómo se sale del laberinto de la dolarización?
Recuperar la confianza demanda perseverancia en sostener el equilibrio fiscal y mejorar la calidad institucional. La gente tiene que convencerse que no será nuevamente estafada vía inflación y arbitrariedades legales. Para ello, en el corto plazo es imprescindible institucionalizar el régimen bi-monetario. Esto es darle curso legal al dólar, permitir contratos en dólares y eliminar las restricciones al movimiento de capitales.
Otro paso trascendental es regular la independencia del Banco Central para que no vuelva a ser capturado por intereses personales y/o políticos. En su diseño debería aplicarse con dureza el código penal al funcionario del Banco Central que autorice prestarle al Tesoro o establezca controles sobre el acceso al mercado de cambios para que la gente no tenga que andar previniéndose por adelantado sospechando que se viene un nuevo cepo.
Va a ser difícil para la Argentina recuperar una confianza que perdió hace más de un siglo. Además, la recuperación de la confianza es lenta y dificultosa. Pero es el único camino al crecimiento económico.
El crecimiento no está en la luz al final del túnel. Está prendiendo la luz en el medio del túnel. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar