Las victorias sí dependen de la cantidad de soldados

Milei necesitar volver a las bases y que las fuerzas del suelo lo acompañen

Lo que ni US$ 40.000 millones pudieron arreglar: la señal que sigue sin aparecer.

Javier Milei, en Ushuaia
Javier Milei, en Ushuaia EE

La calma aparente de la economía argentina es apenas un espejismo. A falta de un acreedor de última instancia, hay dos y ahora parece que "los viejos meados" huelen bien.

Según Econviews, el país atraviesa una etapa de turbulencia prolongada, en la que el equilibrio fiscal convive con una marcada fragilidad monetaria y política.

La inflación sigue bajo control y nadie duda de que el superávit se mantendrá, pero los focos de tensión se multiplican: un tipo de cambio tensionado, un mercado interno estancado, tasas de interés que rozan lo absurdo y un riesgo país que se mantiene en niveles incompatibles con cualquier plan de desarrollo.



En el centro de la escena está un Banco Central sin control efectivo sobre las tasas ni sobre las expectativas y un Tesoro que, pese al apoyo de Washington, no logra estabilizar el frente cambiario.

El rescate de Estados Unidos perdió efecto

El apoyo norteamericano —que incluyó intervenciones directas en el mercado de bonos en pesos y la promesa de un paquete de hasta US$ 40.000 millones— parecía destinado a traer calma.

No lo logró.



Ni la contundencia de los anuncios ni la inédita participación del Tesoro estadounidense consiguieron frenar la desconfianza. Los más agoreros hablan de un "Vietnam financiero" para el tío Scott. Exageran, pero es cierto que a Milei le está costando mucho hacer goles y que después de EEUU ya no hay nada. ¿El Banco de Israel hace swaps?

El mercado, como tantas veces, olió la debilidad: no teme a la falta de apoyo, sino al mal uso de ese apoyo.

La pregunta que sobrevuela los despachos es una sola: qué pasará después del 26-O si los resultados políticos no acompañan. 



El Gobierno -más allá de que diga que siempre considera todos los escenarios y está preparado para todo- no está listo para eso y habrá que ver qué pasa con la política si el Tío Sam entra en serio a Argentina. Hasta ahora, hubo muchos tuits, pocas operaciones en el mercadi y no se firmó nada. Eso puede cambiar si el domingo es un mal día y el Congreso entrará en escena.

Política sin control y el costo de haber perdido la agenda

La derrota en Buenos Aires golpeó al Gobierno más en lo simbólico que en lo numérico. Hasta entonces, todos creían que -más allá del ajuste- Milei era popular. No era tan popular y, además, el piso del peronismo, con las memorias inflacionarias aún frescasm demostró ser muy alto.

Después, entraron el resto de las balubis



Si en 2023, LLA, de la mano de Carlos Kikuchi, metió en las listas lo que había disponible en la marginalidad -cuando las presentaron, meses antes de las PASO, nadie creía que Milei ganaría-, 2025 era una oportunidad para hacer un upgrade en los recursos humanos. Otra oportunidad perdida.

En Diputados, casi cualquier escenario deja a La Libertad Avanza y al PRO por encima del umbral de los 86 legisladores desde el 10 de diciembre, suficiente para mantener poder de veto.

Sin embargo, eso solo demuestra capacidad de atajar pelotazos, y no volumen para lograr hacer avanzar iniciativas. Habrá espacio y voluntad para consensuar -sobre todo, si la agenda es bajar impuestos-, pero todo tendrá costos e insumirá tiempo. 



Los números finales del 26-O determinarán los ánimos y los incentivos. Un peronismo envalentonado con una elección arriba de 35 puntos a nivel nacional no será algo fácil de digerir ni administrar.

De la estabilización al crecimiento: el punto de inflexión

Después del 27 de octubre, el desafío será pasar de la estabilización al crecimiento. La baja de la inflación ya fue facturada por los argentinos. Ahora quieren otra cosa. Algo que no es tan fácil de que llegue. 

Esa transición exige mucho más que orden fiscal: requiere reformas estructurales, un esquema cambiario creíble y la capacidad de acumular reservas para reducir el riesgo país. 



¿Con este tipo de cambio nominal, sin cepo y con una temporada de verano donde habrá más autos en la ruta 14 que en la ruta 2?

Econviews sostiene que, sin un tipo de cambio más flexible y una política monetaria coherente, la estabilidad actual será insostenible.

La negación del problema —advertencia directa del informe— solo alimenta la desconfianza.



El retorno del pragmatismo político

En la política, sin embargo, algo cambió.

En las últimas semanas aparecieron señales de diálogo que pocos esperaban: algunos kirchneristas colaboraron para dilatar leyes conflictivas, y el vínculo entre Milei y Mauricio Macri entró en una fase de reacercamiento funcional.

Se espera que el mago del Kremlin -Santiago Caputo- avance casilleros en el Gabinete. Y que Karina Milei deje de lado algunas funciones. "Será lo que tendría que haber sido desde el Día 1: primera dama", dice un libertario, enojado con los errores cometidos en 2025. 



Ese pragmatismo, más que ideología, puede ser la llave para una nueva etapa.

Pero exige algo más que gestos: requiere reconstruir la base legislativa que hizo posible la aprobación de la Ley Bases. "Sacamos la Ley Bases con 142 votos", recuerdan en Casa Rosada, casi nostálgicos, sobre aquellos buenos tiempos.

Entre las fuerzas del cielo y las del suelo

El Gobierno llegará a las elecciones con un respaldo internacional inédito y con la expectativa de un Congreso más violeta. Aun con una mala elección, será más violeta. 



Pero ese capital —político y financiero— será inútil si se gasta en ganar tiempo.

Milei suele invocar el apoyo de las "fuerzas del cielo" y desdeñar "la cantidad de soldados".

Hoy, sin embargo, necesita también que lo acompañen las "fuerzas del suelo" y tener muchos más soldados: los aliados legislativos, los gobernadores y, sobre todo, la sociedad que le dio su voto.



Volver a las bases y apelar a las fuerzas del suelo ya no es solo una metáfora espiritual. Es, quizás, la única manera de volver a gobernar y mantener viva la expectativa de que Milei puede ganar en 2027.

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